Álex Zamora, con solo diez años es el mejor cuarto piloto del mundo en la modalidad de carreras de drones - Vídeo: David del Río | Foto: Guillermo Navarro

La promesa de los drones tiene diez años y es de Cuenca

Álex Zamora es cuarto en el ranking mundial de pilotos y ha viajado por todo el mundo compitiendo de manera profesional

MadridActualizado:

Alejandro Zamora tiene la apariencia de un niño de su edad: delgado y nervioso, no llega al metro y medio. Le encanta jugar al videojuego de moda entre los jóvenes, el popular «Fortnite», después de acudir a sus clases en la escuela de su pueblo, en Chillarón de Cuenca. No es mal estudiante, aunque la asignatura de inglés se le atraganta un poco más que las demás. La diferencia con el resto de sus compañeros es que Álex, en vez de ir a jugar al campo de fútbol de su pueblo los fines de semana, tiene su propio circuito de carreras de drones al lado de casa al que va a entrenar sábados y domingos. Porque este conquense, aparte de un niño que cursa cuarto de Primaria, es piloto profesional, y no uno cualquiera: a sus diez años ha conseguido colocarse cuarto en el ranking mundial en apenas dos años de andanza profesional.

El «gusanillo» de la velocidad se lo ha transmitido su padre, Benjamín Zamora, aficionado al aeromodelismo y el encargado de la puesta a punto de sus drones en la competición. El pequeño Álex le acompañaba a las exhibiciones, maravillado por lo que podían hacer aquellos aparatos. Por eso, hace un par de Navidades les pidió a los Reyes Magos un dron y Sus Majestades le concedieron el deseo. Su destreza aumentaba enteros según pasaban los meses y, en agosto de ese mismo año, sus padres decidieron comprarle uno más potente. A las dos semanas de caer en sus manos aquel artefacto, Álex se presentaba a su primera carrera profesional, el campeonato de España. Contra todo pronóstico, quedó primero, bautizándose como una de las promesas de la competición. Un año después ya estaba en el top cinco de los mejores pilotos de drones de carreras.

Seguir entrenando

«Estoy muy contento, pero no porque sea cuarto del mundo voy a parar de entrenar; tengo que seguir para ser el mejor», dice con una amplia sonrisa. Si se le pregunta acerca de si prefiere participar en las competiciones o quedar primero, vuelve a reír y admite que lo que le motiva es «ganar». Igual que los «mayores» (que tampoco tienen demasiados años, pues la media de edad de los pilotos no llega a los 20), su gesto cambia cuando se sienta en la silla de competición, se pone unas gafas de Visión en Primera Persona (por sus siglas en inglés, FVP), que son similares en apariencia a las de realidad virtual y por las que se ve el recorrido como si se estuviese dentro del dron, y se prepara para la carrera.

Sin que sus pies lleguen al suelo y con la cabeza agachada, porque si no se le escurren las gafas de la cara, maneja el dispositivo con una soltura que abruma. Mientras, su dron surca los aires a 140 kilómetros por hora con un agudo zumbido que varía según hace piruetas sorteando obstáculos y pasando a través de arcos de apenas un metro de altura.

Compromiso a pesar de la edad

Es miércoles, cuatro de julio, y Álex se encuentra en la Plaza de Toros de las Ventas participando en la Drone Champions League (DCL), liga en la que se baten los mejores del mundo en la categoría. Se trata de una competición por equipos y el joven piloto participa con otros cuatro compañeros del Team Wild Props: el español Daniel Pachón, de 30 años; Slhomo Dallal, procedente de Israel, de 16; y Adam Blackburn, británico que también tiene 10 años y se queja con Álex sobre algún problema con las gafas. «En las carreras por equipos tienes muchas oportunidades porque si tu dron cae, puede que gane otro de los tuyos; pero prefiero competir solo, porque solo dependes de ti», comentaba profesional Álex minutos antes de meterse en faena deportiva a ABC.

Ese compromiso también se nota hoy porque, aunque tiene unas décimas de fiebre «de estar todo el día en la piscina ayer» -explica su madre-, el piloto conquense cumple con las dos citas puntuables que se celebran por primera vez en Madrid. El viernes anterior estuvo en Munich y la siguiente parada es China, pero ya ha pasado por países como Bulgaria, Rumanía o Corea del Sur. «Llevo bien lo de viajar porque me gusta mucho montar en avión», afirma. Lo que parece que le pesa más son las múltiples entrevistas con los medios, que se sienten atraídos por la historia de un joven que sorprende por su competitividad y pasión. «Pienso quedar primero, aunque también es suerte y lo que hagan tus compañeros: tú lo puedes llevar muy bien, pero si tu equipo no, no pasas».

De cara al futuro, Álex se sigue viendo en el circuito profesional: «No creo que me aburra. Mola mucho competir contra otros, relacionarme con ellos… esto me gusta. Y todos son amigos míos». También tiene claro lo que quiere conseguir un poco más allá de eso. «De mayor quiero ser piloto de caza porque es estar dentro, no verlo por unas gafas». Suena la famosa canción de AC/DC, «Thunderstruck», mientras los Wild Props se suben al escenario de las ventas para volar sus drones. Una vez que alzan el vuelo, el público olvida que son niños quienes manejan esos endiablados aparatos.