Tom Brady, quarterback de los Patriots
Tom Brady, quarterback de los Patriots - REUTERS

Super Bowl 2018Brady para el reloj de la NFL

El «quarterback» de los Patriots bate todos los récords al meterse con 40 años en su octava Super Bowl ante los Eagles

Nueva YorkActualizado:

Antes de que comenzara la fase final de la NFL, la liga de fútbol americano, Tom Brady anunció una serie documental sobre su vida que se emitirá a través de Facebook. A sus cuarenta años, y tras 18 temporadas en la liga, el nombre del proyecto lo dice todo: «Tom contra el tiempo». En el anticipo del primer episodio se escuchan en la voz del quarterback de los New England Patriots las habituales (y algo sonrojantes) frases de superación deportiva -«si compites contra mí, prepárate para entregar tu vida, porque yo estoy dando la mía»- pero también una realidad que tiene al aficionado estupefacto: «En el campo siento que lo estoy haciendo mejor que nunca, entonces, ¿por qué parar?».

El crítico taurino Vicente Zabala escribió en estas páginas que Curro Romero «paró el reloj» una tarde de toros de 1973 en Granada. Brady ha detenido el de la NFL. En primer lugar, el reloj biológico. Nadie en la historia del deporte ha jugado a este nivel a los 40 años. El Brett Favre de la temporada 2009 rindió a gran nivel y Warren Moon todavía le supera en pases de «touchdown» con los 40 años superados. Pero su relevancia en el juego y sus éxitos son incomparables. Este domingo, lideró a su equipo en la final de conferencia frente a los Jacksonville Jaguars. El triunfo supone un billete para la Super Bowl, la octava que Brady disputará en su carrera y la tercera de las cuatro últimas temporadas. Después de una carrera llena de éxitos, el postre está siendo lo mejor de la cena.

Pero Brady, además, ha parado otro reloj, el del marcador. El «quarterback» ha acostumbrado a los seguidores de los Patriots a remontadas imposibles en el último cuarto. Cuando el tiempo -o su escasez- parece un factor imposible de superar, Brady lo domina, lo exprime, lo estira a su antojo. En esa «zona Brady», donde un error mínimo supone decir adiós al partido, es cuando el mejor jugador de la historia -aunque le pese a la legión «antipatriot»- ofrece su genio.

Fe en sí mismo

En esos momentos se le ve sereno, aparenta una fe ciega en sí mismo. Y su brazo responde, sin temblar, pase tras pase, con la decisión siempre adecuada. El ejemplo más espectacular fue el de la Super Bowl del año pasado: los Atlanta Falcons disfrutaban de una ventaja de 25 puntos en el tercer cuarto, un muro insalvable en fútbol americano. Brady lo torpedeó en una actuación de leyenda. Este domingo, su equipo arrancaba el último cuarto con una desventaja de diez puntos. Lo hacía además, sin sus dos jugadores más decisivos fuera de la posición de mariscal de campo: Julian Edelman, lesionado toda la temporada, y Rob Gronkowski, que tuvo que abandonar el campo al comienzo del partido por una conmoción cerebral en un choque. Brady además llevaba la mano derecha vendada después de un extraño corte en un entrenamiento, cerrado con doce puntos de sutura, y que elevó la mística del momento. Lo lógico hubiera sido despedirse de la Super Bowl. No para los Patriots. Con la dirección de Brady y una actuación decisiva del recibidor Manny Amendola, anotaron catorce puntos y controlaron el intento de reacción de los Jaguars.

Amigo de Trump

Brady y sus Patriots jugarán la Super Bowl el 4 de febrero frente a otro clásico del fútbol americano, los Philadelphia Eagles, que arrollaron a los Minnesota Vikings en su final de conferencia (38-7). Una derrota del equipo de Boston no empañaría el brillante desempeño del cuarentón Brady, que apunta a favorito para llevarse el MVP de esta temporada. Pero si gana, habrá que recurrir al diccionario de sinónimos para calificar su carrera. Los enemigos tendrán una razón más para odiarle. Brady es el «chico de oro» de América, de sonrisa angulosa de anuncio, casado con una supermodelo -la brasileña Gisele Bündchen-, que no se mete en líos y que ha trabajado una imagen de padre ideal de familia. Pero también es el villano acusado de desinflar los balones para tener mejor agarre -lo que le costó una suspensión de cuatro partidos-, el jugador franquicia del equipo más detestado en EE.UU., protegido de los árbitros y amigo de Donald Trump. En un principio pidió el voto para el multimillonario neoyorquino, con quien se ha hartado de jugar a golf. Ante la avalancha de críticas, trató de cuidar su nombre y dijo que no se metía en política. En dos semanas, dará más razones para quererle y para odiarle.