Luis Almagro, en su despacho en la OEA, durante una entrevista con ABC en 2016
Luis Almagro, en su despacho en la OEA, durante una entrevista con ABC en 2016 - Miguel Álvarez

Luis Almagro, de ministro de izquierdas al mayor azote de los dictadores de Latinoamérica

Pese a proceder del gobierno uruguayo de José Mujica y el «antiimperialista» Frente Amplio, el secretario general de la OEA se ha convertido en la principal voz contra los abusos de los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua

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Pocos esperaban en marzo de 2015, cuando Luis Almagro fue designado secretario general de la Organización de Estados Americanos ( OEA), que este diplomático uruguayo y ministro de Exteriores con el izquierdista José Mujica fuera a sacar a esta institución multilateral de su estado de postración. En la década en que el socialista chileno José Miguel Insulza había ejercido el cargo, la OEA había caído en la irrelevancia por su pasividad frente la deriva autoritaria del chavismo en Venezuela y al régimen de Cuba, y nadie hubiera apostaba por que Almagro liderara un cambio.

En su país era miembro del Frente Amplio, una formación de izquierdas que se proclama «antioligárquica» y «antiimperialista», y la oposición lo atacaba por considerar que no criticaba precisamente la represión venezolana.

Luis Fleischman, asesor del Menges Hemispheric Security Project de Washington, llegó a asegurar por aquellos días al diario «El Nuevo Herald» de Miami que el exministro uruguayo era «abiertamente un chavista», aunque lo que más le preocupaba era su «relación con la República de Irán», país donde estuvo destinado como encargado de negocios de la Embajada uruguaya. Y el columnista Andrés Oppenheimer expresaba también entonces sus dudas sobre Luis Almagro, porque en una conversación que mantuvieron se había mostrado convencido de que la crisis de Venezuela debía resolverse «en el marco de Unasur», la organización de países sudamericanos impulsada por Hugo Chávez y creada en 2007 en la venezolana Isla Margarita como contrapeso a la OEA, que tiene sede en Washington y a la que EE.UU. aporta la mitad de su presupuesto.

Vegetariano y seguidor del Nacional de Montevideo, este abogado y diplomático de carrera tenía su hogar en una chacra (granja) cerca de la ciudad uruguaya de Canelones, según el periódico uruguayo « El País». Era el único candidato que se sometía a votación y venía respaldado por el gobierno de Barack Obama, confiado en que sería el líder dispuesto a defender la democracia y los derechos humanos que necesitaba la organización.

Renovación en la OEA

En su discurso de aceptación del cargo, el 18 de marzo de 2015, ya apuntó hacia un cambio de rumbo, al mostrarse convencido de que «el tiempo de una OEA discursiva, burocrática, alejada de las preocupaciones de los pueblos americanos, anclada en los paradigmas del pasado, está definitivamente dando paso a una OEA del siglo XXI». Almagro planteó «un diálogo político con resultados tangibles en áreas claves para la democracia, los derechos humanos, la seguridad y el desarrollo integral de las Américas». «No me interesa ser el administrador de la crisis de la OEA, sino el facilitador de su renovación», anunció. También se fijaba como meta el regreso de Cuba al seno de la organización.

Desde entonces, se ha convertido en el gran azote de los gobiernos autoritarios de América Latina, en especial Venezuela, Cuba y Nicaragua, frente a los cuales ha dejado de un lado las medias tintas y ha mantenido una línea de firmeza. En cuantas ocasiones ha tenido, ha denunciado el ataque a las libertades y la democracia en estos países.

En este sentido, ha promovido la activación de la Carta Democrática Interamericana contra Nicolás Maduro y Daniel Ortega por la violación de derechos humanos en Venezuela y Nicaragua. Así mismo, remitió a la Corte Penal Internacional un informe de expertos que recoge los delitos de lesa humanidad cometidos por el régimen venezolano.

Su postura frente a la dictadura cubana le valió que en 2017 se le prohibiera la entrada a la isla, adonde iba a viajar para recoger el Premio Oswaldo Payá que la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia -liderada por la hija del opositor muerto, Rosa María Payá-, le había concedido por su defensa de los derechos humanos.

Con motivo del 60 aniversario del triunfo de la revolución en Cuba, Almagro insistió el pasado 1 de enero a través de un vídeo en reclamar el fin de la dictadura, que considera «probablemente el ejemplo más perfecto de la mitología de la miseria y de las violaciones de derechos humanos».

«Que el pueblo de Cuba recupere la soberanía es fundamental en un continente que definitivamente no debe albergar dictaduras, ni crímenes de lesa humanidad ni condiciones sociales insostenibles para su pueblo», aseguró.

A su vez, Almagro ha recibido duras críticas por parte de los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua, sobre todo cuando el secretario general de la OEA dijo no descartar una «intervención militar» en el país, por lo que Caracas aseguró que suponía una amenaza para la paz en América Latina y el Caribe, y La Habana de cruzar «una línea roja». El Gobierno de Daniel Ortega, por su parte, le ha acusado de promover «acciones terroristas» en el país.

Sus enemigos le acusan de estar al servicio de EE.UU. e incluso están haciendo circular desde hace meses la idea de que es, directamente, un agente secreto de la CIA, la agencia central de inteligencia norteamericana.

Luis Almagro ya ha anunciado que se presentará en 2020 a la reelección para un nuevo mandato de otros cinco años en la Secretaría General de la OEA, a solicitud de una serie de países, entre ellos Colombia y Estados Unidos.