Mundial de atletismo

Cruel epílogo para Usain Bolt

El astro caribeño se lesiona en su despedida y Jamaica no termina la prueba de 4x100

Bolt, en el suelo
Bolt, en el suelo - Reuters
JOSÉ CARLOS CARABIAS Londres - Actualizado: Guardado en: Deportes

El Estadio Olímpico cierra los ojos y se apresta a despedir otro día más con la magnífica versión del «Sweet Caroline» de Neil Diamond que cautiva cada noche a la gente, una grada balanceando los brazos en armonía con el atletismo. Ha salido a la pista Usain Bolt en el día de su adiós y la parroquia se derrite porque asiste a un momento único. Se va el más grande. Bolt ha recuperado la sonrisa con sus compañeros jamaicanos y, en la presentación, ofrece una versión gamberra, el hombro cae a un lado en gesto macarra. El astro de la velocidad se empieza a retirar antes de correr. Se asocia con la cámara y se gusta en las gambadas porque, esta vez, ha llegado el final, pero ni el propio Bolt es capaz de predecir el futuro. Nada hay escrito en el deporte.

Fue la imagen de la desolación, la despedida inimaginable, el no va más en un Mundial que aporta fotos únicas para el álbum del recuerdo. La más impactante de todas, la que nadie olvidará, sucedió pasadas las once de la noche. Usain Bolt, el ídolo mundial, se lesionó allí donde tantas veces fraguó su aura indestructible, en la recta de meta. Quedó tirado en la vía cuando volaba en remontada para intentar la medalla redentora de Jamaica. Doliente y tumbado en la pista. Así se retiró Bolt. Entre el lamento del planeta. Jamaica perdió el trono de la velocidad e Inglaterra ganó el relevo de 4x100.

Es el epílogo cruel para una carrera legendaria. Bolt, sacudido por la descarga de un calambre en el músculo isquiotibial de su pierna izquierda según el médico del equipo jamaicano, se para en la recta como se detuvo el reloj del tiempo para un público que también aúlla descorazonado. Ni siquiera el triunfo de Inglaterra en el relevo corto genera una explosión de emociones tan fascinante. La gente se queda con Bolt en el suelo, que primero brinca por el destrozo, luego cojea unos metros, se deja caer en el tartán y también grita, porque no se puede creer.

Inglaterra se corona con el oro, Estados Unidos jalea otra plata a la que el villano Gatlin ha contribuido con una posta fabulosa en la contrarrecta y Japón se convierte en invitado sorpresa con la medalla de bronce. Inaudito.

Durante la última década, el fenómeno Bolt ha sido objeto de estudio de la ciencia. Expertos y eruditos han tratado de desentrañar el secreto de la velocidad en Jamaica, una pequeña isla del Caribe de tres millones de habitantes y cuyo PIB se sitúa el 136 del mundo. Distintas universidades han concluido en sus investigaciones que su población posee una prevalencia muy fuerte del gen ACTN3, que produce una proteína en las fibras musculares de rápida flexión asociada al rendimiento explosivo. Otras indagaciones concluyen que la potencia y la energía de Bolt y los caribeños proceden de la composición de su masa muscular, sumamente fibrosa y elástica.

Otros apuntes sociales de los especialistas que acudieron algún día a Jamaica describen que, en realidad, la producción de velocistas se ha debido a un manual de usos y costumbres, a un efecto contagio de sus gentes, de una cultura de la velocidad que nace en los pueblos donde se cultiva un grano de café de gran pureza y se canaliza en las escuelas.

Una silla de ruedas

Teorías que se nublan. Mientras los ingleses se vuelven locos festejando su oro, aparece una silla de ruedas en mitad de la recta, donde Bolt sigue sin levantarse. Los británicos son expertos en seguridad y el protocolo se impone por un momento a la leyenda del atletismo. Bolt puede cerrar su trayectoria en un asiento con respaldo...

El mito se echa la mano a la frente y rechaza la oferta de los servicios sanitarios británicos. Ya que no ha llegado a la meta, decide salir del atletismo por su propio pie. Bolt no es intocable, sino humano. Ni siquiera él, tan grande como el mayor gigante, se puede sobreponer a la ley del deporte según la cual sin entrenamiento y esfuerzo, jamás llegan los resultados. Unas cuantas voces en el atletismo ya hablan de que su 2017 ha sido más una gira turística de despedida que un programa de entrenamiento serio para un evento como el Mundial.

Bolt forzó para atrapar al japonés, al americano y al inglés y acabó derrotado en la arena. Quedan sus récords, su oros, su zancada inigualable y su carisma. Y también ese escorzo doloroso en la pista de Londres que lo ha ofrecido a la eternidad.

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