El expresidente egipcio Mohamed Mursi - REUTERS

Muere a los 67 años Mohamed Mursi, expresidente de Egipto, mientras estaba siendo juzgado

El Tribunal de Casación confirmó en septiembre de 2017 la cadena perpetua al líder de los Hermanos Musulmanes

Corresponsal en JerusalénActualizado:

Ha muerto el primer presidente elegido de forma democrática en Egipto y ha nacido un «mártir», tal y como lo definió el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. El país norteafricano cierra una etapa y despide a su primer y único presidente elegido por el pueblo en unas elecciones libres, las del año 2012, que acabaron con tres décadas de dictadura de Hosni Mubarak. «Mientras estaba el acusado Mohamed Mursi dentro de la jaula se desmayó y se trasladó directamente al hospital, y se comprobó su muerte», informó el fiscal general, Nabil Sadeq. Esta muerte llevó a las autoridades a declarar el estado de alerta ante el riesgo de estallido de incidentes, especialmente en Sharquiya, provincia del delta del Nilo de la que provenía Mursi y a donde podrían llevar su cuerpo para enterrarlo, informaron fuentes del ministerio de Interior a la agencia Reuters. Los Hermanos Musulmanes, grupo al que pertenecía el político de 67 años, denunciaron que «no ha recibido visitas desde hace meses, casi un año. Se ha quejado antes por la falta de las medicinas que necesita. Esto es un asesinato premeditado. Es una muerte lenta», en palabras de Mohamed Sudan, dirigente de la Cofradía residente en Londres. La Hermandad urgió a sus seguidores en todo el mundo a manifestarse frente a las embajadas de Egipto y pidió a los egipcios que participaran de forma masiva en los funerales, en sendos mensajes colgados en las redes sociales.

El expresidente, encerrado desde el 3 de julio de 2013, estaba siendo juzgado en estos momentos por sus vínculos con Hamás, brazo palestino de los Hermanos Musulmanes, en la Academia de la Policía de El Cairo. Cumplía ya una pena de 20 años por «el asesinato de manifestantes en las manifestaciones de diciembre 2012 frente al palacio presidencial» y una cadena perpetua por espiar para Catar. Acusaciones que siempre negó y que consideraba fabricaciones del actual régimen, encabezado por su ministro de Defensa, Abdelfatá Al Sisi, el general que le derrocó y le condenó a un encierro casi total.

Tres visitas en seis años

El dirigente islamista tenía 67 años y desde que fuera encerrado solo recibió tres visitas de sus seres más cercanos, según informó Amnistía Internacional (AI), que solicitó a las autoridades una «investigación imparcial y transparente» de la muerte. Desde Human Rights Watch (HRW) también alertaron de la extrema dureza de su cautiverio y del deterioro de su estado de salud. Su cuadro médico era delicado –diabetes, presión arterial alta, deterioro de la función renal y hepática...- y las autoridades «violaron de forma grave sus derechos para poder llevar a cabo su proceso legal y también el tratamiento médico que requería», según HRW. Su abogado, Abdel Menem Abdel Maqsood declaró a Reuters que «hicimos numerosas peticiones para que le permitieran tener un tratamiento y algunas fueron aceptadas, pero otras no».

No era la persona más carismática ni respetada del grupo islamista, pero superó todos los filtros posibles y se impuso en las urnas a un candidato del antiguo régimen, Ahmed Shafik, tras un recuento de infarto. Su mandato duró apenas un año y estuvo marcado por la polarización en las calles entre sus partidarios y los que criticaban su sesgo islamista y por la presión desde la fuerzas armadas, que nunca terminaron de aceptar a los Hermanos Musulmanes. Una de sus promesas al hacerse con el sillón presidencial fue «conseguir el renacimiento de Egipto con fundamentos islámicos». Tras su derrocamiento, el país ha visto una persecución implacable contra la Cofradía, que pasó de gobernar Egipto a ser considerada «organización terrorista». Los miembros y simpatizantes del grupo están muertos, encerrados o han escapado del país como el ex ministro de Asuntos Parlamentarios, Mohamed Mahsub, quien calificó en su cuenta de Facebook de «asesinato» la muerte del derrocado mandatario. «Es un asesinato de cada voz libre que le había votado o incluso (de los que habían votado) a sus rivales. Es un asesinato de la libertad de elección», escribió Mahsub.

Pésame internacional

Las primera reacciones de dirigentes internacionales llegaron desde Turquía y Qatar,, dos países próximos a la Hermandad. Erdogan trasladó sus condolencias a la familia del fallecido y denunció que «Occidente siempre calló ante estas ejecuciones de Al Sisi». El emir Sheikh Tamim Bin Hamad Al Thani, también envió el pésame a la familia de Mursi y a «todo el pueblo egipcio».

En declaraciones realizadas a este medio, el analista egipcio Amr Khalifa señaló que «estamos en un momento histórico porque ha muerto el primer presidente elegido por el pueblo. Ha habido y habrá serias dudas sobre la negligencia médica que ha sufrido y temo que su muerta pueda incitar la actividad terrorista en el Sinaí». Esta península se ha convertido en la peor pesadilla para las autoridades desde el derrocamiento de Mursi y el establecimiento de un grupo leal al grupo yihadista Estado Islámico (EI).