Skeleton Ander Mirambell: «No cambiaría España por nada»

Si se nacionalizara en otro país, el campeón de la Copa América viviría de un deporte que aquí solo tiene tres licencias

Ander Mirambell
Ander Mirambell - EFE
LAURA MARTA - Actualizado: Guardado en:

Acaba de aterrizar en Vancouver. En la maleta, su segunda victoria en la Copa América. Un éxito inesperado incluso para él, a pesar de la carga de trabajo que ya arrastra desde agosto, cuando le dieron el alta tras la operación de ligamentos en su rodilla derecha. «Septiembre y octubre trabajé como un animal en el CAR de Sant Cugat con Bernat Buscá, mi preparador, y vine a Calgary a meter tres sesiones al día: pilotaje, gimnasio y trabajo de empuje en la pista. El objetivo era coger volumen y velocidad y estar listo para la Copa del Mundo de enero. Esto era inimaginable», explica Ander Mirambell a ABC.

Otro éxito histórico para el skeleton español, como todos los pasos que ha dado este soñador de pico y pala que quería ir a unos Juegos Olímpicos. «Lo probé, vi lo difícil que era llegar a la meta, y sobre todo ganar una carrera. Con una habría sido el hombre más feliz del mundo, imagina con siete en 2016», prosigue. Pero Mirambell se cree muy bien lo que hace. Debutó en Vancouver 2010, aprendió en Sochi 2014 y apunta más alto en Pyeongchang 2018. Para eso superó los obstáculos de un deporte inexistente en sus comienzos, y una difícil rehabilitación desde marzo. «Lo más duro es la soledad. Te entran dudas, no sabes si cumplirás los plazos, quieres estar antes de que te toca, y yo soy muy mal paciente, siempre apretando a los fisios. Es agotador. Iba muy al límite, pero nunca tuve miedo a recaer, sabía que lo estábamos haciendo bien».

Salto de calidad

Tan bien como para liderar las bajadas en Calgary. «Ni hecho de película. En los entrenamientos luchaba, pero en la carrera salía un Ander que volaba, una evolución psicológica que me ha aportado ese salto de calidad». Y que lo impulsó al podio, aunque allí un incidente con el himno le robara parte del protagonismo. «Sonó el de Riego. Se disculparon y buscaron una solución para la segunda vez. Más allá de la anécdota, lo que menos me gusta es la falta de profesionalidad. No puedes coger un CD y que salga lo que sea, no. Lo escuchas, si tienes duda preguntas y te aseguras», indica Mirambell.

Con errores en el himno incluidos, esta es la parte bonita de la Copa América, pero esconde una más oscura. En lo alto del podio: Mirambell, solo. «Comparto entrenador con Bélgica y Nueva Zelanda, no podemos pagar su salario para tenerlo en exclusiva. Y él tenía otra planificación. Así que vine solo». Es la pelea por hacer más grande su deporte, tan difícil como hacer una bajada perfecta. «Solo con un entrenador en exclusiva daría calidad. Es como si el ingeniero de Ferrari también lo fuera de McLaren. Todos saben lo que hace en otros equipos, no hay evolución ni mejora». Defiende que no hace falta emigrar para ser mejor, solo ser eficiente con las inversiones. «Gran Bretaña no tiene pista de skeleton y gana medalla en casi todos los Juegos. Ellos conocen el camino. Pasaron de tener nada, como yo, a un presupuesto de dos millones de euros. Tenemos que aspirar a un proyecto como ese». Y también a subir el número de licencias. Hoy, España cuenta con tres. «No creo que haya otro deporte que siendo tan, tan, tan minoritario consiga estos resultados», sonríe ante la adversidad.

De ella, de la falta de recursos, Mirambell ha logrado también sus mejores éxitos. Los que lo llevaron a implantar ralladores de queso en sus primeras zapatillas. «Ahora hemos creado las zapatillas más ligeras del mercado. Quería competir contra Adidas con una empresa española y con Múnich nos fuimos al laboratorio hasta que lo logramos. De la necesidad, virtud».

Porque del skeleton no puede vivir. Lo sustenta su trabajo en LaLiga, y lo que ahorra se destina al deporte. Como en sus inicios y ese coche que nunca llegó a comprarse porque invirtió los ahorros en su primera temporada. No piensa en todo lo que lleva gastado. «Está muy bien invertido», zanja. Fue su reto personal y es su alegría del presente. «Me impulsa la ilusión, pero también los amigos, la familia, que te dan una colleja o un abrazo o te hacen un flan como Dios manda. En la mochila llevo a muchas personas». Como lleva los colores del Español, su club de toda la vida. «Tengo 33 años y llevo 31 como socio, imagina el honor».

Ya piensa en su nueva bajada, pero sobre todo en sentirse orgulloso de lo que hace. «Represento a un país, a mucha gente. Es una responsabilidad, tengo que ser profesional. Todos los deportistas recibimos mucho de la sociedad, de los impuestos, y hay que devolverles ese favor». En otros países podría vivir de su deporte, ¿no se lo ha planteado? «Para mí es una suerte vivir en España y defender a mi gente y a mi país, no lo cambiaría por nada del mundo».

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