Fútbol

Descubridores de oro

La labor de las secretarías técnicas ha adquirido un papel fundamental en la construcción de equipos con escasos recursos económicos

Descubridores de oro

En tiempos como los que corren, en los que los fichajes a golpe de dispendios exagerados copan las portadas de las principales rotativas deportivas, poco tiempo queda para reflexionar acerca de los protagonistas de los mismos. A menudo el espacio para este inexistente periodo de recapacitación, en el que podría estudiarse el porqué de tamañas inversiones, es ocupado con celeridad por cábalas que versan sobre posibles nuevos fichajes. Falta pausa para deparar en una de las figuras del momento en el panorama futbolístico europeo. Un agente que acompaña, cada vez con mayor asiduidad, a los clubes que desean ascender un escalón tanto en lo deportivo como en lo institucional: los directores deportivos.

El caso de Ramón Rodríguez Verdejo «Monchi» en el Sevilla resulta paradigmático. El de San Fernando ha transformado por completo a la entidad hispalense: de estar en Segunda, a tiranizar la Europa League (ha ganado las tres últimas ediciones, además de las de las temporadas 05-06 y 06-07). De fichar a Dani Alves por medio millón de euros, a venderlo por 35 más, sin dejar nunca de ganar. Y así con Baptista, Bacca, Rakitic, Krychowiak, Gameiro, y un largo etcétera. Sus proezas se caracterizan por reconstruir equipos ultracompetitivos perdiendo, año tras año, a las piezas más importantes del último proyecto.

A menor escala, pero con similar trascendencia para su club, está el caso de Fran Garagarza en el Eibar. El de Mutriku llegó a la secretaría técnica del club vasco hace un lustro, cuando estaba en Segunda B. Hoy, el Eibar compite en la Primera División española como uno más, sin ningún complejo. Para Garagarza, la clave de todo está «en las personas», en dejar claro que «el grupo está por encima de lo individual». Así lo contaba en una entrevista a Superdeporte, en la que relata como aspectos aparentemente nimios como las novias de los futbolistas terminan resultando básicos para contratar a nuevos jugadores. El Eibar, uno de los pocos equipos en la Liga con las cuentas saneadas, ha construido sus últimas plantillas con cesiones y jugadores a coste bajo provenientes, en su mayoría, de segundas divisiones. Gonzalo Escalante, que llegó con 22 años de la categoría de plata italiana y terminó siendo imprescindible en el mediocampo, es solo un ejemplo.

Lejos de las fronteras españolas, pero con el mismo acento castellano, trabaja Víctor Orta, el director deportivo del Middlesbrough, recién ascendido a la Premier League inglesa. El club inglés lo fichó después de que estuviera en el Elche, donde ejercía el mismo cargo tras haber pasado por el Zenit y aprendido junto a Monchi en el Sevilla. Cogió al equipo en Championship (segunda) y, junto a Karanka («creí que se iría a un equipo de Champions League», dijo de Orta cuando lo fichó el Boro), lo acaba de devolver a la máxima categoría del fútbol inglés. Orta ha orquestado la secretaría técnica del Boro recurriendo a gente de confianza, como el gallego Juanjo Vila —recién llegado al club— o el periodista Gaby Ruiz —que firmó la pasada campaña—.

También en la Premier League resuenan con fuerza los nombres de N'Golo Kanté, Riyad Mahrez y Jamie Vardy. Los tres fueron avistados y reclutados por Steve Walsh, el hasta hace unas semanas director de la secretaría técnica del último campeón de la Premier League, el Leicester. El ojeador inglés comenzó combinando su trabajo como profesor de educación física con colaboraciones con el Chelsea. Hace solo una década que comenzó a dedicarse exclusivamente a la búsqueda de talentos futbolísticos. Primero en el Chelsea, luego en el Newcastle, hasta este año en el Leicester y, a partir de la próxima campaña, en el Everton. Su trabajo fue la base del éxito de los «foxes». Suyos son, además de los tres ya mencionados, los fichajes de piezas clave del sistema de Ranieri como Drinkwater, Huth o Albrighton.

Solo unos pocos pueden comprar a Neymar, Bale o Pogba. El resto debe fiar sus opciones al buen hacer de estos profesionales, cuya importancia crece de manera imparable. Su labor, a menudo tan ensombrecida y falta de reconocimiento, es la única vía por la que los clubes cuyos recursos no alcanzan a competir con los transatlánticos del fútbol europeo pueden optar para tratar de romper la hegemonía que acostumbran a imponer en sus respectivos feudos.

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