Cultura - Toros

¡No nos lo merecemos!

El Juli y David Mora cortan una oreja a una flojísima corrida del Pilar en Valladolid

Talavante y El Juli observan el toro
Talavante y El Juli observan el toro - Heras
ANDRÉS AMORÓS - Actualizado: Guardado en: Cultura , Toros

Cuentan que, durante la histórica faena de Manolete al toro de Pinto Barreiro, Agustín de Foxá se levantó, en el tendido de Las Ventas, y clamó, mirando al cielo: «¡No nos lo merecemos!» Era una forma de agradecer lo extraordinario. Lo he recordado esta tarde… pero en sentido contrario. Tampoco se merece este santísimo público de Valladolid –ha llenado la Plaza a pesar de la sustitución de Roca Rey, que le daba derecho a la devolución– soportar este triste desfile de inválidos del Pilar, presentados en escalera, con más de cien kilos de diferencia; ni, todavía menos, el lamentable error del presidente, al mantener en el ruedo al sobrero que hizo segundo. Toda la tarde, la gente se distrae comentando si dimitirá o no la vicepresidenta de la Junta.

El primero sale como si ya lo hubieran picado (lo habitual, hoy); embiste mortecino, sin fuerza ni casta. El Juli anda con él a gorrazos: demasiado poco toro para un diestro poderoso. La faena es simplemente correcta, sin ninguna emoción. Mata yéndose: oreja. (Con todo respeto: en Valladolid, ahora, cualquier trasteo se acoge con petición, a la que el presidente siempre accede). El cuarto, escurrido, sale cayéndose. Escucho: «No puede con su alma, la criatura». ¿Esa es la sensación que debe dar un toro bravo? Julián intenta mantenerlo pero no lo logra y le aplauden que desista. Menos gusta que la espada haga guardia (aunque el día anterior, así, se cortaron dos orejas).

El domingo pasado, en esta Plaza, Talavante hizo verdaderas diabluras; esta tarde, ha sido imposible. Devuelto el segundo por blandísimo, el sobrero es mucho más flojo, se cae continuamente. No entiendo el empecinamiento del presidente por mantenerlo. El escándalo es mayúsculo: en Madrid, hubiera habido un problema de orden público. Se aplaude al diestro por cortar la faena. No vale la pena comentar nada más. En el quinto, comienza al natural… y el toro rueda. Algunos muletazos son excelentes: con el medio toro, muestra su gran momento. Son inútiles las manoletinas finales (igual que las de José Tomás). La estocada queda atravesada.

Se ha acogido bien la sustitución de Roca Rey por David Mora: se lo ha ganado en el ruedo. El tercero mansea pero es pronto y repite. Dibuja buenos lances y, aprovechando el viaje, liga derechazos, algo encorvado. Mata con decisión: oreja, aunque el trasteo ha sido desigual, como el toro. Brinda al Juli el último: conduce con gusto las embestidas pero la res se cae, en cuanto le baja la mano. ¿Cómo emocionar con «esto»? El toro se raja y todo concluye.

No se merece eso, este público.

Postdata. El 22 de septiembre de 1925, después de torear en esta Plaza, Ignacio Sánchez Mejías, vestido de etiqueta, dio una conferencia en el Ateneo, acompañado por el alcalde. ¿Lo hubiera hecho el actual alcalde, que cierra el Museo del Toro y retira el título de «Ciudad Taurina»?

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