Formado por 50.000 cañas de bambú, este puente recorre más de un kilómetro sobre el río Mekong
Formado por 50.000 cañas de bambú, este puente recorre más de un kilómetro sobre el río Mekong - Paul Arps/Flickr

El increíble puente de bambú que se reconstruye cada año

El puente de Koh Pen, que cruza el río Mekong, se construye anualmente antes de la temporada de lluvias en Camboya

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En la pequeña isla de Koh Pen, totalmente rodeada de terreno camboyano, todavía se puede respirar la vida rural de este país del Sudeste Asiático. Por encima de las aguas del río «Mekong», que fluye a través de seis países, se mece un puente hecho íntegramente de bambú. Con una longitud de más de un kilómetro, esta pasarela formada por 50.000 cañas de bambú se reconstruye cada año. Antes de que comience la temporada de lluvias (de mayo a noviembre), los lugareños desmontan el puente manualmente y almacenan el material de bambú frente a las inundaciones fluviales. La continua construcción y desmantelamiento de este histórico viaducto se ha llevado a cabo cada año durante décadas, paralizándose únicamente en algunos períodos durante la Guerra civil camboyana, un conflicto que se produjo entre 1967 y 1975.

El puente de Koh Pen, marcado por la tradición, es un símbolo que refleja el paisaje cambiante de Camboya. Representando las tensiones entre lo viejo y lo nuevo, esta plataforma ha llamado la atención de los turistas que se acercan a la isla por su entorno natural y sus casas de colores. Sin embargo, a pesar de su popularidad, la costumbre local de «hacer y deshacer» este paso podría desaparecer. En 2017, el gobierno de Camboya mandó construir otro puente, esta vez de cemento, río arriba. Esta construcción permanente ha provocado temores de que este singular y complejo entramado de bambú desaparezca y con él, la tradición local que lo sustenta.

Coches, motocicletas e incluso «tuk-tuks» cruzan este puente cada día
Coches, motocicletas e incluso «tuk-tuks» cruzan este puente cada día - Paul Arps/Flickr

Este espectacular puente, que conecta la isla de Koh Pen con el margen continental de Kampong Cham, presenta un complejo proceso de construcción. Docenas de hombres de los poblados vecinos reconstruyen la pasarela en el tiempo récord de un mes. En primer lugar, los postes de bambú se clavan con fuerza en el arroyo del río y después, se añade una capa de cañas en horizontal formando la superficie. Finalmente, un gran número de postes o palos se colocan en diferentes ángulos completando la construcción. Estos postes se refuerzan únicamente con alambres trenzados que actúan como sujetacables.

Esta pasarela no es sólo un sendero para los turistas y los lugareños, sino que su estructura es lo suficientemente resistente para soportar el peso de coches, motocicletas e incluso «tuk-tuks» que cruzan el puente cada día. Las miles y miles de estrías de bambú que caracterizan a la superficie de este puente hacen el recorrido agitado y resbaladizo por su desnivel. Por la noche, bombillas pequeñas colgadas en los postes iluminan las tardes y las horas antes del amanecer. En la temporada de lluvias, cuando el puente no está levantado, un ferry es el que se encarga de llevar a los habitantes al otro lado del río.

Un paraíso conectado por el puente de Koh Pen

Bosques de bambú e hileras de plataneros conforman el paisaje de esta pequeña isla
Bosques de bambú e hileras de plataneros conforman el paisaje de esta pequeña isla - Travolution 360/Flickr

Esta pura obra de ingeniería no sólo merece una visita por su espectacularidad, sino por la isla que la alberga. Desmedida y llena de flora, la diminuta isla de Koh Pen es un auténtico escenario de la vida rural de Camboya. Al final del puente, se encuentra la comuna de «Kaoh Mitt». Lo más característico de este pequeño poblado son las puertas de colores que adornan cada casa. Incluso los hogares más humildes destacan por los tímidos detalles de flores en sus fachadas y sus cuidados jardines.

El paisaje de este pequeño paraíso natural tampoco decepciona. Sus bosques de bambú y las hileras de plataneros abren paso a extensos campos de arroz, que rodean el extremo norte de la isla. Una belleza natural que se puede contemplar desde el puente más largo y «cambiante» de bambú del mundo.