España-Liechtenstein Diego Costa se enciende

El delantero de la selección por fin despega con dos goles ante Liechtenstein y el cariño de la gente del Reino de León

Diego Costa persigue el balón en el duelo ante Liechtenstein - AFP

En el horno de León, asfixiante el día y la noche con el mercurio disparado más allá de los treinta grados, España se limitó a hacer bien su trabajo sin mayores exigencias en el primer kilómetro de este viaje hacia Rusia, lleno de trampas en adelante y con un doble viaje en octubre que le llevará a Italia y a Albania. Liechtenstein, y más siendo la cita en casa, invitaba a pensar en un empacho de goles, fundamentales porque luego se tendrán en cuenta si hay empates y esas cosas. Y al final fueron ocho en una velada que sirvió para españolizar a Diego Costa, por fin animado con un acierto que maquilla mínimanente sus cifras. No son una maravilla, pero ya se habla en plural, ya tiene la parejita.

Costa, visto lo visto, es el delantero de la selección cuando no está Álvaro Morata en condiciones óptimas, suplente por aquel golpe que se llevó de Bruselas. La opción B ofrece a Costa la posibilidad de reengancharse a este equipo después de cientos de concesiones sin correspondencia y ahora se le intuye una mejoría que anima a Julen Lopetegui y a su gente. Hay delantero ahí, y encima ya marca.

Lo cierto es que jugó mejor en Bruselas, pero a los atacantes se les examina por los dígitos, siendo seguramente la vara de medir más objetiva. Hasta ayer, Costa llevaba once partidos con un solo tanto y ahora es una internacionalidad más con otras dos dianas, celebradas con entusiasmo en el Reino de León porque todo el mundo quiere que despegue. A los nueve minutos, saltó al cielo y cazó un balón para abrir el melón. Gol y piña en torno al «19» de España, olé por Costa. La asistencia, por cierto, fue de Koke, rescatando la receta de aquellos años mozos de ambos en el Atlético. Cuando eran rojiblancos, el centrocampista le dio quince pases con final feliz.

Llegó pronto y la gente se emocionó imaginando una noche de abundancia, desbravado el entusiasmo con el pesado y lento consumo de los minutos. Se pasó al bostezo y al toque en horizontal sin demasiadas opciones de sumar, celebrado el descanso y la música discotequera. Hasta entonces, Costa hizo lo de siempre, un futbolista de pelea, aunque hay días en los que parece hasta suave. Le arreó un trastazo Polverino y Costa reclamó explicaciones desde el suelo sin encenderse, incluso conciliador cuando el enemigo le pedía disculpas y le daba un abrazo. Él es el primero que pega, así que entiende de ese fútbol.

El intermedio sentó de maravilla a todos menos a los muchachos de Liechtenstein, que al regresar se llevaron el esperado chaparrón. Fueron cayendo los tantos de Sergi Roberto, de Silva (luego cerraría la cuenta y supera a Butragueño con 28) y de Vitolo. Y entre abrazo y abrazo, llegó el doblete de Costa, que le pidió la pelota a Silva, recortó en el área, chutó con la uña y se aprovechó del rechazo del portero Jehle para cazar el balón con la cabeza. El campo puesto en pie para despedirle y darle el testigo a Morata. Aleluya, Costa ya despega.

Después de la ducha, y antes de subirse al AVE de regreso a Madrid, Costa fue el más reclamado en la zona mixta. Se le recordó el exceso verbal de Bruslas, cuando dijo lo de las críticas por no ser ni del Barça, ni del Madrid ni español natural, y dio sus explicaciones en una especie de disculpas o algo parecido por la salida de tono. «Quizá se ha sacado demasiado de quicio el tema y se ha malinterpretado porque no creo que fuera para tanto, simplemente fue un calentón que expresaba una sensación en ese momento, pero que no buscaba nada más».

Se ha liberado, tranquilo por el trabajo bien hecho. Pero Costa es el primero que exige más. «Lo que más me dolía era que no estaba jugando bien, porque si uno está participando en algún momento iban a salir las cosas. Me estaba adaptando mejor con la selección y sabía que el gol iba a llegar», señaló.

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