Huellas dejadas por gusanos gigantes hace 475 millones de años en una zona que entonces era el fondo del mar, en Cabañeros
Huellas dejadas por gusanos gigantes hace 475 millones de años en una zona que entonces era el fondo del mar, en Cabañeros - EFE/Mariano Cieza

El gusano gigante marino más grande del mundo vivió en los Montes de Toledo

La geo-ruta del Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros, nos muestra el pasado marino de la Península

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Un geólogo que llegara a estos pagos no se fijaría en la vegetación propia del monte mediterráneo –árboles del género Quercus aquí y allá, junto a romero, brezos y jaras y recuerdos de un pasado frío, como abedules, tejos o acebos– o en el vuelo majestuoso de un águila imperial o de un buitre negro. Diría más bien: «Estamos llegando al Cámbrico». Cuando el visitante pone el pie en el Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros (Ciudad Real y Toledo), y reflexiona sobre la historia del ser humano en la crónica global de la Tierra, se siente realmente empequeñecido. «Si nos pusiéramos de puntillas y estiráramos el brazo, la parte que ocuparía el hombre en el tiempo geológico sería la uña de un dedo de la mano», señala Julio Cabo, apasionado de la Geología y colaborador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y el Museo Geominero. Junto con su esposa Lola fundó hace más de dos décadas una casa rural en Navas de Estena que tomó su nombre de este estrecho paso –boquerón– por donde discurre el río. Julio presume de un pequeño pero bien nutrido museo de fósiles atesorado durante años, donde no faltan los trilobites, los famosos artrópodos del Paleozoico (hay en la zona una pared en la que ha quedado reflejadas las crucianas o huellas de reptación de un «ejército» de estos bichos).

Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros
Boquerón del Estena, en el Parque Nacional de Cabañeros

La geo-ruta del Boquerón del Estena es una de las excursiones más sencillas e instructivas que pueden hacerse en Cabañeros. El camino parte de Navas y supone un viaje de 500 millones de años atrás, al pasado inundado de la Península Ibérica. La garganta atraviesa estratos fosilíferos de los períodos Cámbrico y Ordovícico. A través del recorrido de ocho kilómetros entre ida y vuelta (dos horas con sus paradas reglamentarias) podemos ver las «cicatrices» de tiempos muy pretéritos, como rizaduras de oleaje, resaca o tormenta; las huellas de galerías excavadas por los gusanos gigantes marinos más antiguos del mundo y de artópodos anfibios que vivían en ambientes costeros poco profundos, y los efectos de los plegamientos y fracturas –como el afloramiento de la llamada Discordancia Toledánica– que se produjeron antes del nacimiento de Pangea.

Y si quiere completar un parpadeo de tiempo geológico, no pase por alto el parque nacional. Aquí puede reservar su visita guiada: www.visitacabaneros.es.