Las personas hacen cola para comprar el libro «Miedo» en una librería en Nueva York
Las personas hacen cola para comprar el libro «Miedo» en una librería en Nueva York - D. Alandete

Todos los filtradores del presidente

Sale a la venta el libro que condena a toda una presidencia

WashingtonActualizado:

A los efectos que la presidencia de Donald Trump está teniendo sobre Estados Unidos hay que añadir el de la lectura. Sólo alguien como el actual inquilino de la Casa Blanca puede lograr una escena como la de anoche: en plena era de Amazon y del libro electrónico, medio centenar de personas esperaba en fila en Kramerbooks, una céntrica librería de Washington, para comprar un ejemplar en papel de «Miedo: Trump en la Casa Blanca», la investigación del veterano periodista Bob Woodward sobre los primeros meses de la actual Administración norteamericana. Horas antes de que saliera a la venta el ejemplar, en la medianoche de este 11 de septiembre, la editorial Simon & Schuster anunció que había ordenado ya la séptima impresión, lo que supone un millón de ejemplares en circulación.

Este libro añade a los diversos escándalos que asedian a la Casa Blanca —desde las sospechas de gastos irregulares en la campaña electoral a la investigación de la trama rusa— un problema de los que más le duelen a Trump: una crisis de relaciones públicas a dos meses de unas elecciones legislativas que, si ganan los demócratas, pueden acabar en su «impeachment» (recusación).

De las muchas anécdotas sobre el carácter impetuoso, irascible e irracional de Trump emerge el relato de que una serie de personas a su alrededor tratan a toda costa de evitar un desastre antológico, sea este la ruptura de relaciones comerciales con Corea del Sur o la retirada unilateral de todas las tropas norteamericanas en conflictos en el extranjero. Tal y como dice el exasesor económico del presidente, Gary Cohn, lo relevante «no es lo que hemos hecho por el país, sino lo que hemos impedido que Trump le haga al país». Se trata, por así decirlo, de salvar al ‘trumpismo’ de Trump, porque todas estas personas a las que cita Woodward están de acuerdo con las políticas del presidente —bajadas de impuestos, reducción del gasto público, desregulación del mercado— pero detestan a este de una forma evidente.

El libro de Woodward es, más que una condena del personaje de Trump, la demostración de que Washington cuenta con resortes para salvarse ante cualquier eventualidad, incluida la de un presidente iconoclasta dispuesto a hacer saltar por los aires cualquier convención. No hay, al parecer, tabúes para el presidente, ni siquiera la OTAN, a la que considera «obsoleta» y «cara». De los Estados de la Unión Europea asegura que no hay ni uno que pueda considerarse un aliado real de EE.UU.: «No tenemos ni un socio». De las empresas europeas —Siemens, Peugeot, Volkswagen— dice que son «jodidamente miserables» por hacer negocios en Irán.

Fuentes anónimas

La reacción de Trump ante el libro ha sido el insulto a su autor, algo habitual ante cualquier información crítica con su presidencia, con la salvedad de que en esta ocasión el objeto de su ira es ni más ni menos que una de las instituciones vivas del periodismo político norteamericano, uno de los reporteros que reveló el escándalo del «Watergate» y el cronista oficioso de la vida y obra de los pasados cuatro presidentes. Cuando Trump ha calificado a Woodward de «mentiroso, agente de los demócratas cuya obra es una broma y un timo», se ha encontrado con la oposición casi unánime de la prensa en bloque y de comentaristas y opinares a izquierda y derecha.

Lo cierto es que, como denuncia Trump, los cientos de fuentes que maneja Woodward para el libro son anónimas y varios de los protagonistas de sus investigaciones, como el ministro de defensa, James Mattis, o el jefe de gabinete, John Kelly, han desmentido las citas que les atribuye. Pero, ¿cómo creer algo que dice alguien de una Administración en caos permanente, caracterizada por sacudidas constantes? La semana pasada un anónimo alto cargo publicó una tribuna en «The New York Times» revelando la existencia de una supuesta resistencia interna a Trump, para «frustrar parte de su agenda y sus peores impulsos». Era la confirmación, en forma de breve avance, de lo que Woodward revela en el libro.

Y a pesar del anonimato, que permite a las fuentes de Woodward explayarse sin temor a represalias, este cita incluso documentos clasificados. Es el caso de la minuta de una reunión sobre seguridad nacional que revela el que puede ser el motivo de las constantes filtraciones y pequeñas traiciones del círculo cercano del presidente: la humillación. «El presidente procedió a reñir e insultar a todos los asistentes porque no sabían nada sobre defensa o seguridad nacional. Parece claro que muchos de los principales asesores del presidente, especialmente aquellos en el ámbito de la seguridad nacional, están extremadamente preocupados por su naturaleza errática, su relativa ignorancia, su incapacidad para aprender y sus opiniones, que consideran peligrosas».

Woodward ha escrito abundantemente sobre guerras, sobre todo las que comenzó George W. Bush y continuó Barack Obama. En esta ocasión, sin embargo, se centra en una guerra interna en la Casa Blanca, avivada por la naturaleza misma de Trump y reflejada en la cita que le da al libro su título: «El poder de verdad es, y no quiero ni siquiera usar la palabra, miedo». Ni siquiera tiene que dedicarle el autor un gran número de páginas a las investigaciones del fiscal Robert Mueller o la trama rusa. Le basta con los exabruptos de Trump, los despidos a destiempo y el resentimiento apenas disimulado de ministros y altos funcionarios que han cesado en menos de dos años de Gobierno.

El libro contradice además algunas informaciones previas sobre el distanciamiento entre el presidente y la primera dama: «Se demuestran un afecto sincero, a pesar de los rumores». Eso sí, Trump no deja de ser Trump. Cuando un amigo le revela que ha acosado a una mujer y lo ha admitido, el presidente le dice: «Tienes que negarlo, negarlo y negarlo, y pelear contra esas mujeres. Si admites cualquier culpabilidad, estás muerto». Es un consejo y, en Trump, una forma de supervivencia.