Donald y Melania Trump
Donald y Melania Trump - Reuters

Nuevas restricciones de Trump: adiós al crucero a Cuba

En la apertura diplomática que promovió Barack Obama abrió la mano a algunos tipos de viaje que han disparado la presencia de estadounidenses

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EE.UU. presentó este martes nuevas medias para penalizar la creciente industria turística de Cuba: el Departamento del Tesoro anunció la eliminación de las licencias para cruceros que visiten la isla y para viajes en grupo educacionales, además de otras restricciones, como viajes en avión privado.

En la apertura diplomática que promovió Barack Obama al final de su segunda presidencia, no se llegó a permitir el turismo convencional a la isla caribeña, pero sí se abrió la mano a algunos tipos de viaje que han disparado la presencia de estadounidenses en territorio cubano en los últimos años.

Steve Mnuchin, secretario del Tesoro, aseguró que Cuba sigue jugando «un papel desestabilizador» en la región, convertido en un «enclave comunista» que apoya a «adversarios de EE.UU. en lugares como Venezuela y Nicaragua, fomentando la inestabilidad, contraviniendo la ley y atacando a los procesos democráticos».

Para la Administración Trump, los dólares que los turistas americanos dejan en Cuba a cambio de achicharrarse en sus playas o beber mojitos en las calles coloniales de La Habana solo benefician «al régimen cubano y a sus servicios militares y de seguridad, que controlan la industria del turismo». En un momento en el que Washington trata de utilizar todas las vías diplomáticas para forzar la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela, la medida cierra un importante grifo económico a la dictadura cubana, el principal soporte del régimen chavista en la región.

Las nuevas restricciones no afectan a las visitas familiares y otros tipos de viaje que siguen siendo legales, como intercambios académicos, y los vuelos comerciales seguirán funcionando para esos fines. Pero la decisión corta la expansión de la creciente industria turística de Cuba, empujada por la reciente invasión de estadounidenses. El año pasado, 639.000 estadounidenses visitaron la isla y ya eran 257.000 en los primeros cuatro meses de este año. Buena parte de ellos acudían en viajes en grupo y en cruceros. La popularidad de estos últimos crecía de forma exponencial: mientras que en los cuatro primeros de 2018 llegaron 40.000 estadounidenses a Cuba en crucero, en el mismo periodo de este año ya eran 142.000. En poco tiempo, EE.UU. se había convertido en el segundo país que más visita Cuba, solo por detrás de Canadá y en un factor clave para el floreciente sector privado del turismo que el régimen cubano había permitido crecer: pequeños hoteles, taxistas y restaurantes privados. «“Esto es el golpe de gracia al turismo estadounidense en Cuba», aseguró a ’The Wall Street Journal’ Ted Henken, experto del Baruch College de Nueva York. Según sus análisis, la mitad de los 600.000 cubanos que tienen licencias privadas para trabajar están relacionados con el sector turístico.

«Bajo la anterior administración se hicieron demasiadas concesiones a uno de nuestros adversarios más agresivos», dijo el secretario de Comercio, Wilbur Ross. «Cuba sigue apoyando al régimen ilegítimo de Maduro en Venezuela y se le hará responsable de esta crisis», reaccionó el asesor nacional de seguridad, John Bolton.

Las restricciones son la última de una batería de medidas aprobada por Trump para ahogar al régimen cubano desde que llegó a la Casa Blanca: limitó el envío de remesas, restringió la presencia de empresas estadounidenses en la isla, abrió la posibilidad de demandar a compañías con intereses en propiedades confiscadas por la revolución cubana -lo que puede afectar a empresas españolas- y, ahora, minimiza las posibilidades de viaje como turista.