«Hay otras 200 'Palmiras' en peligro en el territorio amenazado por Daesh en el mundo»

El arqueólogo y experto en el patrimonio sirio Jesús Gil Fuensanta ha analizado para ABC la liberación de esta ciudad milenaria que ha estado bajo control de los yihadistas en los últimos diez meses

MadridActualizado:

Con la liberación de Palmira, las fuerzas de Bashar al Assad apoyadas por los bombardeos rusos le han asestado un golpe mortal al autodenominado Estado Islámico o Daesh. Desde esta ciudad milenaria y patrimonio de la Humanidad, los terroristas lanzaron una de sus principales campañas de propaganda de destrucción y venganza contra la civilización en su lógica de vendetta a Occidente. Pese al daño moral e histórico de estos diez meses de ocupación yihadista, se ha podido mantener «a salvo» casi el 80% de las ruinas de Palmira, según el director de Antigüedades de Siria, Mamun Abdulkarim.

«Aquí han sido los propios ciudadanos los que han custodiado las ruinas. Sabían que de Palmira depende su futuro y el de sus familias, desde octubre, tras la destrucción ese verano del templo de Baal, los yihadistas no hicieron más barbaridades porque todo el pueblo se les habría echado encima», ha revelado el director de Antigüedades con satisfacción, según se recoge en la edición de este martes de ABC.

El estado de la ciudad, grabada las pasadas horas por un dron desde su cielo, certifica una «amarga victoria» después de que se haya reducido los daños tras la amenaza del Daesh de una destrucción sin paliativos en la toma de Palmira hace diez meses. Así y todo, «es de ilusos pensar que se va a poder reconstruir Palmira», ha asegurado Annie Sartre-Fauriat, miembro del equipo de expertos de la Unesco para el patrimonio sirio.

En cambio, para el Doctor en Arqueología y Prehistoria por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) Jesús Gil Fuensanta, la labor de la Unesco es cuando menos discutible, sobre todo por la presencia de la figura del turco Selami Yildiz. «Hemos criticado la elección de miembros no académicos para proteger el patrimonio, incluso en los últimos tiempos se ha aumentado el tráfico de antigüedades».

[Consulta este especial sobre el antes y después de Palmira]

—En un encuentro con periodistas y académicos sobre propaganda yihadista organizado en enero por «Es Global», uno de los allí presentes habló muy bien de usted y al presentarle tras una pregunta que hizo sobre cine y yihadismo dijo que usted hablaba persa y otras lenguas de la región. ¿Podría decirme cuántas habla en total?

—Cada ser humano tiene un par de talentos, y uno de los míos es el dominio de los idiomas. Sé conjugar, conozco los principales de la zona como el árabe, turco, persa o kurdo, y los más hablados en Occidente.

—Ha publicado numerosos informes académicos sobre la destrucción del Patrimonio en Siria, incluso antes del auge de Daesh. Ya en 2013 alertaba de este problema. Conoce bien Palmira, ¿cuántas veces ha estado allí?

—Antes de la contienda fui allí una media docena de veces, todas antes de las protestas de la mal nombrada «primavera árabe», para la que desde un primer momento en el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) nos referimos como «invierno árabe». Se ha visto que esta serie de revueltas iban a transformarse en guerras civiles que traerían más infortunio, luchas fratricidas entre chiíes y suníes al tiempo que se extenderían a Occidente de manera interna u externa.

Jesús Gil Fuensanta, Dr. en Arqueología
Jesús Gil Fuensanta, Dr. en Arqueología

Hace cerca de dos años ya habíamos alertado sobre el patrimonio que está siendo destruido cuando no vendido por los llamados «yihadistas» de Siria. Pero no solo los terroristas de Daesh se han dedicado a destruir o al contrabando de estas antigüedades. En un artículo para el IEEE en 2013 junto a V. Toscano Rivera se señaló que las propias fuerzas de Assad también dañaba este patrimonio. [«En la ciudad aún hay estacionados carros de combate de las fuerzas gubernamentales, además de numerosas armas diseminadas en sus calles y edificios. Durante su posicionamiento se vieron afectadas varias columnas y diversos elementos arquitectónicos, incluyendo estatuas, especialmente en el sector occidental de la ciudad», escribía por entonces]. El Daesh solo ha multiplicado este fenómeno en los territorios que controla.

Las primeras destrucciones de patrimonio perpetradas por el Daesh fueron tumbas de santones en Raqqa, la considerada capital del Daesh, a mediados del verano del 2013. El Crac de los Caballeros, que los árabes llamaban Qalat al-Hosn (el «castillo impenetrable»), es la construcción más afectada por la lucha que allí tuvo lugar durante el verano del 2013.

—¿Considera cierta la estimación de que se mantiene en buen estado el 80% de las ruinas? ¿Y que volverá a su situación anterior en 5-7 años?

—Es relativamente cierto, basándonos en las imágenes aéreas que se han hecho públicas. Con respecto a la segunda, no lo creo. Es una previsión demasiado optimista: puedes hacer una reconstrucción, si se ha destruido completamente, solo puedes hacer una nueva construcción. Así ha pasado en Afganistán. También se pueden rescatar todas las piezas que están en el tráfico de antigüedades gracias a Interpol. Pero no volverá a ser la misma y menos en solo cinco años.

Por suerte, no todos los edificios fueron volados y parte de estos han sido vendidos. Como se ha sabido en estos años, se autofinancian con esas ventas de obras de arte.

—Se dice que ha sido el propio pueblo de la zona el que ha evitado una mayor destrucción de Palmira, ¿cree que ha sido así?

—Aunque suene a lugar común, el Daesh entra allí gracias a la complicidad de algunos pactos tribales y por el apoyo suní de la región. Pero es cierto que en zonas esquilmadas siempre hubo alguien lúcido y correcto que protegía lo que entendía por su herencia e identidad histórica. Recordemos el caso del señor Jaled al Asad [el arqueólogo de Palmira que dedicó toda una vida a su protección hasta que fue ejecutado en verano por los terroristas]. Si no voló todo por los aires es por la combinación del destino e intereses monetarios.

Se ha dinamitado el templo de Baal, que será muy difícil de recuperar. Además, todas esas imágenes de decapitaciones van a quedar en la memoria de muchos occidentales. Y por supuesto la muerte de Jaled al Assad.

—¿Por qué era importante para el Daesh la captura de Palmira?

—Todo es una estrategia. Primero se hicieron fuertes en el Éufrates, donde confiscaron el 20% del territorio. Conquistar Palmira suponía atrapar un 10% en tierra de nadie y así se hicieron con el 40% hace un año. En cambio, hace unas semanas solo mantenían el 25 por ciento, con lo que ha recuperado Al Assad por la ayuda de los rusos.

—¿A Rusia le ha interesado proteger el patrimonio?

—La ayuda de Rusia a Palmira es circunstancial. Pero ahora, Damasco y Moscú tienen una gran oportunidad para cuidar lo que acaban de recuperar, impidiendo que esos materiales se vendan a ricachones.

—¿Qué sintió cuando vio las primeras imágenes de la destrucción de ruinas en Palmira?

—La primera sensación es de tristeza, al ver que un mundo más alegre, el que yo conocí, queda atrás. Era una época en la que había una dictadura, sí, pero te movías por allí tranquilo sin que nadie se metiera contigo. Podías hablar con las autoridades, no había tierras de nadie, hacías tu investigación, conocías a la gente, fotografiabas las piezas... Y con esas imágenes sentí que ese mundo había acabado. Igualmente lo sentí con la muerte de Jaled. Es la misma sensación que he tenido cuando en Occidente robaban un cuadro de un museo o cuando alguien acuchillaba una obra de arte.

—¿Hay más 'Palmiras'?

—Realmente hay 20 'Palmiras' solo en territorio sirio, y 200 más en el territorio amenazado por Daesh por el mundo. Están los casos de Yemen, el Sinaí, en Egipto, el de Libia y el Magreb o lo que ocurre en el Sahel, con Timbuktu por ejemplo.

—En un texto publicado en el IEEE asegura que este salvajismo pertenece a la lógica de Oriente Medio, ¿por qué dice eso? ¿En qué se basa?

—Son sociedades en un estadio diferente a Occidente, que en el Siglo de la Razón alejó la religión de la política y la vida cotidiana. Pero en los países de mayoría musulmana, la religión está muy vinculada al tejido social. Aquí decimos “somos agnósticos” o no me interesa esto o aquello, pero allí esto está muy mal visto. En el mundo árabe no he conocido a nadie que dijera que es ateo. Son sociedades con una estructura mental muy diferente, en Occidente hay muchos valores que son mal vistos en Oriente. Allí predomina el milenario ojo por ojo.

—Se ha acusado a Turquía de comerciar con el Daesh y de dejar pasar a los combatientes extranjeros. Tras el acuerdo con la UE, ahora parece convertirse en el gendarme de Europa en la crisis de refugiados. ¿A qué juega Erdogan en el mundo musulmán?

Turquía es el principal corredor del tráfico del patrimonio robado en Siria

—Erdogan es un gran político: musulmán creyente pero no es un intelectual. Ese papel lo juega el primer ministro, Ahmet Davutoglu. Pero eso no quita que no sea inteligente, lo es y mucho. El régimen de Turquía se está volviendo cada vez más represivo: no es una democracia occidental. Y si realmente Occidente ha estado apoyando a algunos grupos salafistas, ahora pueden pensar que apoyando a Erdogan puede ir en la dirección correcta. Pero no, creo que es una mala política a corto y medio plazo. No me gusta la deriva de Turquía, muy diferente a la que seguía a finales de los noventa. A pesar del peloteo de Occidente, las cosas no irán a mejor.

Además, hace un par de semanas, una periodista turca, Pelin Unker, publicó un artículo en el que situaba a Turquía como el país de la región con más beneficios por el tráfico de antigüedades y confirmaba lo apuntado en otros artículos de que era el principal corredor de estas mercancías. Sacaba 40 veces más de beneficios que Jordania, por ejemplo. Por cierto, ella es periodista de «Cumhuriyet», cuyo director y uno de sus redactores jefes fueron arrestados (liberados el pasado febrero tras tres meses de prisión preventiva) tras la publicación hace unos meses de un reportaje sobre el supuesto envío de armas a combatientes en Siria, en el que estarían involucrados los servicios de inteligencia de Turquía y el propio Gobierno.

(Se estima que la Policía turca ha incautado más de 2.000 objetos antiguos procedentes de zonas controladas por Estado Islámico).

—¿Por qué considera errónea la afirmación de que el origen de la violencia en Oriente Medio está en el islam?

En ese texto apuntaba que no es el islam lo que añade más violencia, sino que es algo que viene produciéndose durante siglos, desde el Neolítico. Si vemos el último siglo, en el mundo musulmán el islam no ha sido especialmente violento salvo episodios. No ha sido brutal todo este periodo, al menos como lo ha sido durante los últimos cinco años.

—En aquella presentación destacó el papel del cine en la captación yihadista y en la propagación de su propaganda...

—El Daesh está captando gente frustrada, gente de oriente, o de tendencia oriental. Entre todos estos pobres idiotas, alguno es bueno en matemáticas o editando películas y no ha tenido ningún contrato de trabajo en Occidente. El Daesh les permite sacar sus talentos y que se sientan útiles, así que les da razones a estos pobres ilusos que antes no encontraban.

—¿La condena del mundo musulmán es suficiente?

—Ha habido condenas en sermones de mezquitas, por parte de clérigos, de personalidades suníes y chiíes, lo que pasa es que esa condena ha venido opacada por los atentados. La condena no está tan mediatizada como la destrucción.

—¿Debe tomarse en serio la lucha de Occidente contra el yihadismo mientras se tolere y no se combata la existencia de países regidos por la sharía?

—Hasta que no evolucionen estos países con la sharía, el problema de fondo seguirá siendo el mismo, y por tanto continuará el salafismo. Creo que la lucha se ha tomado en serio desde los atentados del 11-S, pero Occidente se empieza a dar cuenta realmente ahora de que países que han sido amigos en las últimas décadas pueden estar jugando a dos bandas.

—¿Cree que el islam moderado está perdiendo la guerra frente al salafismo?

—No es que está perdiendo la guerra, sino que la guerra del fanatismo es contra el moderado, Creo que al final saldrá perdiendo el islam. Como ocurrió en la II Guerra Mundial y con Hiroshima o Nagasaki, aunque ganes la guerra, el ser humano al final pierde algo. Eso le pasa al islam, conviene que gane la parte buena del islam. Pero algo ha muerto. Y tal vez Occidente pierda parte de su humanidad como se está viendo con la crisis migratoria en la Unión Europea.

Aunque no creo en los cristianos moderados o evangélicos moderados... O eres creyente o no lo eres.