LIBROS

«Los monstruos que ríen», el dios enfermo de África

Misterios y traiciones; también amor. De ellos está plagado «Los monstruos que ríen», de Denis Johnson

Denis Johnson, autor de «Los monstruos que ríen»
Denis Johnson, autor de «Los monstruos que ríen»

No hace falta ser un admirador de Denis Johnson para disfrutar de «Los monstruos que ríen». Ni siquiera hay que tener ideas de ninguna clase al respecto. Sólo hace falta saber leer, conocer bien el español (en este caso), tener algo de tiempo, no estar muerto de sueño, disponer de un sofá cómodo y, por supuesto, tener un cierto hábito de lectura. Con eso basta: usted entrará en el libro, comenzará a leer y lo leerá a largos y ansiosos tragos, sin poder parar. Se detendrá, aquí y allá, a considerar que la traducción de Javier Calvo debe de tener mucho que ver con la tensión, la precisión, la brillantez de un texto lleno de imágenes. Parará un par de veces probablemente, quizá para comer o prepararse un pequeño refrigerio. Si lo empieza por la tarde tendrá que parar para dormir. Mejor empezar por la mañana y leerlo todo en un día. No es cuestión de que pueda hacerse, sino de que usted lo hará si puede, porque deseará seguir leyendo y porque necesitará seguir leyendo, hasta llegar al final.

El monte Newada

Normalmente, entiendo la mitad (o menos) de las tramas de las novelas de espías. Me pregunto si esto es normal y les sucede a la mayoría de los lectores o es un defecto de alguna región de mi cerebro, que ha quedado subdesarrollada. «Los monstruos que ríen» es una novela de espías en cierto modo, llena de claves, de misterios, de falsedades y de traiciones, pero es ante todo la crónica de una amistad, una historia de amor y una novela sobre África.

Las otras novelas de Denis Johnson me parecían geniales, pero esta es todavía mejor

Hay un trío de personajes: el protagonista, Nair, es un danés que es también norteamericano y trabaja para la inteligencia de la OTAN. Michael Adriko, un militar ugandés que es «agregado a las Fuerzas Especiales» norteamericanas, ha desertado, y envían a Nair a ponerse en contacto con él y averiguar qué se trae entre manos. Nair viaja a Freetown, Sierra Leona, y se encuentra con Adriko, que es un viejo amigo suyo, uno de los más queridos, y que está allí con su prometida, una mujer negra norteamericana absolutamente fascinante llamada Davidia. Adriko tiene entre manos un negocio de venta de uranio enriquecido que le hará rico, pero tiene además el plan de viajar al monte Newada, en Uganda, para presentar a su futura esposa a los de su clan y lograr que la acepten. El monte misterioso se convierte, así, en el corazón de las tinieblas del libro, su centro gravitacional. Hay allí un horrible árbol muerto con una diosa que vive subida en sus ramas... No, no haremos «spoilers».

Árbol sensual

Algo bueno sucede cuando nos preguntamos cómo puede un escritor saber tantas cosas. «Los monstruos que ríen» es una inmersión en África, en sus colores y su miseria, en sus contrastes inexplicables y su violencia, en su pobreza y en su locura. Si Nair, el europeo, resulta casi demasiado lánguido, si su pasión principal parece ser la de escribir y escribir como puede y donde puede todas las cosas que pasan en esta novela llena de aventuras, Adriko, el africano, es un personaje incomparable. ¿Cuándo, sino en una novela, podríamos conocer a una persona así? A través de él entramos en el ritmo de África, en su violenciay en sus misterios.

La bella Davidia va evolucionando ante nosotros como un gran árbol sensual. Hay aventuras, amor, peligro, «guerra contra el terrorismo», dioses enfermos, fascinación de los sentidos, y hay sobre todo la pregunta: ¿qué pasa en África? ¿Por qué? Las otras novelas de Denis Johnson me parecían geniales, pero esta es todavía mejor.

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