ANÁLISIS

Call of Duty: Black Ops IIII reinventa la saga con la fórmula Fortnite

Conservando un planteamiento clásico, la nueva entrega del videojuego bélico se pliega al fenómeno de moda llevándolo a nuevas sensaciones y prescindiendo por primera vez de una historia

MADRIDActualizado:

Con la mira puesta ante la posible llegada de un enemigo, los jugadores de «Call of Duty: Black Ops IIII» deben sentirse cómodos en un entorno muy familiar. El planteamiento de la nueva entrega poco cambia respecto a sus predecesores. Ritmo frenético, un curva de aprendizaje poco pronunciada pero muy alargada para un progreso digno y unas mecánicas fáciles de asumir. El principal viraje ha sido impregnar todo el juego bajo la fórmula «Fortnite», el fenómeno de moda.

El modo multijugador online es la correa de transmisión que pone en marcha al juego. Todo versa en torno a enfrentamientos directos contra otros videojugadores. Por primera vez se ha dado de lado a una historia más o menos trabajada. Esto condiciona todo lo que se puede encontrar en su interior. Es decir, no se puede jugar en solitario. Los modos de combate son variados, eso sí, pero destaca especialmente uno de ellos, «Blackout», por el cual los aficionados saltan al ruedo con las manos desnudas.

El desafío consiste en sobrevivir, para lo cual se hace necesaria la búsqueda de objetos, equipo y armamento. Nada más aparecer en el campo de batalla hay que saquear y explorar el entorno que si no estarás vendido a la suerte. Incluso el acceso al mapa de juego y los personajes -sobredimensionados y menos realistas que de costumbre- recuerda a los títulos «battle royale» como «PlayerUnknown's Battlegrounds» y «Fortnite». No se sabe si la compañía desarrolladora ha temido por su subsistencia a la hora de tomar esta decisión tan arriesgada pero lo cierto es que es interesante.

Aunque es posible empotrarse con un escuadrón, la razón de ser de este estilo de juego es combatir contra todos. No hay amigos; son todos enemigos. Es adrenalina y velocidad a borbotones. Sabiendo esto, es un atrevimiento dejarse engatusar por coberturas y edificios esperando el momento adecuado. Se premia el arrojo y la constancia. Al final de la partida se resuelve con un ranking en donde se revela tu posición final.

No es un planteamiento realmente novedoso, pero Call of Duty ha logrado depurar la fórmula y afinarla al extremo. Ha acertado de pleno. Se siente diferente pero familiar. Distinto pero reconocible. Y aún más divertido. Conexiones rápidas, solventes y fluidas, entornos variados y un armamento muy sofisticado permite al jugador adentrarse en partidas vertigionsas donde la voracidad de los enemigos es impecable, aunque el sistema de recompensas peca por ser demasiado parco.

Las primeras horas de juego, sin embargo, pueden reducir la euforia; en este juego siempre hay aficionados con más destreza y experiencia que tú, con lo que se requiere de un tiempo de aprendizaje para asumir por dónde van los tiros, nunca mejor dicho. La saga también ha continuado con la incorporación de zombies, cuya misión es sobrevivir a ellos pero que en esta ocasión sí cuenta con una pequeña trama en la que hay que salvar a un soldado.. Es una experiencia más tradicional y que cambia poco lo visto anteriormente.

Gráficamente, el nuevo Call of Duty sigue los patrones de las últimas entregas procurando ofrecer una reconstrucción visual impecable, aunque algo pobre en detalles como la iluminación y variedad de objetos alrededor. El dramatismo bélico que ha acompañado en muchas entregas ha desaparecido pero ha dado pie a una idea moderna que puede llegar a un público más amplio si cabe. La pregunta es si el «battle royale» ha llegado para quedarse. O no.