Valencia

Prandelli, el amor antes que el fútbol

El nuevo técnico del Valencia llegó a dejar los banquillos para cuidar a su mujer, que murió en 2007 por un cáncer de mama

Prandelli, el amor antes que el fútbol

Era una tarde de domingo de 1975, en Orzinouvi, localidad de solo 12.000 habitantes perteneciente a la provincia de Brescia. Cesare Prandelli y un compañero regresaban de un partido con el Cremonese, de la serie B, y decidieron ir a tomar una taza de chocolate a una de las cafeterías de los soportales de la piazza Vittorio Emanuel. Frente a su mesa, una joven y bella «ragazza» de solo quince años, llamada Manuela Caffi. Prandelli lo tuvo claro desde el primer cruce de miradas: «Fue amor a primera vista».

Al día siguiente, Cesare se las apañó para descubrir el colegio donde estudiaba ella y decidió ir a recogerla. Sería el primer día de tres décadas de inquebrantable amor: «En 30 años nos peleamos una sola vez y fue por una raqueta de tenis. Jamás podría haberle sido infiel. Jamás podré sentir por nadie lo mismo», detallaba en una entrevista en «La Repubblica» en 2008 Prandelli, que llegó a Valencia para asumir los mandos de un equipo que no acaba de despegar en los últimos tiempos.

Prandelli y Caffi se casaron en 1982, tras siete años de noviazgo, y tuvieron dos hijos, Niccoló y Carolina. En lo deportivo, Cesare, tras cuatro temporadas discretas en el Cremonese y una en el Atalanta, jugó seis años en la Juventus (1979-1985), donde logró tres Scudettos, una Copa de Europa, una Recopa, una Supercopa de Europa y una Intercontinental. Puso fin a su carrera regresando al Atalanta, club en el que se retiró con 32 años por sus dolores de rodilla.

Prandelli colgó las botas mucho antes de lo que hubiera deseado, pero pronto se animó a probar la experiencia en los banquillos. Mientras tanto, Manuela se encargaba de hacer de Niccoló y Carolina dos personas de provecho: «Mis hijos son como son gracias a Manuela. Les dio la mejor educación posible, sostuvo a la familia con inteligencia y amor impagable. A ella no le gustaba todo lo que rodeaba al fútbol. Consideraba que era un mundo arrogante y sin valores, y lo único que me pidió fue mantener a nuestro hijos lejos de él. Me enseñó lo que de verdad tenía importancia».

Carrera como entrenador

En 1993, empezó su carrera en los banquillos: Atalanta y Lecce fueron sus dos primeros equipos, aunque sin demasiado éxito. Después, tomó vuelo en el Hellas Verona y el Venezia. A ambos los ascendió a la Serie A, pero en la ciudad de los canales la vida se les comenzó a torcer. A Manuela le detectaron un bulto en el pecho. Era cáncer de mama, aunque no tenía pronóstico grave. Fue intervenida y no tardó demasiado en recuperarse. De hecho, la familia continuó con la rutina de su vida, y entre 2002 y 2004 Prandelli entrenó al Parma con gran éxito. Un buen papel que le condujo a su primer banquillo de élite, el de la Roma, pero nunca llegó a sentarse allí.

Ese verano de 2004, su mujer sufrió una grave recaída de la enfermedad. Tenía metástasis y le esperaba un duro proceso de quimioterapia. Prandelli no lo dudo: «Renuncié a mi cargo para estar junto a mi mujer. Iba a recibir un tratamiento muy invasivo y ella quería estar en casa, en Orzinouvi. Muchos no lo entendieron pero yo lo vi como algo normal. Creo que hay diferentes tipos de amor: el de una mujer, el de unos hijos y el de unos amigos. Y en ese tiempo descubrí que mucha gente tiene miedo al amor, miedo de experimentar el amor. El fútbol sí enamora, pero a mí, solo me enamoró ella. Era mi prioridad».

Tras el tratamiento, recibido en París, la esperanza regresó a casa. Los médicos le comunicaron a Prandelli que todo había ido genial y que su mujer había experimentado una gran mejoría. Por eso, en 2005 firmó con la Fiorentina, pero en 2006 se descubrió que la enfermedad seguía en el cuerpo de Manuela y que, incluso, le había afectado al hígado. Ya no había solución: «Fue el principio del fin», recuerda Cesare.

El 26 de noviembre de 2007, Manuela falleció. Lo hizo rodeada de sus dos hijos y del amor de su vida, Cesare Prandelli, que pasó a ser seleccionador italiano de 2010 a 2014 y luego estuvo en el Galatasaray. Ahora, con 59 años, a este técnico con buen gusto por la pelota le llega el agitado tren del Valencia.

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