Una mujer lanza un beso tras depositar unas flores en un memorial por las víctimas del atentado de Mánchester
Una mujer lanza un beso tras depositar unas flores en un memorial por las víctimas del atentado de Mánchester - REUTERS

Lección de solidaridad de una ciudad golpeada por el terror

Los taxistas regalaron sus carreras y los «homeless» dieron consuelo a las víctimas

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La norteña Mánchester, con sus 2,5 millones de habitantes en el conjunto de su área metropolitana, es como una de esas personas feas que a medida que la conoces te seduce con su encanto. Una ciudad poco armoniosa, pero llena de pulso y carácter. Enfrentada al peor atentado de la historia del Norte de Inglaterra, su gente corriente dio una lección de solidaridad espontánea en la noche y la madrugada del lunes.

Los taxistas hacían carreras gratis trasladando a los heridos, o a chicos que salían del concierto despavoridos. Muchos vecinos abrieron las puertas de sus casas ofreciendo refugio a extraños. Enseguida se formaron colas para donar sangre en los hospitales, hasta el punto de que el NHS, el servicio público de salud, pidió que no acudiesen ya más donantes. Una cuenta para recaudar fondos para las víctimas, iniciativa del periódico «Manchester Evening News», recaudó en unas horas 350.000 libras (405.000 euros).

Mánchester, cuyo origen data de los romanos y que fue en su día un importante centro fabril, es hoy una ciudad multiétnica, con un 48% de cristianos y un 16% de musulmanes, amén de otras creencias. Un taxista de inequívoco apellido asiático, A. J. Singh, resumía bien el espíritu que salió a relucir tras la tragedia: «Recogí a gente que buscaba a sus seres queridos. Dejé a algunos en el hospital que no tenían dinero y estaban destrozados. Debemos salir ahí fuera y decir a los que han hecho eso que esta ciudad es Mánchester, que aquí hay un pegamento que nos une, que estamos juntos cuando ocurre en la ciudad algo importante».

Los propios vagabundos estuvieron entre los primeros en echar una mano. Chris Parker, de 33 años, y Stephen Jones, de 36, son dos «homeless» maltratados por la vida, de rostros castigados, que se preparaban para hacer noche en la zona del Arena. Tras la deflagración, Chris acunó a una mujer moribunda y tapó con su camiseta a un niño ensangrentado. Stephen se encargó de sacarle los clavos de su cara a una niña. Ambos han sido saludados como héroes.

Entre los 21.000 asistentes al concierto de Ariana Grande se encontraban la mujer y las dos hijas preadolescentes de Pep Guardiola, el entrenador del Manchester City. Cristina Serra y las dos pequeñas no sufrieron ningún percance. Por su parte, el Manchester United de José Mourinho guardó un minuto de silencio en su entrenamiento, en vísperas de su importante partido con el Ajax. Mancunianos conocidos, como el excantante de Oasis, Liam Gallagher, manifestaron también su pesar: «Estoy en total shock, absolutamente devastado».

Este martes por la tarde se celebró una larga y multitudinaria vigilia en la plaza Albert Square. Los ramos de flores, muy habituales en Inglaterra, se acumularon también en seguida a las entradas del Manchester Arena.

Steve Rotherham, elegido a comienzos de mes alcalde de Liverpool, a 56 kilómetros de Londres, agradeció el esfuerzo exitoso de un taxista que buscó a sus dos hijas y a dos de sus sobrinas en las inmediaciones del Manchester Arena y las trajo de vuelta a casa. «Toda mi vida le agradeceré esta muestra de amabilidad». También tuvo palabras de elogio «para la acogida de la gente ordinaria de Mánchester a perfectos extraños».

Andy Burnham, el alcalde laborista de Mánchester, un peso pesado del Partido Laborista que en su día le disputó sin éxito el liderazgo a Corbyn, ofreció numerosas entrevistas a lo largo de la jornada tratando de trasladar ánimos a sus vecinos: «No ganarán, permaneceremos fuertes. Tristes, heridos, pero somos más fuertes que ellos».