Activistas anti-Brexit envueltos en banderas temáticas de la Unión y de la UE durante una manifestación cerca del Parlamento - AFP

Theresa May se juega hoy su futuro con una tercera votación sobre el Brexit

La Cámara votará el acuerdo en dos partes en un intento de lograr retrasar la salida de Reino Unido de la Unión Europea hasta el próximo 22 de mayo

Corresponsal en LondresActualizado:

En una jugada demasiado arriesgada, Theresa May volverá a llevar su pacto hoy al Parlamento británico para tratar que los diputados británicos den, al fin, su visto bueno a una salida ordenada de Reino Unido de la Unión Europea. Necesitaba la primera ministra algún tipo de treta para saltarse la advertencia del presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, de que no podía presentar el mismo plan por tercera vez y lo que el Gobierno ha hecho es partir el acuerdo al que llegó May con Bruselas en dos partes.

Sus señorías volverán a pronunciarse sobre este, en un debate especial con la votación final sobre las 15:30 hora española(14.30 GTM), pero lo harán solo sobre el Acuerdo de Retirada y no sobre la Declaración Política. Desde Downing Street se aferran a la carta de que si sus señorías dan el brazo a torcer se evitaría que Reino Unido se vea obligado a un Brexit sin acuerdo el 12 de abril y retrasaría la fecha de salida hasta el 22 de mayo. De hecho, la portavoz del Gobierno en el Parlamento, Andrea Leadsom, confirmaba que será la última oportunidad para poder lograr un retraso del Brexit y aprobar toda la legislación pendiente antes de las elecciones europeas –a celebrarse el próximo 26 de mayo–.

Sin embargo, el riesgo que toma el Ejecutivo hoy es muy alto ya que si, finalmente, no consigue superar esta prueba (las matemáticas no están a favor de la «premier») ya no podrá volver a la Cámara de los Comunes con otra votación de este tipo con un Bercow que vigila de cerca. May pretende atraer algún voto entre el sector más pro-Brexit de las filas laboristas –que ya confirmaron su rechazo– infundiendo la amenaza de que no aprobarlo ahora abriría las puertas a un cancelamiento de todo el proceso.

Un documento no oficial

A eso se suma que ayer el DUP, el socio norirlandés de May, volvía a reiterar su rechazo frontal al pacto. Tampoco parece claro que toda la facción euroescéptica «tory» se suba al tren de la primera ministra y termine apoyándola. Ayer aún quedaba varios integrantes de este grupo de diputados que no mostraban ningún signo de que iban a cambiar de idea. De hecho, el parlamentario y vicepresidente del European Research Group (ERG, la agrupación de eurófobos conservadores) Mark Francois, aseguraba que no dará su voto positivo «ni, aunque me pongan una pistola en la boca».

El problema sigue siendo el mismo, la «salvaguarda» de la frontera irlandesa que figura en ese acuerdo de retirada firmado con Bruselas y que las autoridades europeas se niegan a renegociar. Es el punto clave de todo el proceso y el que está evitando que el Brexit tenga un final acordado desde hace meses. El documento, de casi 600 páginas y 185 artículos, fija todas las condiciones para la salida ordenada de la UE y, tanto desde Londres como desde la capital comunitaria, se sigue confirmando que es el «mejor acuerdo y el único posible».

El paso que da el Gobierno es relegar a un segundo escalón de importancia, por ahora, esa declaración política que fija las bases de cuál será la relación futura entre ambas partes tras consumarse la salida. Al no ser un documento con validez legal se puede modificar y May podría ser más flexible a la hora de negociarlo con el Parlamento para buscar otra aproximación con la UE más cercana en forma de algún mecanismo parecido a una unión aduanera.

De poco le puede valer esto a la primera ministra británica. Tanto o menos como su inmolación del miércoles cuando aseguró a sus diputados que dimitiría si estos apoyan el texto. Si bien es cierto que varios de los más euroescépticos «tories» cambiaron de bando, para lo único claro que sirvió ese movimiento fue para que los resortes de la carrera por el liderazgo del partido conservador saltaran. A la cabeza de la lista y esperando el momento sigue el archienemigo de May, un Boris Johnson que ya ha venido recabando donaciones para potenciar su candidatura.

Johnson, el favorito

Todas las encuestas y apuestas lo dan como favorito, pero tiene un hándicap tan poderoso que nadie se atreve a vaticinar su victoria: provoca alergia al sector más pro-europeo y moderado de los «tories». Lo mismo le pasa al exministro para el Brexit, Dominic Raab, que contaría con el apoyo de los euroescépticos que no votarían a Johnson, pero que fuera de esa facción no tendría muchas posibilidades.

Con mejores ojos se verían tres candidaturas que polarizarían menos el voto. Son las de los ministros de Medio Ambiente, Michael Gove; de Interior, Sajid Javid; y de Exteriores Jeremy Hunt. El primero se ha ganado el respeto de los más pro-europeos tras mostrar su lealtad a May a pesar de ser uno de los arquitectos del Brexit, mientras que sus compañeros de Gobierno serían una apuesta de consenso entre ambos bandos.