El escritor Muhsin al Ramli, en Casa Árabe, donde se realizó la entrevista
El escritor Muhsin al Ramli, en Casa Árabe, donde se realizó la entrevista - P.Cosano
Entrevista

«Los iraquíes han reaccionado contra el fanatismo tras el Daesh, y ahora dicen ser laicos»

El escritor iraquí Muhsin al Ramli presenta la novela «Los jardines del presidente», que retrata la historia del Irak de Sadam Hussein pero sin querer nombrarlo nunca

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«Anteriormente la cultura árabe tenía prohibido escribir sobre tres temas: política, religión y sexo. Hoy en día podemos escribir de lo que queramos, en algunos países hay censura oficial, pero en la mayoría lo que prevalece es una suerte de censura colectiva», sostiene a ABC el escritor iraquí Muhsin al Ramli (Irak, 1967). Exiliado en España desde 1995 después de que su hermano (Hassan Mutlak) -conocido en los círculos literarios como el «Lorca» iraquí-, participara en un golpe de Estado contra el dictador Saddam Hussein, Al Ramli retrata en la novela «Los jardines del presidente» (Alianza Literaria), inspirada en el boom latinoamericano y la novela de dictadores, la historia del Irak de Sadam Hussein pero sin querer nombrarlo nunca. Su novela dibuja un innombrable caudillo que podría ser tanto el librio Muamar el Gadafi como el «Patriarca», de Gabriel García Márquez, pero a través de la vida de la gente sencilla que sufrió la dictadura, las guerras y el embargo. «Los tres personajes principales de mi novela son ejemplos de cada color de la sociedad iraquí: Ibrahim es el que obedece, Abdulá es el que es consciente de lo que pasa pero no puede hacer nada y Tarek es quien cambia de color según el interés; pero al final hagan lo que hagan todos van a tener la misma desgracia en la dictadura», describe.

El arabista español Pedro Martínez Montávez me dijo que Al Ándalus ha terminado en el tiempo, pero no en los imaginarios ni en las memorias colectivas.

Es verdad. El árabe de hoy no ve la España real, viene con la imaginación de lo que ha leído y estudiado de Al Andalus: de poetas, escritura… De ahí la importancia de la literatura actual. Antes le ponían maquillaje. Ahora tenemos libertad dentro del caos y aprovechamos para describir la realidad tal como es: dura. En el tiempo de las redes sociales las nuevas generaciones entienden bien cómo es España y saben diferenciar lo que era el «Al Andalus antiguo» y el «Al Andalus de hoy». Hay fans del Barça y Madrid en cada esquina del mundo árabe.

¿La falta de libertad y de pensamiento crítico en países árabes han socavado el desarrollo de la filosofía en esta parte del mundo?

Es parte de que ahora se lean sobre todo novelas. Los jóvenes buscan una versión sobre el mundo y su papel existencial para entenderlo. Antes teníamos ideologías y filosofías, y veían el mundo con esa mirada, pero desde hace dos décadas no hay ideas nuevas en el mundo. De ahí viene el éxito de la novela. No es solo falta de libertad y filosofía en el mundo árabe, es en el mundo entero. No hay nuevas ideas. Esto nos sirvió mucho a los literatos. Ahora tenemos un ‘boom’ en el mundo árabe de la novela de escribir y leer, igual que como pasó en América Latina. Es la producción cultural más activa en auge: tenemos premios, club de lectura… Los jóvenes leen, especialmente en los países del Golfo, donde se venden más libros. La gente tiene una idea equivocada. Las ferias de libros en Arabia Saudí lideran las ventas, luego Qatar y Emiratos y después el resto, porque hay jóvenes y todos están abiertos al mundo.

Usted dice que «si cada víctima tuviese un libro, Irak se convertiría en una enorme biblioteca, imposible de catalogar».

Es verdad. Yo vi el primer cadáver a los 13 años y hasta hoy. Yo era de un pueblo pequeño, así que imagínate en todo Irak. Ocho años de guerra con Irán, un año de descanso, y luego Sadam se metió en Kuwait. Después tuvimos un embargo de 13 años hasta la última invasión. Eso lo narro en la novela: la dictadura, las guerras, el embargo y su efecto humano a las personas. No me meto en los datos, que están en la prensa. Hay millones de muertos, asesinados, viudas, huérfanos. Hay periodistas e intelectuales conocidos en Irak pidiendo que sea obligatorio leer esta obra antes de asumir un cargo político, oficial o en el Parlamento para saber lo que ha sufrido el pueblo por el poder. Algunos piden que se enseñe en las escuelas. Hay jóvenes que no han vivido la guerra de Irán y no conocen el sufrimiento de los prisioneros. Muchos lectores me escriben diciéndome: «Mi padre me contaba sobre esto pero no lo entendía». Esta novela tiene varios fines: es historia para nuevas generaciones, es actualidad no solo para los que vivimos hoy sino también para que lo entiendan los extranjeros que no son árabes y los propios árabes nacionalistas, que creen en la nación árabe y ven a Sadam, el dictador, como un héroe.

Como Gadafi, Sadam Husein era tan carismático como megalómano. ¿En algún momento de su juventud ha sido como el novio de la hija de Ibrahim con respecto al dictador y se ha sentido fascinado por su poder?

Yo nunca.

¿Y sus conocidos?

Sí. Gente a mi alrededor, igual como pasa con Franco en España, aún hoy lo considera un gran líder. En la época de Sadam veías en las imágenes en periódicos, y todos eran iguales: con el mismo bigote, uniforme… Había un lavado de cerebro. Como desde pequeño he leído literatura extranjera, como «El Quijote», lo veía de distinta manera. Todo se precipitó cuando mataron a mi hermano, al que llamaban el Lorca iraquí, por participar en un golpe de Estado (en 1990). A partir de entonces no podía ni hablar; tenía que ir a una comisaría cada mes para un control de seguridad. Por desgracia gran parte de esta novela es más realidad que ficción.

Hace unas semanas Naciones Unidas documentó al menos 202 fosas comunes con restos de miles de cadáveres. Fueron en zonas que estaban controladas entre 2014 y 2017 por el autodenominado Estado Islámico. ¿Por qué una novela sobre las fosas comunes de Irak?

De ahí viene el título de la novela: «Los jardines del presidente». Sadam estaba obsesionado con los palacios: 80 palacios en todo el país, en cada colina, río o lago hay uno. En todo Irak hay fosas. Hoy en día la gente sigue buscando restos de sus familiares, los jardines son las fosas comunes del presidente.

¿Los últimos gobiernos iraquíes han ayudado a las familias a encontrar a sus desaparecidos?

La verdad es que no. El Gobierno actual es muy débil, están muy preocupados por repartir cargos según etnias, ramas… El peligro está en los campos donde viven los familiares de los de Daesh, que son mujeres y niños abandonados a su suerte. Es una bomba que puede explotar en cualquier momento. Están discriminados de la sociedad y van a crecer con la idea de su padre es un héroe y eso es un peligro si no logran integrarse. Daesh ha ocupado mi pueblo (Shirqat) durante cuatro años, y ha matado a una de mis sobrinas, cortando su cabeza, en la plaza. Daesh se formó fuera: la mayoría son chechenos, tunecinos; de Irak son pocos: unos 300 o 400… La mayoría de los que se incorporaron eran huérfanos de las anteriores guerras, de Kuwait e Irán. Imagina a una mujer que tiene cinco hijos y no ha tenido ningún salario para protegerlos. Tú eres uno de esos hijos. No has ido ni al colegio. Te has criado en la calle y te proponen un día unirte como príncipe de este pueblo, ofreciéndote cientos de dólares y armas. Machacarás al pueblo como amenaza y claro que vas a aceptar. De ahí el peligro de los niños y familiares de Daesh, no solo para Irak, sino también para toda la zona y el mundo.

El iraquí no es religioso sino que utiliza la religión. Es un partido religioso el que maneja el dinero del alcohol, discotecas y burdeles en Irak. En Irak no había fanatismo ni habrá

¿Qué claves ofrece su novela para entender el fenómeno de radicalización religiosa y yihadismo que ha habido en Irak en los últimos años?

Tarek es el ejemplo del religioso, ambiguo y que aprovecha oportunidades. El iraquí no es religioso sino que utiliza la religión. Es un partido religioso el que maneja el dinero del alcohol, discotecas y burdeles en Irak. En Irak no había fanatismo ni lo habrá.

En la novela, Abdulá dice que «desde el nacimiento de este país no ha habido ni 10 años de paz».

Si ves toda la historia de Irak, donde se fundó el primer pueblo del mundo, Mesopotamia, Irak no ha vivido diez años de paz. Ha sido el país más ocupado del mundo por los mongoles, otomanos, persas, ingleses… y eso es porque es un punto estratégico y es un país rico en todo: petróleo, ríos, tierra fértil, civilizaciones, arqueología, etc. ¿Has visto el saqueo de los museos? Eso es porque hay riqueza, cavas dos metros bajo la tierra y te salen piezas de arqueología. El pueblo iraquí es estudioso, más o menos intelectual. Y aun siendo analfabeto sabe mucha poesía. Convivo con una memoria histórica, larga, parte de mi memoria personal es babilonia, asiria… los americanos no estudiaron ni la literatura ni la cultura iraquí. Solo miraron cuántos tanques y cuánto petróleo teníamos, y equivocaron. En el código de Hammurabi viene lo del ojo por ojo, y eso no lo han estudiado.

En su novela también aparecen crímenes de honor: una niña huérfana que fue violada por el hijo de sus padres adoptivos y que fue asesinada para preservar su honor.

Eso sigue y también es culpa de la inestabilidad. La gente acude a agruparse en tribus, clanes o etnias, cuando no hay Estado con leyes fijas y no te respetan como ciudadano. Si hay algo bueno de lo que ha pasado con Daesh, es la reacción en contra del fanatismo, en contra incluso de la religión. La mayoría de los iraquíes declaran ser laicos.

De las últimas elecciones iraquíes emergió un viejo conocido de las tropas españolas, el clérigo chií Muqtada al Sadr, con un discurso nacional populista y anti Irán.

Ha pactado con los comunistas y los civiles, y por eso ha sacado la mayoría. Sabe que solo con la etiqueta religiosa nadie le vota. Ha sido inteligente y reconoce que la mentalidad ha cambiado. En toda la zona hay una reacción. ¿Por qué antes surgieron los partidos como Hermanos Musulmanes? Por la decepción general tras seguir otras vías. El socialismo, comunismo y nacionalismo no funcionaron. Así que abrazaron el sueño del fanatismo. El máximo exponente de esto es Daesh, con el que han visto qué había detrás y cómo han machacado a la gente. Esto ha generado una reacción y un cambio de mentalidad en la zona.

Los rasgos que dibujas del dictador en la novela me recuerdan a los del Gadafi retratado por el escritor argelino Yasmina Khadra.

Por eso no he nombrado al dictador, porque es igual en todos los países árabes, África y América latina. A nivel literario América Latina ya ha escrito muchas novelas sobre las dictaduras, y en el mundo árabe hemos empezado ahora. Antes no podíamos.

¿El papel que juegan las mujeres en la novela refleja el lugar que tienen en la sociedad iraquí?

La mujer iraquí es fuerte, por ellas Irak se mantiene más o menos como un país. Lo que ha sufrido la mujer iraquí no lo ha sufrido ninguna mujer en nuestros tiempos: guerra, muerte, quedarse viuda, sin sus hijos y caos, miedo, embargo de 13 años... el embargo ha sido más duro que las propias guerras. Imagínate un país rico que no encuentra pan, tiene un mar de petróleo bajo los pies pero no hay agua potable. Gracias a las mujeres tenemos todavía los hilos de la sociedad, de la familia, ellas han sacrificado para mantener las familias, tenemos dos millones de viudas de estas guerras. No hay sistema oficial que les proteja. Ellas son luchadoras. Ellas tienen la iniciativa, la luz… los hombres tienen utopía, interés, quieren ser presidentes y cambiar el mundo a su manera, las mujeres son más realistas y valoran más la vida.

La familia Hussein copaba todo los resortes del Estado.

La forma de equivocarse de todos los gobiernos de la historia es acercarse a los familiares y amigos, y darles el poder. Eso pasó con Napoleón Bonaparte: parte de su derrota y fin fue poner a su hermano en España. Lo hacen todos los dictadores por cuestión de confianza, no confían en el pueblo y viceversa. En Irak tuvimos primos y yernos de Sadam sin terminar la primaria y que apenas sabían leer y escribir mandar en los ministerios de Seguridad e Industria.

Los artistas que triunfaban en el Irak de Sadam debían ser adeptos al régimen.

La única. O le elogias o callas para siempre, porque en caso contrario te matan. Sadam y sus hijos han matado a artistas, cantantes nombres y apellidos conocidos por el pueblo. Un amigo, director de una revista, lo mataron por una frase en un artículo. Han hecho películas, novelas, canciones sobre él… pero los dictadores quieren ser ellos mismos los intelectuales. Sadam escribió cuatro novelas, y en prisión hasta el último día escribió poesía, pero todas eran chorradas; y Gadafi igual con su «Libro Verde». Sienten que lo que les hará eternos es el arte. Lo que más molesta a lo dictadores es el intelectual: prohibido hablar de política, religión y sexo... ¿de qué vas a hablar de mariposas si tienes a tu hermano muerto? Lo bueno de la Primavera Árabe es que rompió el muro del miedo. Lo han hecho los jóvenes, ahora tenemos muchas escritoras que escriben libremente sobre el sexo, el amor, relaciones personales... Lo que estamos haciendo ahora es cultura y arte. Es como el agua, que ante un obstáculo siempre halla un hueco por donde salir.