Sergio García, con su trofeo del Valderrama Masters
Sergio García, con su trofeo del Valderrama Masters - EFE

GolfSergio García agranda su leyenda en Valderrama

El castellonense superó a Luiten por un golpe y logró su tercer título del año y el decimocuarto de su carrera en el circuito europeo

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Sergio García lo tenía todo a favor para rentabilizar su única visita a España de la temporada: un estado de forma impecable, un público entregado y un campo que conoce a las mil maravillas. Desde el comienzo de la semana Sergio demostró que venía a por todas y se encaramó en la parte alta de la tabla. Como él bien decía, Valderrama da muchos sustos y lo importante es mantener la paciencia en todo momento. Y así, sacando partido de los buenos momentos y minimizando los errores, fue capaz de ir quitándose rivales de en medio. Con Jon Rahm fuera de juego el fin de semana, sólo quedaba Joost Luiten de los importantes para hacerle sombra, pero a García no le pudo la presión.

La ultima jornada la comenzó de líder (-8), con Daniel Brooks a un golpe y el holandés a dos y pronto se vio que la cosa quedaría en un mano a mano entre el español y Luiten. En el hoyo 9, este último realizó un birdie de tiralíneas que fue rápidamente compensado por un chip de García desde el antegreen, lo que despertó los rugidos del público y encendió la mecha para una racha de tres birdies consecutivos del ídolo local, que le llevó a afrontar el hoyo 12 con tres golpes de ventaja. En ese momento se volvieron las tornas y fue el neerlandés el que tomó la iniciativa, hasta el punto de dejar el duelo en tablas al acabar el hoyo 15. Fue en ese último tramo cuando el campeón del Masters tiró de experiencia y se puso arriba con el peso específico de su propia presencia. A Luiten le tembló la mano en el 16 y su estrategia conservadora en el 17 sólo le permitió igualar el birdie de su rival, con lo que el 18 ya fue un paseo triunfal para García. Con un golpe de ventaja y la gloria al alcance de la mano, ya no dejaría escapar su segundo triunfo en Valderrama (algo que sólo habían logrado Bernhard Langer y Colin Montgomerie) y el tercero en el Circuito Europeo en la misma temporada, un hito que nunca antes había conseguido.

Seis años después de levantar su primer trofeo en el jardín de Sotogrande, vestido de nuevo con los colores blancos del equipo de sus amores, se llevó además un premio que no logró entonces: el beso de su mujer, que dejará de acompañarle en breve a los torneos a causa de su feliz estado de buena esperanza.

Pablo Larrazábal y Adrián Otaegui, con -1, fueron los otros dos jugadores nacionales que consiguieron romper el par del campo para acabar duodécimos.