Cultura - Toros

Dos grandes toros de Adolfo Martín en la Feria de Otoño

Rafaelillo y El Cid saludan sendas ovaciones, pero no logran redondear el triunfo

El Cid, en un derechazo de mano baja
El Cid, en un derechazo de mano baja - Paloma Aguilar
ANDRÉS AMORÓS MadridGuardado en: Cultura , Toros

Concluye la Feria de Otoño con un guiño al sector torista: los «grises» de Adolfo Martín, que lidia dos grandes toros, primero y quinto. Rafaelillo y El Cid tienen dignas actuaciones pero no redondean el éxito. Después de la tarde anterior, tan accidentada como un Comité en Ferraz, ésta es grata e interesante, por el comportamiento variado de las reses. También da gusto a ver cerca de veinte mil personas en la Plaza y que la duración del festejo sea la razonable.

Rafaelillo es, ahora mismo, el máximo especialista en estas divisas duras, a las que sabe aplicarles la receta de una lidia clásica. Le tocan dos adolfos muy distintos. El primero, «Carpintero», me parece extraordinario: va largo y templado, humilla, repite. ¿Qué más se puede pedir? Los doblones iniciales tienen emoción y Rafaelillo está bien… pero no más. El problema de este toro es que no llegue a ahogar al torero. He recordado, una vez más, a Juan Belmonte: «¡Dios te libre de que te toque un toro bravo!» También, lo que me contó Marcial Lalanda: «Me tocó un toro tan bravo que, después de unos doblones, me apresuré a matarlo, antes de que el público se diera cuenta de lo bueno que era…» Y la explicación que daba Alfredito Corrochano de cómo cortó un rabo, en Las Ventas: «El toro repetía, sin parar, y yo tenía que seguir, dándole naturales…»

El cuarto es más complicado pero –creo– le conviene más a Rafaelillo: empuja con fijeza pero corta en banderillas, va pronto pero se cuela, con evidente peligro. El diestro se pelea con él, se muestra como gran profesional; a veces, ha de pararlo con la mano. A la segunda, logra una estocada hasta la mano (a la primera, ya hubiera merecido una oreja).

Busca El Cid reverdecer glorias pretéritas, en esta misma Plaza y con reses de Victorino. El segundo no es malo pero desmerece, comparado con el anterior: resulta manejable. Manuel corre bien la mano, algo forzado, por la derecha; por la izquierda, pasa algún apuro. Pero le toca el quinto, «Murcianito», con menos de 500 kilos pero dos «velas» aparatosas y cercano a los seis años, que resulta muy bueno: va de largo al caballo (ovacionan a Juan Bernal), galopa en banderillas. El Cid hace el esfuerzo, conduce con templanza las nobles embestidas; por la izquierda, el toro se apaga. Pincha, como tantas veces y el posible triunfo se esfuma.

A Morenito de Aranda le tocan los dos toros peores; el tercero, flojo, derrota al final de las embestidas; el último, mansea, pega arreones, sin clase. Con los dos está digno pero falla con la espada.

La gente sale con cierta decepción. Pienso yo en el azar, que determina el orden de lidia. Si el primer toro hubiera salido en último lugar, no sólo Morenito de Aranda se hubiera podido lucir sino que la corrida hubiera acabado «en punta», como una sinfonía de Tchaikovsky: el público, encantado, hubiera hecho saludar al mayoral. No ha sido así pero conviene tener memoria.

Hemos visto a un excelente «Murcianito» (el quinto, de familia famosa) y a un extraordinario «Carpintero», digno de ser «Ebanista» o «Imaginero» de pasos de Semana Santa. ¿Nos conformamos con eso? En comparación con lo que ve tantas tardes, al verdadero aficionado le produce gozosa emoción contemplar la lidia de dos toros como éstos de Adolfo Martín, a los que se pueden aplicar los versos de Miguel Hernández: «Como el toro me crezco en el castigo,/ la lengua en corazón tengo bañada/ y llevo al cuello un vendaval sonoro…» Eso es la Fiesta.

A. A./ABC.ES MadridGuardado en: Cultura , Toros  Actualizar

Sexto toro

Sale el último, Jardinito, negro entrepelado, de 558 kilos. Mala suerte de Morenito con su lote, el más soso del sexteto. Dos pinchazos y estocada desprendida.

Quinto toro

Sale el quinto, Murcianito, cárdeno, de 488 kilos, un toro de amplia cara, bien picado por Bernal. El Cid brinda al público. Le da distancia. Buen adolfo, pero se apaga. Manuel Jesús deja templadas series por la derecha. Pinchazo, media atravesada y descabello. Aviso. Saludos.

Cuarto toro

Sale el cuarto, Pecador, número 14, cárdeno, de 545 kilos. Rafaelillo lo recibe con un farol de rodillas. Toro encastado y con emoción. El murciano gusta en su pelea con este toro. Pinchazo y gran estocada. Saludos

Tercer toro

Sale el tercero, Marinero, cárdeno, de 504 kilos. Sale espectacular, pero renquea y ya con la flojera se queda en nada. Morenito lo intenta pero las caídas deslucen y le piden que abrevie. Dos pinchazos. Silencio.

Segundo toro

Sale el segundo, Sombrerillo, cárdeno, de 526 kilos. Buen toro, pero menos que el primero. El Cid deja buenos muletazos en una faena aceptable hasta que el toro se raja. Estocada. Saludos.

Primer toro

Sale el primero, Carpintero, número 16, cárdeno, de 555 kilos. Tres puyazos recibe este toro, que hace buena pelea en varas. Rafaelillo brinda al público y se dobla a la antigua con el adolfo, pero no está a la altura del gran toro, que se mueve con calidad y nobleza. Estocada y descabello. Saludos con división y gran ovación al extraordinario Carpintero.

Paseíllo

Con más de 20.000 personas en los tendidos, hacen el paseíllo Rafaelillo, de azul y oro, El Cid, de verde y oro, y Morenito, de corinto y oro.

Sorteo

Seis toros de Adolfo Martín, hierro de procedencia Albaserrada, se han aprobado esta mañana y esperan en los chiqueros. El encierro tiene un peso medio de 529 kilos y los sobreros llevan los hierros de Juan Manuel Criado y Marqués de Albaserrada.

Cartel

¡Buenas tardes! Bienvenidos a la cuarta y última corrida de la Feria de Otoño de Madrid. Cartel de mucha expectación con toros de Adolfo para Rafaelillo, El Cid y Morenito de Aranda.

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