Mundial de Atletismo

El rebelde Makwala es la estrella

El velocista de Botswana se subleva contra la IAAF y, después de correr solo en una serie, se clasifica para la final de 200

El rebelde Makwala es la estrella
JOSÉ CARLOS CARABIAS Londres - Actualizado: Guardado en: Deportes

Derrocado Usain Bolt, cicatero Van Niekerk con la marca en 400 y sin otra figura que se anuncie en el horizonte, la estrella del Mundial es un rebelde. Se llama Isaac Makwala, nació en Botswana y se ha empeñado en llevarse una medalla por encima de la autoridad. El público de Londres, que acude al estadio aunque como ayer caigan chuzos de punta del cielo gris, asistió a un hecho insólito: Makwala corrió en solitario una serie de 200 metros.

Sucedió por el espíritu indomable del africano, que no se ha plegado dócil a la norma. Makwala, tipo rocoso de facciones duras, mirada profunda y básico inglés pronunciado con rotundidad –«vengo a ganar oro, todo es posible»–, se negó a retirarse del Mundial por el virus que ha afectado al Tower Hotel. La IAAF le aplicó el protocolo sanitario de Gran Bretaña (48 horas de cuarentena) y Makwala, que había realizado la mejor marca del año en 200 en Moratalaz a sus 29 años, no admitió que destrozasen su sueño.

No pudo competir en la final de 400 (la calle 7 quedó libre) ni apretar las tuercas a Van Niekerk y tampoco pudo verla, ya que un funcionario le impidió la entrada por la normativa sanitaria. Makwala no se resignó. Botswana presentó una protesta a la IAAF alegando que, a la hora de la semifinal de 200 (la otra prueba en la que se inscribió), ya habían pasado 48 horas. Makwala, Badman (chico malo) en su Facebook, gana a la IAAF, que prepara una serie en solitario para él. El africano corre solo y con su marca (20,20) se clasifica. Dedica unas flexiones al público en la pista encharcada. Y ruge el Olímpico ante su nueva estrella.

En la semifinal, Makwala siente el calor de la grada, el que ha conquistado con su actitud combativa e inconformista. Sale por la calle 1, la peor de todas porque hay que correr más estrecho y más pegado a la curva. Además es la más mojada por el incesante aguacero londinense. Pero el botsuanés se ha vuelto indestructible y corre como un demonio. Sale fuerte y atraviesa la angosta curva en primera posición, se deja el alma en la recta porque solo hay dos puestos directos para la final. En la raya le supera por muy poco el americano Isiah Young (20.12), pero Makwala ha logrado su cometido (20.14). Estará en la final.

Tambiénm estará su rival en los 400 metros y anunciada estrella del Mundial en la pista, el sudafricano Wayde van Niekerk. Pero por los pelos. No consiguió pasar por puestos (los dos primeros de cada serie) y lo hizo en la repesca con el peor tiempo de las finalistas (20.28).

Un noruego 30 años después

En el predominio de keniatas, norteamericanos, jamaicanos y sudafricanos, un noruego triunfador es noticia. El sujeto de la información es un tallo imberbe de solo 21 años llamado Karsten Warlhom, el atleta que sorprendió a la concurrencia en el Olímpico con una descollante victoria en los 400 metros vallas.

El nórdico exhibió un arrojo sin límites hasta convertirse en uno de los protagonistas del Mundial. Insensato y desafiante, salió como una centella en la especialidad que deja sin resuello y que obliga a regular el esfuerzo. Era el primero en los cien metros, osadía de juventud; también en los 200, resistencia como un jabato; siguió en los 300 al entrar en la recta, esperando todo el mundo su hundimiento... No desfalleció el fornido noruego, quien tuvo aliento para aguantar el acoso de sus adversarios y proclamarse campeón contra pronóstico (48.35) ante el turco Yasmani Copello (48.49) y el gran favorito, el americano Kerron Clement (48.52). Es la primera medalla de Noruega desde 1987, cuando Ingrid Kristiansen ganó los 10.000 metros en Roma.

La norteamericana Allyson Felix obtuvo el reconocimiento a su deslumbrante trayectoria con un bronce en la final de 400, que la iguala en medallas en los Mundiales (14) a dos leyendas, Usain Bolt y Merlene Ottey. Lo logró en una final extraña, que vivió el colapso de la atleta que parecía ganaba a treinta metros de la meta (Shaunae Miller-Uibo) y el éxito inesperado de la que apareció por detrás, la americana Phyllis Francis.

Toda la actualidad en portada

comentarios