Cultura - Toros

Feria del Pilar: los extremeños se tocan

Perera corta una oreja; Garrido y Ginés dejan buena impresión en una mansa corrida de Daniel Ruiz

Miguel Ángel Perera pasea la única oreja del festejo
Miguel Ángel Perera pasea la única oreja del festejo - Fabián Simón
ANDRÉS AMORÓS Zaragoza - Actualizado: Guardado en: Cultura , Toros

El ingenio extraordinario de don Pedro Muñoz Seca imaginó una opereta sin música y le dio un título que parece pintiparado para este cartel: «Los extremeños se tocan». En ambición y en capacidad «se tocan» Perera, Garrido y Ginés Marín. Sólo el primero corta un trofeo, en el único toro bueno, de La Palmosilla; los demás, de Daniel Ruiz, mansos y huidos, frustran el brillo pero los dos jóvenes diestros dejan grata impresión.

En el primero, se lucen Curro Javier, en la lidia, y Ambel, con los palos. Perera conduce las nobles embestidas del bondadoso toro de La Palmosilla con mando y firmeza; consigue naturales al ralentí, hasta que el toro se apaga. Buena estocada: justa oreja. El cuarto es un mansazo de libro, que huye del caballo y hasta de las banderillas (se la juega Curro Javier, que saluda). Miguel Ángel se dobla una y otra vez, intentando sujetarlo, pero sólo lo consigue, al final, en una serie, después de perseguirlo. Lo caza a la segunda.

El golpe de atención que dio José Garrido en Bilbao lo ha revalidado en Madrid, en una tarde heroica. Devuelto por cojo el segundo, el sobrero de La Palmosilla se raja a tablas. Intentando sujetarlo al natural, sufre Garrido una fuerte voltereta, con una contusión en el muslo; sin chaquetilla, le saca emocionantes muletazos en chiqueros –el sitio del toro– pero pierde el trofeo, al pinchar. (Todavía lleva vendada la mano derecha). En el quinto, manso deslucido, se mete en su terreno, se justifica con firmeza y valor pero vuelve a pinchar.

Muchas veces he repetido mi creencia de que Ginés Marín va a ser (ya lo es, en potencia) una figura. Me cuenta Emilio Miranda que ha armado una revolución en Valencia, donde cortó un rabo. En el tercero, engatillado, luce su gran facilidad con el capote. Comienza de rodillas, en el centro, llamándolo de lejos, para una arrucina que levanta un clamor. Siguen naturales lentos, con mando. Cuando el toro se apaga, aguanta parones, metido entre los buidos pitones. Mata bien pero el presidente no concede la oreja, a pesar de que había mayoría y méritos, para haberla dado. Cuaja al sexto muy pronto al natural pero el toro se defiende, dando cabezazos: surgen dos desarmes y la faena se frustra. Vuelve a estar seguro con la espada. Ha demostrado ambición juvenil y gran capacidad.

A pesar de los toros mansos y el único trofeo, los tres extremeños han coincidido, como profesionales capaces y responsables.

Postdata. Escucho en una tertulia televisiva: «Los ataques al pequeño Adrián no tienen trascendencia; son sólo obra de algunos locos. La sociedad no está enferma». (Una opinión que algunos comparten). Los que dicen eso también han defendido que hay que tratar mejor a los catalanes, para que se sientan a gusto; que hay que ayudar a Puigdemont, en su difícil encrucijada; que conviene buscar una Fiesta Nacional nueva, para que no se ofenda nadie… La progresía en estado puro. Sin creencias firmes, «todo vale». Y, como siempre, la opinión sobre los toros no se puede separar de lo que sintamos hacia España.

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