El primer ministro Hun Sen, en el momento de votar
El primer ministro Hun Sen, en el momento de votar - AFP

Farsa de elecciones en Camboya sin el principal partido opositor

Según los resultados preliminares, el partido del primer ministro Hun Sen arrasa al obtener el 80% de los votos en las 25 provincias

CORRESPONSAL EN ASIAActualizado:

Sin la participación del principal partido de la oposición, disuelto el año pasado y con sus líderes en prisión, suspendidos o exiliados, este domingo se han celebrado en Camboya unas elecciones que en realidad son una farsa. Aunque el Gobierno insiste en que 19 partidos concurren a estos comicios, el único que podía suponer una alternativa fue prohibido judicialmente en noviembre al ser acusado de conspirar con Estados Unidos para tomar el poder.

Con la desaparición de sus principales rivales, el primer ministro Hun Sen, que lleva más de tres décadas en el poder, tiene garantizada una victoria segura. La única duda es saber por cuánto ganará, ya que la participación electoral mostrará si la sociedad le apoya a o no. Para expresar su rechazo, los responsables del ilegalizado Partido para el Rescate Nacional de Camboya habían llamado al boicot electoral con una campaña en pos del «dedo limpio». Para acreditar que han votado, los electorales han tenido que meter uno de sus dedos en tinta, lo que en la práctica permite a las autoridades saber quién lo ha hecho y abre la puerta a posibles represalias a quien haya seguido el boicot. A tenor de la Comisión Electoral Nacional, ha acudido a las urnas el 82,71 % de los votantes.

Los resultados premilinares confirman lo que se esperaba: la amplia victoria de Hun Sen. El PPC se habría impuesto en las 25 provincias con más del 80 por ciento de los votos válidos emitidos. Los datos definitivos, que la comisión electoral prevé anunciar de forma oficial el 15 de agosto, permitirían al partido en el poder hacerse con la gran mayoría de los 125 escaños del parlamento que había en juego en la votación.

Cuestionados por Estados Unidos y la Unión Europea, estos comicios confirman la deriva autoritaria de Camboya al mando de Hun Sen, quien se ha deshecho de la oposición y silenciado a los medios independientes que le criticaban. Desde septiembre del año pasado, el líder opositor Kem Sokha lleva encerrado en una remota cárcel en la frontera con Vietnam a la espera de ser juzgado por traición. Para evitar correr el mismo destino, muchos de sus compañeros de partido han huido al extranjero, como hizo en 2015 su principal dirigente, Sam Rainsy, cuando se exilió en Francia tras ser acusado de difamación.

Ese mismo mes de septiembre, el Gobierno consiguió cerrar el periódico en inglés más crítico que había, «Cambodia Daily», al exigirle el pago de casi seis millones de euros en impuestos. Con las noticias del arresto de Sokha, su último titular fue «Caída en una dictadura absoluta».

En noviembre, el Tribunal Supremo desmanteló el Partido para el Rescate Nacional de Camboya. Sus cien miembros fueron suspendidos de toda actividad política durante cinco años y sus 55 diputados perdieron sus asientos en el Parlamento, que tiene 123 escaños. Curisoamente, el presidente del Tribunal Supremo, el juez Dith Munty, pertenece a la formación política en el poder, el Partido del Pueblo de Camboya. «Es el fin de la democracia en este país», sentenció entonces en la BBC una de las principales figuras de la oposición, Mu Sochua, también exiliada.

Para evitar críticas durante las elecciones, el Gobierno ha censurado en internet portales extranjeros de noticias, como Radio Free Asia, Voice of America y varios periódicos en inglés. En el pasado, cuando Camboya dependía de la ayuda humanitaria de EE.UU. y la UE, Hun Sen guardaba al menos las formas y permitía cierto margen de maniobra a la oposición. Pero, desde que China ha empezado a regarlo con millones para las inversiones que requiere su paupérrimo país, ya no necesita simular ninguna apariencia democrática.