El escritor Boris Pasternak y Olga Ivinskaya en su dacha (1950)
El escritor Boris Pasternak y Olga Ivinskaya en su dacha (1950)
LIBROS

«Vestidas para un baile en la nieve», mujeres en el gulag

Este ensayo relata la vida de nueve mujeres que sobrevivieron a los campos de concentración estalinistas

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De Monika Zgustova (Praga, 1957), la escritora y traductora checo-española, aún recuerdo el buen sabor de boca que me dejó la lectura de su monumental biografía de Bohumil Hrabal, «Los frutos amargos del jardín de las delicias», amén de las traducciones magníficas de este escritor checo y de Jaroslav Hasek («El buen soldado Svejk»), Milan Kundera, Dostoievski, Isaak Babel o Anna Ajmátova. Amén de haber escrito novelas como «Las rosas de Stalin», donde retoma un tema recurrente en su obra, el exilio y la emigración forzosa de miles de personas a los campos de trabajo de Stalin. Ahora, Monika Zgustova acaba de publicar «Vestidas para un baile en la nieve», un exhaustivo, bello y lúcido reportaje, que se lee como una apasionada narración de intriga, sobre nueve casos de mujeres que sobrevivieron al gulag de Stalin y que aún viven. El libro sirve, así, de espléndido complemento y continuación de «Archipiélago Gulag», de Solzhenitsyn, porque relata el modo en que resolvieron el cautiverio las mujeres del gulag, ese segundo Holocausto promovido por Stalin y que se llevó más víctimas que el número de judíos aniquilados en los campos de exterminio nazis.

Arrabales moscovitas

En septiembre de 2008, Monika Zgustova viajó a Moscú y allí, por mediación de un amigo, supo de mujeres supervivientes del gulag estalinista que vivían en esos típicos pisos de los arrabales moscovitas, los «jruschovki», de paneles prefabricados. En ese viaje nació el libro y, luego, en visitas a París y Londres donde residían aún algunas supervivientes. El resultado es este testimonio estremecedor, inquietante, de nueve mujeres que relatan sus experiencias y que, fieles al alma rusa, conciben aquellos terribles años como una enseñanza de vida. Entre ellas encontramos el último amor de Boris Pasternak, que inspiró a Lara, la heroína de «Doctor Zhivago», y que Monika Zgustova localizó en París: Olga Ivinskaya. En todas ellas supuran las heridas de experiencias vividas al borde del horror. Una de las características comunes de estas mujeres es el estupor que les produce el que la gente pierda el tiempo en la inconsciencia. Ellas sienten la necesidad de realizar cosas importantes, de significado trascendente, y la cultura es la vía elegida, sobre todo la poesía.

No obstante, lo que más llama la atencion de lo que cuenta Monika Zgustova, y que tiene algo de incomprensible para la sensibilidad contemporánea, es el hecho de que algunas de ellas confesaron a la autora que no les importaría repetir su experiencia de vida en el gulag. Monika Zgustova lo explica al relatar que lo más importante de su existencia -la amistad, el amor, el cariño, el miedo, hasta la humillación-, sucedieron en este cautiverio. Ariadna Efron-Tsvietáieva, hija de la poeta Marina Tsvietáieva, escribe en una carta a Boris Pasternak: «Vivo en una tristeza sin expectativas». Infierno, falta de capacidad para integrarse en una vida normal, muchas de ellas se casaron con hombres que habían pasado por el gulag y para disipar el trauma eran alcohólicos y violentos.