Foto de familia de la cumbre de la Unión Africana del pasado sábado, en la que se trató de la crisis de Burundi
Foto de familia de la cumbre de la Unión Africana del pasado sábado, en la que se trató de la crisis de Burundi - AFP

La paradoja de las tropas de paz de Burundi

A pesar de las matanzas en su territorio, el Gobierno de Buyumbura rechaza el despliegue de un contingente internacional para poner fin a la crisis política. Mientras, el país africano mantiene una fuerza de 5.000 soldados en Somalia

Corresponsal en Accra Actualizado: Guardar
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La Unión Africana (UA) no enviará finalmente tropas de paz a Burundi, tras la oposición del Gobierno de este país a su despliegue. A mediados de diciembre, la organización había autorizado una operativo de 5.000 soldados en territorio burundés, ante el recrudecimiento de la crisis política en la región de los Grandes Lagos. Entonces,el Consejo de Paz y Seguridad de la UA justificaba el contingente armado en la necesidad de proteger a los civiles y ayudar a crear condiciones para la recuperación del diálogo entre los actores en conflicto. No obstante, de forma inmediata, el presidente burundés, Pierre Nkurunziza, rechazó esta medida y denunció una injerencia en los asuntos de su país.

A pesar de la pataleta del mandatario, los estatutos de la Unión Africana garantizaban la legalidad del operativo, al estar autorizado el envío de tropas cuando se producen amenazas de crímenes de guerra y de lesa humanidad contra un estado miembro. Y en Burundi, las cifras hablan por sí solas: el actual conflicto se remonta a abril, tras la decisión del presidente Nkurunziza de presentarse a un nuevo mandato. Un golpe en la mesa que amenaza la estabilidad regional después de doce años de guerra civil. Desde entonces, al menos 439 personas han sido asesinadas y 240.000 han abandonado el país (en un Estado de poco más de 10 millones de habitantes). De igual modo, Amnistía Internacional revelaba recientemente la existencia de fosas comunes de la represión orquestada desde el Gobierno.

Sin embargo, la Unión Africana ha preferido no intervenir en una clara victoria del presidente Nkurunziza. «Queremos dialogar con el Gobierno de Burundi», aseguraba Smail Chergui, comisionado de la UA para la Paz y la Seguridad, tras dar marcha atrás el grupo panafricano de forma oficial en su decisión de imponer el destacamento.

Contigente clave en Somalia

Curiosamente, mientras Nkurunziza impide el despliegue de tropas en su territorio, en el exterior otorga carta blanca. En la actualidad, Burundi aporta el segundo mayor contingente a las fuerzas de la Unión Africana en Somalia (Amisom) con 5.432 soldados. De igual modo, su experiencia en el terreno se remonta a diciembre de 2007.

Es más, en su primera aparición pública tras sufrir un intento de golpe de Estado en mayo, el presidente Nkurunziza denunciaba su «preocupación» por un posible ataque de la milicia somalí de Al Shabab en su territorio. Aquí, el juego de intereses es claro: de producirse un despliegue de cascos azules en Burundi, Nkurunziza reconsideraría su posición con respecto a las tropas de Somalia. Y, de momento, esto es algo que la Unión Africana no puede permitirse.