ENTREVISTA:

Martín José García: «Me voy satisfecho por la labor y los buenos amigos que me llevo»

Tras casi una década al frente de las hermandades de la ciudad, el letrado deja el cargo con la satisfacción de haber conseguido importantes logros

Martín José García Sánchez, en su despacho
Martín José García Sánchez, en su despacho
ANA MENDOZA - Actualizado: Guardado en: Semana Santa

Martín José García afronta sus últimas jornadas como máximo responsable de las hermandades gaditanas. Han pasado un par de meses desde que el hasta ahora presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Cádiz anunciara que no optaría a la reelección y por tanto que no se presentaría al cabildo de elecciones previsto para este próximo martes 12 de septiembre. Martín se marcha con la discreción y serenidad que le caracterizan. Su paso por este cargo ha demostrado su admirable carácter conciliador. El letrado gaditano seguirá en activo profesionalmente aunque con su adiós del Consejo dispondrá de algo más de tiempo para su familia, algo que siempre ha anhelado.

–¿Si tuviera que hacer un balance de estos años, ¿cuál sería?

–Ciertamente muy positivo y enriquecedor como persona y como cristiano comprometido con la fe de Cristo.

–¿Ha conseguido todo lo que se propuso cuando llegó al Consejo?

–Nunca se consiguen todos los objetivos en cualquier proyecto humano, pero sí los fundamentales, como el restablecer la paz y la concordia interna en el Consejo a nuestra llegada tras una etapa turbulenta, mantener las ayudas municipales para la Semana Santa, otras nuevas para las hermandades de Gloria, el certamen literario, la legalización de la sede, la magna conmemorativa del Bicentenario, los encuentros con los presidentes de otras capitales, el nombramiento de pregoneros gaditanos como estímulo y reconocimiento a sus méritos, las campañas de Navidad y Reyes, los convenios firmados, la presentación de la Semana Mayor en Fitur y los últimos actos conmemorativos en honor de nuestra Patrona la Virgen del Rosario, así como otros muchos innumerables temas menores que nos han tenido plenamente ocupados las 24 horas de cada día.

–En efecto, ha sido un trabajo constante e intenso...

–Todo ha sido posible gracias tanto al equipo humano que me ha acompañado en la tarea como a la actitud y compromiso del pleno de hermanos mayores de cuyo buen hacer y comprensión destaco que todas las propuestas de la Permanente merecieron su aprobación tras pasar por las comisiones de trabajo que potenciamos y constituimos. La ayuda de la Iglesia a través del secretariado diocesano también ha sido clave, si bien mención especial merece mi filial reconocimiento a nuestro obispo don Rafael, por su inestimable ayuda en cuantos asuntos me he visto obligado a elevarle en cuestiones puntuales, obteniendo siempre de él una frase de estímulo, un consejo o una solución adecuada.

–¿Qué se ha quedado sin hacer?

–Se ha quedado pendiente por su dimensión e importancia, aún cuando se han puesto los cimientos, el ansiado, necesario e ilusionante Museo Cofrade del que en estos años hemos conseguido la elaboración del proyecto y la cesión de los antiguos talleres Velasco, por el anterior equipo de gobierno del Ayuntamiento y que esperamos sea algún día una realidad. Además de un espectacular escaparate para poner en valor el ingente patrimonio cofrade de Cádiz y un atractivo turístico de primer orden, este Museo supondría una gran ayuda económica y un lugar de encuentro para nuestras hermandades. El lugar cedido para su instalación en la Cuesta de las Calesas es idóneo de cara al desarrollo turístico de nuestra ciudad, por su cercanía con el puerto tras la futura remodelación de la zona, y así lo hemos comentado con el alcalde en alguna ocasión, que nos ha mostrado su interés al respecto. Ojalá algún día lo podamos ver hecho realidad por el bien de Cádiz y de las cofradías.

–¿Ha cambiado en algo su percepción de la vida tras esta experiencia de nueve años?

–De la vida no, pues como te decía soy creyente, y por ello mis convicciones giran acerca de la igualdad de todos los hombres y mujeres que pueblan la tierra, sin distinción de razas, credos, posiciones y lugares, tal y como predicó el rabí Jesús hace 21 siglos en esa tierra tan hermosa que suelo visitar de vez en cuando y cuyo recorrido me sirve para reafirmarme en los postulados de su doctrina. Eso sí, esta experiencia, como otras anteriores, aquellas deportivas con el Cádiz CF., me han servido para conocer en profundidad un sector de la sociedad tan importante y enriquecedor como el cofrade y cuanto de positivo tiene de cara a la sociedad. Las hermandades son una escuela para la vida y sobre todo para los jóvenes, tan necesitados de una formación y unos valores cimentados en la fraternidad, el respeto y la sana convivencia. Son además un recurso preciso y necesario para cuantos acuden a ellas en busca de ayuda y son sobre todo un testimonio firme y permanente del culto debido a nuestras imágenes. Personalmente me he enriquecido con esta experiencia cofrade.

–Su mejor recuerdo de esta etapa...

–En lo íntimo y humano las muestras de cariño y la comprensión de mis hermanos en la fe cuando llegaron las tribulaciones, y como muestra de ello el homenaje en el Palillero que no esperaba tras los tristes sucesos de la no salida del Perdón en la última Semana Santa. En lo exponencial, el éxito de la procesión magna del Bicentenario, el haber logrado un entendimiento y una cordialidad en las relaciones institucionales, tanto con el anterior equipo de gobierno como con el actual en beneficio de las cofradías.

–Su recuerdo más amargo...

–No tengo ningún recuerdo amargo. Si acaso mi tristeza por la no salida del Perdón tras las resoluciones dictadas.

–¿Cómo le gustaría que se recordara esta etapa en la que ha estado al frente del Consejo?

–Como la gestión y administración correcta de un gran equipo del que tuve el honor de ser su presidente, y del cual me siento muy orgulloso.

–¿Le costó mucho tomar la decisión de no continuar?

–Sí, sobre todo cuando me pedían que reconsiderara la decisión. Pero mi profesión, los compañeros del despacho, los clientes, y sobre todo mi familia requerían mayor dedicación por mi parte, y así lo expuse en una reunión a la permanente pidiéndole a Juan Carlos que se presentara él. Se lo merecía y será un buen presidente, seguro. Pero sí me voy con pena pero alegre por los muchos y buenos amigos nuevos que he sumado en estos años.

–¿Qué le diría al nuevo Consejo?

–Que no decaigan ante las adversidades ni ante las incomprensiones, que piensen siempre en el bien común y no en el propio o personal.

–¿Y a los hermanos mayores qué consejo le darías?

–Que cuando cesen sigan ayudando a sus hermandades, que no sean nunca vanidosos sino humildes y sensatos, que no se lo crean, que todos somos eslabones de la cadena y nadie es imprescindible, que al cofrade como cristiano no le hacen falta ni medallas ni varas, sino sentimientos para darse a los demas y a sus titulares, como todos saben

–Y a los gaditanos y cofrades en general, ¿qué les dirías?

–Pedirles respeto y comprensión. Que las cofradías son muy necesarias en los tiempos actuales por la labor que realizan tanto para las personas como para la sociedad y la economía. Que no son solo las procesiones o el culto interno, que detrás de los actos hay un colectivo de hermanos muy comprometidos con los demás y hay que valorarlo.

–¿Seguirá pendiente de la Semana Santa de Cádiz?

–Por supuesto, y al servicio de mis hermanos cofrades en lo que necesiten.

–¿Qué hará ahora con el tiempo libre que le queda? 

–Seguir trabajando lo primero como siempre. Suelo decir siempre que a mi edad, si el coche se para ya no arranca más. También digo que a mí me jubila el de arriba. En cualquier caso, ya en el último pleno que tuve el honor de presidir, al terminar, recordé a los hermanos mayores sobre el futuro las palabras de José María Pemán: «Conciencia tranquila y sana, es el tesoro que quiero. Nada pido y nada espero para ese día de mañana. No voy de la gloria en pos. Ni torpe ambición me afana. Y al nacer cada mañana, tan solo le pido a Dios: casa limpia en que albergar, pan tierno para comer, un libro para leer y un Cristo para rezar».

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