Imagen de la sentada en el aeropuerto de Hong Kong
Imagen de la sentada en el aeropuerto de Hong Kong - Reuters

Sentadas en el aeropuerto y marchas prohibidas en otro fin de semana convulso en Hong Kong

Dos meses después de estallar las protestas, y tras una histórica huelga general, sigue la revuelta contra el autoritarismo de China por la ley de extradición, suspendida pero no retirada

Corresponsal en PekínActualizado:

Tras la histórica huelga general del lunes, que desató la anarquía y violentos enfrentamientos por toda la ciudad, Hong Kong vive un nuevo fin de semana de protestas contra el autoritarismo del régimen chino.

Como el pasado 26 de julio, desde el viernes hasta el domingo hay convocadas sentadas multitudinarias en el aeropuerto, uno de los más transitados del mundo, con el fin de «informar» a los pasajeros que aterrizan en Hong Kong, sobre todo a los que vienen de China continental. El objetivo es «concienciarlos» de las protestas contra la ley de extradición a China, suspendida pero no retirada. Pero, como pudo comprobar este corresponsal en la concentración de hace dos semanas, en ocasiones estalla la tensión porque algunos de estos pasajeros que vienen del interior del país están imbuidos del nacionalismo que propugna el régimen de Pekín y se enfrentan a los manifestantes.

Para este sábado hay convocada una concentración en el distrito Central, que ha sido autorizada, y dos marchas en Tai Po y Wong Tai Sin. Aunque estas dos últimas han sido prohibidas por la Policía, los manifestantes han acudido a Tai Po y cortado varias calles entre los avisos de los agentes para dispersarse. Como en fines de semana anteriores, se teme una nueva jornada de incidentes.

Para el domingo hay convocada otra concentración en el parque Victoria, autorizada por la Policía. Debido a su alto riesgo, las autoridades han vetado otra manifestación en la cercana zona comercial de Causeway Bay que tenía previsto dirigirse a North Point. Este es el barrio donde, el lunes, partidarios del régimen chino atacaron a los manifestantes con cañas de bambú y se desató una reyerta. Como muchos de sus vecinos proceden de la provincia de Fujian, las protestas han exacerbado las tensiones nacionalistas entra la comunidad local, que habla cantonés y pide democracia, y los inmigrantes del interior de China, que hablan mandarín y apoyan a las autoridades y la Policía. Agrupados en torno a la organización «Proteger Hong Kong», este sábado han visitado algunas comisarías para darle ánimos a los agentes. Con el fin de impedir nuevas peleas que hagan estallar la olla a presión en que se ha convertido la ciudad este verano, 3.000 policías serán desplegados el domingo para vigilar la concentración en el parque Victoria, ya que hay sospechas de que han llegado refuerzos desde Fujian para enfrentarse a los manifestantes.

En medio de este clima de agitación social, la jefa ejecutiva del Gobierno local, Carrie Lam, se reunió el viernes con 33 representantes empresariales, que iban desde el sector turístico hasta el financiero pasando por el comercio, para advertirles del riesgo para la economía que entrañan las protestas. «Esta desaceleración económica es muy rápida y algunos ya han dicho que viene como un tsunami. Comparada con otras recesiones que hemos tenido, como las causadas por la epidemia del Sars y anteriores tormentas económicas, me temo que esta es más seria», alertó Lam, según informa el periódico «South China Morning Post». Ignorando las demandas de los manifestantes, que le exigen la retirada de la ley de extradición, una investigación independiente de la fuerza policial, el sobreseimiento de cargos contra los detenidos, su dimisión y reactivar el proceso democrático para tener sufragio universal, insistió en que “solo hay un punto de partida: debemos parar la violencia”.

Lo que empezó hace dos meses como una protesta contra una ley que los hongkoneses temían que mermara sus libertades, mayores que en el resto de China, ha derivado en una revuelta contra Pekín con tácticas de guerrilla urbana que cada fin de semana revoluciona a Hong Kong.