Marta Sanz
Marta Sanz - José Ramón Ladra
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Marta Sanz: «"Taxi" es una búsqueda y la elegía por una ciudad»

La escritora madrileña, Premio Herralde de Novela, nos revela sus últimas lecturas y sus hábitos lectores

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Doctora en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis sobre «La poesía española durante la transición (1975-1986)», Marta Sanz se ha ganado por derecho propio un puesto de primera en la literatura española actual, cosechando nunerosos galardones. Poeta, novelista y ensayista, se dio a conocer en 1997 con «Lenguas muertas», novela a la siguieron, entre otros títulos en el mismo género, «Susana y los viejos» (finalista del premio Nadal), «La lección de anatomía», y «Daniela Astor y la caja negra». En 2010 publicó «Black, black, black», donde da una vuelta de tuerca a la novela policiaca y crea al singular y nada convencional detective privado cuarentón Arturo Zarco, a quien volvemos a encontrar dos años después en «Un buen detective no se casa jamás».

En 2015 se alzó con el premio Herralde de Novela gracias a «Farándula» (Anagrama), una excelente narración coral sobre el mundo del espectáculo y los actores que encierra numerosas lecturas y en la que algunos de sus personajes se inspiran en famosos nombres de nuestro mundo teatral y cinematográfico. En «Farándula», cuyas páginas iniciales nos presentan una lograda y sugerente visión caleidoscópica de la Puerta del Sol de Madrid, Marta Sanz hace gala de un dominio de la ironía, el sarcasmo y el humor en ocasiones demoledores. En su última obra, «Clavícula», (Anagrama) nos ofrece un valiente relato a tumba abierta, de carácter autobiográfico, donde comparte vivencias y experiencias personales en unos años de crisis.

Por lado lado, es autora de los poemarios «Perra mentirosa / Hardcore», «Vintage» -Premio de la Crítica de Madrid al mejor poemario de 2014-, y «Cíngulo y estrella», todos publicados por Bartleby. Y de los ensayos «No tan incendiario» (Periférica), «Éramos mujeres jóvenes» (Fundación José Manuel Lara), además de haber participado con su firma en libros colectivos.

-¿Qué libro/libros tiene entre manos, o ha leído recientemente?

-Acabo de leer «Taxi» de Carlos Zanón; tengo entre manos «El desconcierto» de Begoña Huertas; y muchísimas ganas de leer «Los golpes» de Jean Meckert. También tengo mucha curiosidad por «El entusiasmo», el ensayo con el que Remedios Zafra ha ganado el premio Anagrama.

-¿Qué le llevó a elegirlos? ¿Qué le están pareciendo?

-Los de Zanón y Huertas los elegí por una admiración literaria que se ha convertido en amistad. «Taxi» es un periplo, una búsqueda, y la elegía por una ciudad, Barcelona, que quizá sea a la vez metáfora de un hombre romántico en vías de extinción. «El desconcierto» habla de una experiencia de enfermedad y de cómo la literatura intenta poner orden en el dolor. «Los golpes», entre otras razones, me llama por una frase de Annie Le Brun sobre su autor: »Es el antídoto de Céline».

-¿Habitualmente se inclina por el libro en papel o electrónico?

-Yo solo sé leer literatura en papel. Supongo que es una limitación, pero de momento me regodeo en mi limitación sin meterme con nadie. Espero que tampoco nadie se meta conmigo.

-¿Lee más narrativa, ensayo, poesía...? ¿Tiene algún género preferido?

-Leo de todo. Y no tengo preferencias de género. Lo único que prefiero es que los libros me interpelen, me hagan reaccionar emocional e intelectualmente. Me planteen preguntas y a veces me las respondan. Me obliguen a doblar sus páginas y a escribir en sus márgenes.

-¿Autor/es de cabecera?

-No quiero tener autores de cabecera. Si tuviera que rellenar esa expresión que me parece feísima, la magnitud del plural restaría sentido al «de cabecera».

-¿Cuenta con algún rincón de lectura?

-Un sofá al lado de una ventana con una cortina magenta que filtra la luz. De noche, enciendo una lámpara de pie.

-¿Dedica a la lectura un tiempo específico?

-No. Depende del día. Pero, para mí, los días más agradables son ésos en los que puedo pasar la tarde entera leyendo en el sofá. De vez en cuando, me levanto y me bebo un vaso de agua.