Matteo Salvini en una cena con miembros de la Liga en Sicilia - ABC

Italia arde al saberse que Salvini se fue de fiesta el día de la tragedia de Génova

El Gobierno retira la concesión de la autopista a Atlantia-Autoestrade, una decisión que podría tener un coste de entre 15.000 y 20.000 millones

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Como suele ocurrir en Italia después de una tragedia, como la del puente Morandi de Génova que ha causado al menos 39 muertos, se ha desatado en el país una furibunda campaña de todos contra todos, sin que nadie asuma responsabilidad alguna. Y la conducta del vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior, Matteo Salvini, el día de la tragedia, ha avivado aún más las disputas.

El martes del derrumbe del puente en Génova, Salvini se felicitaba a sí mismo porque al menos en ese día «triste» se había producido la «buena noticia» de que el barco Aquarius, con 141 inmigrantes a bordo, se había dirigido a Malta para atracar, porque todos los puertos italianos seguían cerrados. Para celebrarlo, Salvini tuvo una suculenta cena, a base de pescado, con 260 personas miembros de la Liga y organizada por la directiva local del partido en Furci Siculo, municipio de 3.500 habitantes de la provincia de Mesina (Sicilia).

«Salvini ha dado un bofetón al dolor del país», afirmó Matteo Orfini, presidente del Partido Democrático. Ante tal desparpajo, dirigentes de la oposición han exigido a Salvini que pida discupas y dimita. Por las redes sociales llueven las críticas, preguntándole por qué esa noche, en lugar de festejar, no estuvo en Génova al frente de las fuerzas del orden dependientes de su ministerio que luchaban entre los escombros por salvar vidas.

Aún continúan los trabajos de excavación bajo los cascotes y bloques de cemento del viaducto, porque, según el fiscal jefe de Génova, Francesco Cozzi, podría haber aún allí entre 10 y 20 personas. Se habla de desaparecidos, aunque no hay ningún familiar o allegado que haya reclamado la falta de alguna persona. Los funerales de Estado serán el sábado, y ni siquiera el dolor y luto por las víctimas logra moderar un debate público que alcanza niveles pocas veces visto en Italia.

Respuesta populista

El presidente de la República, Sergio Matarella, hizo un llamamiento para que se hiciera «un examen serio y severo de las causas de lo que ha sucedido». Sin embargo, el Gobierno populista y antisistema se lanzó de inmediato a hacer declaraciones dirigidas a la «pancia» (barriga) del país, como se suele hacer en las más agresivas campañas electorales.

Así, el jueves el Gobierno decidió proceder a quitar la licencia de concesión de la autopista a Atlantia-Autostrade, porque, según manifestó el primer ministro, Giuseppe Conte, no se puede «esperar a los tiempos de la Justicia, que es demasiado lenta». Una decisión que hoy contestan los expertos, porque como ha declarado a ABC el ingeniero Antonio Brencich, tendrá que pronunciarse una comisión técnica y la magistratura, ya que en un Estado de derecho se investigan las causas y se concretan las responsabilidades civiles y penales para adoptar las decisiones.

El exministro de Transportes y célebre exfiscal Antonio Di Pietro, manifestó que «el desplome del puente no es suficiente para disponer la cancelación de la licencia de explotación de una autopista». Diversos medios, como el diario económico «Il Sole 24 Ore», apuntan que revocar la concesión lleva tiempo y «supondría un coste para el Estado de entre 15.000 y 20.000 millones de euros».

Enfrentamientos

El vicepresidente del Gobierno y titular de Trabajo y Desarrollo Económico, Luigi Di Maio, ya dictó sentencia: «Todos hablan hoy de la indemnización de 20.000 millones de euros por revocar la concesión de la autopista. Estoy convencido de que existen todas las motivaciones para que el Estado no pague indemnizaciones. Frente a 40 muertos no hay cláusulas que valgan», dijo Di Maio, metiendo una puya a la empresa concesionaria.

Con respecto al principal accionista, la familia Benetton, señaló: «Los encontraremos cuando les revoquemos la concesión». Concluye Di Maio que «el Estado tendrá que tomar el control de las autopistas si las empresas concesionarias no hacen su trabajo».

Se pone así en el punto de mira a Atlantia, que controla la concesionaria de autopistas Autostrade per l’Italia: «Autostrade se controla sola, sin ningún papel sobre ello por parte de los organismos públicos. Esto es desconcertante e inaceptable», afirmó Ugo Arrigo, profesor de Economía de Transportes en la Universidad Bocconi de Milán.

A propósito de seguridad e inversiones en autopistas, el periodista Mario Giordano, autor del libro «Italia muere, ellos se enriquecen», recoge estos datos en su libro-denuncia: «En toda la red de autopistas faltan 1.500 millones de euros de mantenimiento, pero a pesar de ello se han distribuido 6.500 millones de euros en inversiones».

El papel de la familia Benetton y su poder económico está siendo también motivo de una durísima batalla personal entre el vicepresidente Luigi Di Maio y el exprimer ministro Matteo Renzi.

Respaldos de otros gobiernos

El líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio, manifestó que la sociedad Autostrade ha estado políticamente cubierta por los gobiernos precedentes. «Por primera vez hay un gobierno que no ha cogido dinero de los Benetton y estamos aquí para deciros que revocaremos los contratos y que habrá multas por valor de 150 millones de euros. Además, Autostrade tiene la sede financiera en Luxemburgo, por tanto ni siquiera pagan los impuestos», dijo.

La respuesta del ex primer ministro Mateo Renzi, exsecretario del PD, fue: «Quien como Luigi Di Maio dice que mi gobierno ha cogido dinero de Benetton o de Autostrade es un mentiroso. Si lo dice por motivos políticos, es un buitre. La verdad es que mi gobierno no ha cogido ni un céntimo de estos señores. Utilizar la tragedia para atacar a los adversarios, mintiendo, da el calibre moral y político del vicepresidente del gobierno Di Maio».

En este clima de cierta exasperación, están ajenos los vecinos que vivían bajo el puente y que han sido desalojados definitivamente de sus casas. Casi 700 personas, gente modesta, barrio de obreros y de algunos hispanoamericanos, sobre todo de Ecuador y Republica Dominicana, vivieron la angustia por la posibilidad de morir bajo el puente Morandi y ahora viven una pesadilla porque han perdido todo.

Reina la rabia, pero también hay cierta resignación, como dice a ABC Patrizia Salmonesi, que vivía en Enrico Porro número 7, justo bajo el puente: «Al menos estoy viva».