TEATRO

1900-1936: bullentes escenarios españoles

El Centro Cultural Conde Duque de Madrid acoge la pluridisciplinar muestra «Intermedios. La cultura escénica en el primer tercio del siglo XX español», una cita imprescindible para todos los amantes del universo del espectáculo

Muñecos para La Orquesta Argentina de Eugenio Balder
Muñecos para La Orquesta Argentina de Eugenio Balder - José Carlos Nievas

A comienzos del siglo XX España atraviesa una situación complicada. Son muchos los problemas a los que la regente María Cristina, en el Trono durante la minoría de edad de su hijo, Alfonso XIII, debe enfrentarse en una país «sin pulso», en célebre expresión de Francisco Silvela. En 1898, el oscuro suceso de la voladura del acorazado Maine en el puerto de La Habana desencadena lo que estaba cantado. Tras un desastroso enfrentamiento bélico con Estados Unidos, el Tratado de París, firmado a finales de ese año, da carpetazo a los últimos restos del imperio colonial español con la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

En nuestro país, no obstante, en esa fecha se intensifica el movimiento regeneracionista y sale a la palestra la Generación de 1898, cuyos miembros: Baroja, Azorín, Unamuno… pelean con denuedo para que España tome conciencia de la situación y salga de su marasmo. Y, al igual que emerge en el campo intelectual y literario el renovador impulso del grupo noventayochista, el ámbito escénico se encuentra en un momento de plena ebullición, cuya pujanza se extenderá y afianzará con las vanguardias, hasta 1936, año en el que la Guerra Civil -mejor «incivil», según Unamuno-, además de muerte y devastación, implicó que en el espacio de la cultura se truncase esa efervescencia.

Carácter lúdico

Pero hasta el fatídico estallido de la contienda, los proyectos innovadores, el empuje vanguardista y la vocación artística pluridisciplinar, junto a la convergencia de lo culto y lo popular, van ganando sitio y de manera especial en nuestros escenarios.

La exposición «Intermedios. La cultura escénica en el primer tercio del siglo XX español» da cabal cuenta de ello. Organizada por Acción Cultural Española (AC/E) y el Ayuntamiento de Madrid, puede visitarse de manera gratuita hasta el próximo 18 de septiembre en el madrileño Centro Cultural Conde Duque. Precisamente su comisaria, Aurora Herrera Gómez, subraya que en la España convulsa de ese primer tercio del siglo XX, el nuevo espectáculo supuso «un paréntesis temporal de lo cotidiano en el que adquirieron un relevante protagonismo la magia, la ensoñación, la revista musical, el folclore, el carnaval o la imaginería surrealista». Y añade: «De esa experimentación con las diferentes artes escénicas y sus subgéneros se desprende un carácter lúdico dominante, se consuma una visión propia y tragicómica del sentido del humor y se da una suerte de confluencias entre territorios poéticos y visuales, que invaden el género del espectáculo en su dimensión más amplia».

Energía creativa

Por su parte, Miguel Ángel Recio Crespo, presidente de AC/E, apunta que las «diferentes manifestaciones artísticas propias de la modernidad, junto a la progresiva emancipación de la mujer, desembocan en una nueva y moderna forma de entender el entretenimiento. Todo ello dio lugar paulatinamente a un tipo de espectáculo escénico que abría nuevas maneras para la incipiente cultura de masas, que potenciaban la libre expresión y que supieron romper con las más rigurosas reglas tradicionales preestablecidas hasta el momento. Con esta muestra, AC/E rinde tributo a toda esa inmensa energía creativa».

Ramón Álvarez Escudero, conocido como Ramper, con sus Ramperianos
Ramón Álvarez Escudero, conocido como Ramper, con sus Ramperianos

«Intermedios» nos ofrece más de cuatrocientas piezas: fotografías, carteles, documentos, cartas, objetos, pinturas, dibujos, recortes de prensa…, destacando el material audiovisual, con numerosos fragmentos de películas y documentales. Todo, presentado de manera muy sugerente, brinda una completa panorámica del seductor universo del espectáculo a través del teatro, el circo, la danza, el cabaret, el «music-hall», la copla, el cuplé, la revista…, servido con el concurso de sus variados intérpretes: actores, cantantes, bailarines y bailaores, artistas de circo, escenógrafos, directores de escena y de cine. La muestra saca a la palestra un elenco de nombres propios de indudable significación como las actrices Margarita Xirgu o María Guerrero, auténticos mitos de nuestro teatro; las bailaoras, cantantes y cupletistas, no menos legendarias, Carmen Amaya, Pastora Imperio, Celia Gámez, Concha Piquer, Tórtola Valencia, y Encarnación López, «La Argentinita»; el cantante Miguel Molina; los cineastas Benito Perojo, Luis Buñuel, y José Luis Sáenz de Heredia; y los pintores y artistas Néstor de la Torre, Emilio Grau Sala, Salvador Dalí, o Gustavo Bacarisas, que colaboraron como escenógrafos con diversas compañías.

Constelación

Una no solo completa, sino también muy curiosa exposición. Podemos contemplar un material poco conocido, y, en cualquier caso, prácticamente nunca antes reunido para ponerlo al alcance del público. Son llamativos, por ejemplo, los muñecos -Don Liborio, el niño Pepito-, del ventrílocuo Paco Sanz, el más famoso de ese momento, también gran concertista de guitarra que combinaba la ventriloquia con la música. O los de su rival, Eugenio Balder, quien cosechó un gran éxito tanto en España como en Hispanoamérica, y convirtió a los títeres de «La Orquesta Argentina» en especialmente queridos por los espectadores.

También sobresale la figura de Miguel Prieto, que creó La Tarumba, trasladando La Barraca de García Lorca al mundo de las marionetas, pues la impronta del autor de «La casa de Bernarda Alba» es manifiesta en esa época: «La exposición -explica su responsable- muestra una Cartografía-Travesía del primer tercio del siglo XX, periodo en el que un grupo de artistas españoles ligados por sus derivas en el ámbito escénico en general, establecen una suerte de constelación creativa alrededor de tres compañeros de viaje: Segundo de Chomón, Ramón Gómez de la Serna y Federico García Lorca».

En el caso de Gómez de la Serna, el creador de la greguería, además de manifestar un enorme interés por el mundo del espectáculo y cultivar él mismo el teatro, es particularmente sugerente su reivindicación del circo -muy presente en «Intermedios»-, donde aprecia que lo grotesco de la vida se armoniza y adquiere expresión artística.

Como complemento a la exposición se ha editado una revista inspirada en las de ese periodo. Sin duda, «Intermedios» merece una refrescante y detenida visita.

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