Lydia Valentin
Lydia Valentin - EFE
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La campeona a la que aún deben un oro y una plata

Tras la eliminación de varias rivales por dopaje, el quinto puesto de Pekín 2008 y el cuarto de Londres 2012 serán medallas

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Tres horas y media de entrenamiento por la mañana y tres horas y media de entrenamiento por la tarde. La receta del éxito de Lydia Valentín no tiene demasiados secretos. Horas y horas de esfuerzo semiclandestino porque el suyo es uno de esos deportes desconocidos de los que solo nos acordamos los periodistas y el gran público cuando se celebran los Mundiales o los Juegos Olímpicos. La ventaja de Lydia Valentín es que puede con todo lo que se le pone por delante.

No ha sido fácil llegar hasta aquí para esta campeona de Ponferrada (febrero de 1985) que jugaba al baloncesto con once años hasta que un entrenador se fijó en ella y vio que tenía cualidades para la halterofilia. Cuatro años después, tuvo que tomar la decisión de dejar su casa e irse a Madrid. Ahí contó con la comprensión e incluso con la ayuda de sus padres, que le acompañan a todos los sitios. «Son una pieza fundamental», admite.

No acabaron ahí las barreras, porque los prejuicios de que una mujer levante pesas continuaron presentes. De hecho, hubo un tiempo en que Lydia Valentín era una rareza en un deporte mayoritariamente dominado por los músculos de los hombres. Hoy, sin embargo, hay más chicas que chicos en el centro de alto rendimiento. Los triunfos de esta berciana han sido vitales para captar más practicantes para la causa como el sevillano Josué Brachi, que logró la segunda medalla masculina para España en un Mundial veinte años después. Los triunfos de Valentín también han servido para que lleguen los patrocinadores, antes inexistentes, que junto con las ayudas ADO y las de la Liga, le permiten vivir dignamente de su vocación.

Dieta variada

No tiene demasiado misterio el sistema de entrenamiento, ni tampoco la alimentación. Lydia asegura que con una dieta sana y variada no tiene problema para conservar los 74 kilos que le permiten competir siempre en la categoría de menos de 75. Aún le quedan muchos platos de pasta y arroz que luego quemar en el gimnasio, incluso algunas medallas pendientes por recolectar. Aunque pueda parecer increíble, Lydia Valentín aún no tiene en su poder la plata que le pertenece de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 -donde quedó quinta, pero luego se ha comprobado que cuatro rivales que quedaron por encima de ella se habían dopado- ni el oro de los de Londres 2012 -en la que se clasificó en cuarto lugar, pero las tres primeras han dado positivo-. En unas semanas, podrá tener en sus manos la de Pekín. Habrá merecido la pena esperar.