Johnson avanza hacia la ruptura total y ordena salir al Reino Unido de las reuniones de la UE

Los ministros y funcionarios británicos solo acudirán a las citas de «interés nacional» para el país

Corresponsal en BruselasActualizado:

El primer ministro británico, Boris Johnson, quiere apostar el todo por el todo a un divorcio con la Unión Europea por las bravas y ha ordenado que los diplomáticos y representantes británicos dejen de participar en las reuniones de trabajo en Bruselas. El secretario para el Brexit, Stephen Barclay, confirmó que a partir del 1 de septiembre los británicos ya no participarán en los consejos ni en comités y asistirán solo a aquellas citas con «interés nacional significativo» para el Reino Unido.

Es el mensaje más claro lanzado por el actual Gobierno de Londres para reafirmar sin ningún matiz que está hablando en serio cuando dice que el 31 de octubre asumirá las consecuencias de una desconexión traumática y unilateral.

A partir de ahora, los funcionarios del Reino Unido centrarán toda su atención en prepararse para el Brexit sin acuerdo y «aprovechar las oportunidades que se avecinan», cualesquiera que el primer ministro Johnson piense que vayan a ser.

Poco espacio para el pacto

La decisión británica, que no tiene precedentes en un entorno como el actual, deja muy poco espacio para una posible negociación antes de que termine el último plazo para el Brexit, el próximo 31 de octubre. Johnson tiene previsto estar esta semana en Berlín y París. Se reunirá hoy miércoles con la canciller alemana, Angela Merkel, y mañana con el presidente francés, Emmanuel Macron, antes de participar en la reunión del G-7 en la localidad costera de Biarritz el próximo sábado, donde volverá a tener la oportunidad de hablar con ambos. Pero después de este anuncio, todos los resquicios parecen cerrados y es poco probable que Bruselas acceda a ceder ante un Gobierno que se comporta con esta actitud.

Lo que parece haber irritado a Boris Johnson ha sido la reacción del presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, a la carta que envió a última hora de este lunes y que partía de la exigencia de que se retire la cláusula de salvaguarda irlandesa. Tusk replicó ayer por la mañana en las redes sociales diciendo que «la salvaguarda irlandesa es la garantía para evitar una frontera hasta que se encuentre una alternativa. Los que no quieren la salvaguarda y no son capaces de ofrecer soluciones realistas, en realidad quieren una frontera, aunque no lo admitan».

Poco después Johnson comentó a la prensa de Londres que a la vista de esta reacción veía «a nuestros amigos y socios un poco negativos» e insistió en que la única solución es que se retire esa cláusula, porque «en el curso de las negociaciones sobre el acuerdo de libre comercio que emprenderemos después del 31 de octubre ya veremos las formas en que podemos mantener el comercio sin fricciones en la frontera de Irlanda del Norte».

En realidad, la llamada salvaguarda irlandesa no es más que un compromiso para preservar el mercado único en el caso de que no se llegue a ese acuerdo sobre las relaciones comerciales futuras entre el Reino Unido y la UE, pero de las palabras del primer ministro británico se deduce más bien que lo que está buscando es llevar las cosas al borde del precipicio, porque cree que es el momento en el que obtendrá las concesiones que busca.

En su visión estratégica, tal como la describió ayer mismo, «mientras los europeos piensen que existe la posibilidad de que el parlamento bloquee el Brexit, es poco probable que tengan en mente hacer las concesiones que necesitamos, por lo que obtenerlas requerirá un poco de paciencia».

Mensaje desde Dublín

Johnson no ha escuchado ni siquiera lo que se le dice desde la propia Irlanda, que es el país más concernido por este problema concreto. El presidente del Comité de Brexit de Irlanda, el senador Neale Richmond, dijo ayer tarde que la buena voluntad expresada en la carta de Boris Johnson a Donald Tusk no es suficiente para resolver los problemas en el llamado «backstop», y que, en última instancia, «una ruptura sin acuerdo no beneficia a nadie y el país que más sufrirá en este escenario es el Reino Unido». Irlanda es en estos momentos el país europeo más afectado por lo que significaría el restablecimiento de la frontera en una zona donde estas cosas se discutían a tiros y bombas hace no tanto.

Es poco probable que la violencia vuelva a la región del Ulster, pero desde luego a millones de personas les va a parecer inaudito tener que vivir otra vez con una frontera estricta después de decenios de paz y de cooperación que había difuminado totalmente la separación entre los dos países. Es poco probable que Johnson acabe teniendo un monumento por allí.