El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un - Afp

Trump y Corea del Norte: del apocalipsis nuclear a un histórico encuentro cara a cara

El presidente de EE.UU. ha pasado de amenazar a Kim Jong-un a anunciar que será el primer inquilino de la Casa Blanca en reunirse con un dictador norcoreano

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Con unos personajes tan excesivos como Donald Trump y Kim Jong-un, solo había dos opciones: o una guerra nuclear o una cumbre histórica. Afortunadamente, se ha impuesto la cordura y Trump ha optado por «marcarse un Nixon». Emulando a aquel presidente, el primero de Estados Unidos que visitó la China comunista y se reunió con Mao en 1972, el impulsivo magnate puede pasar a la Historia como el primer inquilino de la Casa Blanca en celebrar una cumbre con un dictador norcoreano. A la espera de ver dónde se encontrarán ambos en mayo, la cumbre podría ser todo un bombazo diplomático en caso de tener lugar en Pyongyang.

Pero no ha sido fácil llegar hasta aquí, ya que hace solo un año ambos países estaban al borde de la guerra. Tras declarar que se había «acabado la paciencia» con Corea del Norte, en clara alusión a la política mantenida por Barack Obama, Trump endureció su discurso contra Kim Jong-un al ver que la mediación china no surtía ningún efecto.

Kim Jong-un, en una imagen difundida al anunciar Corea del Norte el desarrollo de una bomba de hidrógeno
Kim Jong-un, en una imagen difundida al anunciar Corea del Norte el desarrollo de una bomba de hidrógeno- Afp

Haciendo oídos sordos a sus advertencias, el régimen estalinista de Pyongyang continuó con su «diplomacia atómica» y siguió adelante con sus ensayos de misiles. Para tensar aún más la cuerda, incluso permitió la entrada de un centenar de periodistas extranjeros en abril con motivo del «Día del Sol», el aniversario del nacimiento de Kim Il-sung, fundador de la patria y abuelo del actual dictador. Ante las cámaras de todo el mundo, Kim Jong-un lució su nuevo arsenal de misiles en otro de sus espectaculares desfiles militares.

Aunque Trump anunció el envío de una «armada» con un portaaviones, luego se descubrió que era otro más de sus faroles, ya que dicho buque iba en realidad en dirección contraria: hacia unas maniobras en Australia.

Tras esta escalada militar en primavera, habitual por las maniobras conjuntas entre EE.UU. y Corea del Sur que Pyongyang considera un simulacro de invasión, ni siquiera el cambio de Gobierno en Seúl rebajó la tensión. Ante el triunfo electoral del progresista Moon Jae-in, que abogó desde el primer día con retomar el diálogo, Kim Jong-un respondió con más lanzamientos de misiles. A un ritmo de casi uno por semana hasta el verano, sus proyectiles demostraron la mejora de su capacidad ofensiva porque, según los expertos, algunos eran misiles intercontinentales capaces de golpear todo el territorio estadounidense.

Kim Jong-un observa el lanzamiento de un misil en una imagen difundida en 2017
Kim Jong-un observa el lanzamiento de un misil en una imagen difundida en 2017 - Reuters

Con una nueva amenaza sobre la isla de Guam y dos misiles que sobrevolaron Japón, la tensión volvió a repuntar mientras la ONU castigaba a Pyongyang endureciendo sus sanciones internacionales. En este sentido, parece haber sido decisiva la colaboración de China para cerrarle a Corea del Norte su única fuente de ingresos, reduciendo sus envíos de petróleo e importaciones de carbón y marisco.

En medio de un cruce de insultos en el que llamaron «Hombre Cohete» y «Viejo Chocho», Kim Jong-un provocó de nuevo a Trump en septiembre con su sexta y más potente prueba nuclear, respondida de nuevo con más sanciones. Tras la gira asiática de Trump en noviembre, Corea del Norte cesó en sus provocaciones y mantuvo un perfil bajo hasta que Kim Jong-un dio un nuevo bombazo, esta vez diplomático. En su discurso de año nuevo, tendió la mano al diálogo con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebraban en febrero en el condado surcoreano de PyeongChang.

«Las dos Coreas están ansiosas por evitar una nueva guerra que tendría consecuencias devastadoras para ambas partes. Esa es la principal razón detrás de la suave y sin precedentes rápida solución de todos los problemas sobre la participación del Norte en los Juegos Olímpicos de Invierno, así como de la cordial recepción de ambas delegaciones, casi fraternal», analiza para ABC el profesor Alexander Zhebin, director del Centro Coreano en el Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias. A su juicio, «ambas partes tienen motivos muy urgentes y diferentes para retomar su cooperación económica», pero «Corea del Norte tendrá que resolver la cuestión nuclear con EE.UU. de forma bilateral».

El «deshielo olímpico»

Dicho «deshielo olímpico» no solo llevó a las dos Coreas a desfilar juntas y bajo una misma bandera – la de la reunificación – en la ceremonia de inauguración, sino a una visita histórica de la hermana del dictador, Kim Yo-jong. Convirtiéndose en el primer miembro de la familia Kim en visitar el Sur, coincidió en el palco de autoridades con el vicepresidente estadounidense, Mike Pence, pero ni se miraron. Mejor le fue con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, a quien invitó a cumbre en Pyongyang.

El presidente surcoreano, saluda a Kim Yo-jong, hermana del líder de Corea del Norte
El presidente surcoreano, saluda a Kim Yo-jong, hermana del líder de Corea del Norte- Efe

Devolviéndole la visita, una delegación surcoreana se reunió este lunes con Kim Jong-un, que acordó reunirse con Moon Jae-in a finales de abril en el puesto fronterizo de Panmunjom, en pleno Paralelo 38. Además, se mostraba dispuesto a renunciar a sus armas nucleares si la Casa Blanca le daba garantías de seguridad al régimen. Pero eso no era todo. El enviado surcoreano, el consejero de Seguridad Nacional, Chung Eui-yong, viajó después a Washington para transmitirle a Trump el mensaje que le había dado Kim Jong-un. A su oferta para reunirse, acompañada de una moratoria de sus ensayos de misiles y nucleares, el presidente estadounidense respondía de inmediato y aceptaba celebrar en mayo una cumbre que será histórica. Como el viaje de Nixon a China en 1972.