LIBROS

José Donoso en diez mil hojas

Sus miedos y titubeos, sus obsesiones, sus éxitos y fracasos: todo Donoso está en sus diarios tempranos

José Donoso, autor de«Diarios tempranos. Donoso in progress, 1950-1965»
José Donoso, autor de«Diarios tempranos. Donoso in progress, 1950-1965»

José Donoso (1924-1996) estaba obsesionado con escribir la gran novela chilena. Sin embargo, murió sin saber que ese «Buddenbrook chileno» lo forjaba día a día en unas anotaciones, las suyas, con las que llenó ochenta cuadernos a lo largo de cuatro décadas. Sí, hablamos de sus diarios. De esas casi diez mil hojas que atestiguan el perseverante escritor de diarios que fue, nos llega ahora la parte que pertenece a sus años de formación en este monumental «Diarios tempranos. Donoso in progress, 1950-1965». En las setecientas páginas del volumen seguimos, como si de una lucha se tratara, el cuerpo a cuerpo de Donoso con la escritura, sus miedos, sus titubeos, éxitos y fracasos. Nos adentramos en el claustrofóbico universo de un hombre que se mide a sí mismo con los gigantes de la literatura de todos los tiempos, pero también consigo mismo y los grandes temas: «Necesito dar, saber de amor. Y no sé. No lo he dado nunca».

Escribir de más

El autor de «El obsceno pájaro de la noche» dispuso que sus diarios se leyeran íntegros a los veinte años de su muerte. Sin embargo, antes de que ese período transcurriera, fue su hija adoptiva, Pilar, la que reavivó de nuevo el interés por Donoso con la publicación en 2009 de «Correr el tupido velo», una carta de amor teñida por el resentimiento hacia aquel hombre ausente y encerrado en sí mismo. Para escribirlo, Pilar había cotejado los diarios de Donoso y las cartas de su madre y se adentró así en una familia llena de dolor y aislamiento. Quizás descubriera entonces que es imposible escribir sobre alguien sin hacerlo sobre uno mismo. Dos años después, Pilar se suicidó.

Perfeccionista extremo, para Donoso nada -los demás, y sobre todo él mismo- estaba a la altura

En «La tentación del fracaso», Julio Ramón Ribeyro contaba que en todo diario íntimo latía de fondo un problema capital que nunca terminaba de resolverse; de hecho, la hipotética resolución del conflicto clausuraría el diario. En los de Donoso laten unos problemas y contradicciones constantes; obsesionado con ser escritor, en sus cuadernos se acumularon proyectos, bosquejos y relatos a medio terminar. Fue también un inmejorable lector y un perfeccionista extremo para el que nada -los demás, pero sobre todo él mismo- estaba a la altura. Lo acosaban muchos miedos; especialmente uno, escribir lo que no debía: «Estar ‘en seca’ para mí no es no escribir, sino escribir de más».

«¿Y mi matrimonio?»

Félix de Azúa definió a Donoso como un ser frágil. Rebatirlo sería inútil: lo era. Pero Donoso integró la fragilidad en su poética, la transformó haciendo un esfuerzo ímprobo por padecerla a fondo y la llevó hasta sus últimas consecuencias. De ese titubeo vital surge una duda metódica que se convierte en el hilo conductor de sus diarios: «De pronto estoy entero dudando de todo -la literatura especialmente. ¿Vale la pena? Es lo que quiero». Pero también le ocurre lo mismo con su vida personal: «¿Y mi matrimonio? ¿Vale la pena? ¿Quiero a M. Pilar? ¿No es una cárcel para mí?». Pero aquí es necesario remarcar que sus papeles no fueron un paño de lágrimas, ya que su mayor intimidad se encuentra en la escritura.

El meticuloso trabajo de la académica Cecilia García-Huidobro retrata a un hombre que anhela una honradez psicológica y moral con respecto a sí mismo, pero Donoso es en y a través de la literatura: «En el fondo, uno escribe para saber por qué escribe». Haber resuelto esa especie de pregunta acertijo hubiera clausurado el diario. Claro que, quizás, la respuesta estaba ya en la pregunta.

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