MotoGP | Gran Premio de Valencia Brillante despedida de Lorenzo

El balear gana en Valencia con uno de sus característicos monólogos de principio a fin, por delante de Márquez y de Iannone, para decir adiós a Yamaha

Jorge Lorenzo, en el Gran Premio de Valencia
Jorge Lorenzo, en el Gran Premio de Valencia - AFP

Era el día de las despedidas y los abrazos. Jorge Lorenzo con Yamaha, Maverick Viñales con Suzuki... Pero también era el domingo para disfrutar. Lo hicieron los pilotos, con una pelea constante desde la primera curva del reducido circuito de Cheste. Pero sobre todo, disfrutó Jorge Lorenzo. Pulverizó la sesión de clasificación el sábado y en la carrera volvió a lucirse. En un monólogo típico del mallorquín, consquistó su victoria 44 en MotoGP por delante de un Marc Márquez que lo atosigó en el último tramo, y de Andrea Iannone.

Perseguía un dulce adiós de Yamaha. De la fábrica que le dio la oportunidad de debutar en el Mundial de MotoGP en 2008. De los mecánicos que siempre intentaron darle la moto más rápida. De los jefes, como Lin Jarvis, que lo llevó siempre de la mano. No quiso acordarse de aquel muro en el garaje que lo separaba de su compañero Valentino Rossi, tampoco demasiado de esa defensa a ultranza del italiano cuando este lanzó la acusación del acuerdo español para quitarle el título. Ni de este año irregular en el que las caídas, la inestabilidad de los neumáticos y la poca confianza sobre el agua enturbiaron una lucha por el título que se perdió ya hace mucho. Lorenzo quería brillar por última vez de azul. Y lo hizo.

Salió desde la primera posición de la parrilla con ganas de hacerlo bien. Y tan bien lo hizo que enseguida dejó atrás a todos los demás, incluido un Andrea Iannone que intentó molestarlo en las primeras curvas. A partir del primer paso por la línea de meta encontró la velocidad, el tempo, el ritmo y las sensaciones óptimas para dejar clavado al pelotón. Necesitaba esta victoria. Para su palmarés, su ya casi exequipo y su propio orgullo. No ganaba desde el Gran Premio de Italia. Un alivio en el adiós.

Por detrás se enredaron Rossi, Iannone, Dovizioso, Márquez y Viñales. También Pedrosa hasta que se fue al suelo. Si las Ducati adelantaban en las rectas, el italiano de Yamaha encontraba adelantamientos en cada curva. Márquez, campeón del mundo, quería volver a sentir los laureles del podio después de una caída en Australia y un undécimo puesto en Malasia. Presionó bien a Rossi hasta que lo superó a falta de 12 vueltas y retó a Iannone en varias ocasiones, hasta que pudo por fin despegarse de su rueda.

Cuando lo consiguió, puso a Lorenzo en su punto de mira. El balear, tranquilo desde la primera vuelta, se mostró constante y seguro, marcando tiempos de victoria. De las 43 victorias de su carrera, 23 han sido desde el semáforo. No encontró ninguno de los problemas que han mermado su curso. Pero Márquez parecía que se jugaba el Mundial y metió presión hasta la última vuelta. De una diferencia de 4'5 segundos, fue recortando a 3'9, 3'6, 3'3, 2'7, 2'3 a falta de tres vueltas. Después del espectáculo del principio, la carrera encontraba un nuevo aliciente para levantar a las gradas del asiento.

Pero necesitaba tanto este triunfo Lorenzo que mantuvo la cabeza fría para aguantar las dos últimas vueltas a pesar de que comenzó a escuchar la Honda que lo atosigaba. Desde el semáforo, con otra salida extraordinaria, el balear cruzó primero bajo la bandera. Vuelta de honor para celebrar su victoria 44, y para firmar una dulce despedida después de nueve años en Yamaha. Comienza una nueva época para él, pero con un último salto vestido de azul.

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