Pierre Nkurunziza (centro), escoltado en mayo de 2015 en Tanzania
Pierre Nkurunziza (centro), escoltado en mayo de 2015 en Tanzania - REUTERS

Un informe de la ONU acusa a Ruanda de entrenar a rebeldes de Burundi

Según el documento, el objetivo final de los combatientes sería la salida del poder del presidente Pierre Nkurunziza, tras la crisis abierta en el país desde abril

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Un informe confidencial de las Naciones Unidas acusa a Ruanda de reclutar y entrenar a los rebeldes que combaten al presidente de Burundi, Pierre Nkurunziza, desde el pasado mes de abril.

El documento, realizado por un panel de expertos que vigila las sanciones sobre la República Democrática del Congo y al que ha tenido acceso la agencia Reuters, se nutre de 18 testimonios de combatientes burundeses en la provincia congoleña de Kivu Sur.

Los rebeldes aseguran que fueron reclutados en el campo de refugiados de Mahama, al este de Ruanda, entre mayo y junio del pasado año y se les proporcionó entrenamiento militar por instructores entre los que se encontraba personal ruandés.

«(Los rebeldes entrenados) aseguran que su objetivo final era la salida del poder del presidente burundés, Pierre Nkurunziza», asegura el informe, que cuantifica su número en cuatro compañías de 100 reclutas cada una.

El actual conflicto de Burundi se remonta a abril, tras la decisión del presidente Nkurunziza de presentarse a un nuevo mandato. Un golpe en la mesa que amenaza la estabilidad regional después de doce años de guerra civil. Desde entonces, al menos 439 personas han sido asesinadas y 240.000 han abandonado el país (en un Estado de poco más de 10 millones de habitantes). De igual modo, Amnistía Internacional revelaba recientemente la existencia de fosas comunes de la represión orquestada desde el Gobierno.

La carta del FDLR

Sin embargo, no es la primera vez que se denuncian los intereses cruzados del conflicto. Y en ambos sentidos. Ya en mayo, la ministra de Exteriores de Ruanda, Louise Mushikiwabo, advertía que algunos elementos de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR) habían cruzado a Burundi desde la República Democrática del Congo y podrían incluso involucrarse directamente en los disturbios.

Entonces, la llamada de atención sobre la presunta explotación del conflicto por parte del FDLR (una milicia hutu -la misma etnia del presidente Nkurunziza- formada, en gran parte, por ex miembros de la guerrilla 'Interahamwe', quienes llevaron a cabo el genocidio de Ruanda en 1994 y se refugian ahora en el este del Congo) suponía una evidente escalada dialéctica de la crisis. Más aún, en un país en claro desajuste (85% de la población hutu, como el mandatario, 15% Tutsi).

En diciembre, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, rechazó la «acusación infantil» de que su país había avivado la inestabilidad en Burundi y aseguró que sus tropas no participarían en una posible intervención.