Distancia del Aquarius respecto a España
Distancia del Aquarius respecto a España - ABC

España se une a Malta y rechaza al Aquarius por no ser el puerto cercano

El Gobierno se ampara ahora en esa norma para no acoger al barco de refugiados que sí aceptó en junio, cuando el navío estaba más lejos de Valencia

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La nueva llamada de auxilio del Aquarius, de nuevo sin destino por aguas del Mediterráneo, con 141 inmigrantes a bordo rescatados frente a las costas de Libia, ha puesto de nuevo al Gobierno de Pedro Sánchez frente a sus contradicciones. Y en una tesitura complicada: el complejo equilibrio entre mantener su discurso de buenas intenciones en materia migratoria, pero que contrasta con la convicción propia y la demanda de la UE de que no se puede actuar de forma unilateral.

Después de que el pasado 11 de junio, en una de sus primeras accciones como Gobierno, se ofreciese Valencia como puerto seguro el Ejecutivo socialista ha replicado que en estos momentos no puede hacerse cargo del buque: «España no es el puerto más seguro porque no es el puerto más cercano según lo establecido en el derecho internacional», aseguraban ayer fuentes del Gobierno.

La distancia a la que se enuentra el Aquarius ahora y entonces es muy similar. Y la casuística también, con el rechazo de Italia y Malta a abrir sus puertos. La vicepresidente Carmen Calvo, que coordinó aquel despliegue, justificó entonces la decisión como «una obligación legal» ante «una emergencia humanitaria». En aquel momento el Gobierno aseguraba que la ocupación del buque, con más de 600 personas a bordo, constituía una «situación límite».

En un primer término la decisión de España fue bien acogida en un principio en el seno de la UE porque resolvía un problema inmediato. Pero la realidad posterior ha sido tozuda. El Gobierno se ha visto superado por la situación y ha abrazado con fuerza el discurso del «desafío común». Después de que desde la UE, especialmente Francia y Alemania, fuesen claros demandando «coordinación» y evitar nuevas «acciones unilaterales». A eso se ha unido la demanda de la Junta de Andalucía, que recibe en sus costas los mayores flujos de inmigración irregular, de reclamar más recursos al Gobierno para hacer frente a la presión. La negativa expresda ayer, que en el Gobierno insistían en enmarcar en las ctuales circunstancias y por tanto ser susceptible de modificación, demuestra que para el Gobierno la decisión de junio tenía ante todo una especial carga ejemplarizante. Lo reconoció entonces el propio ministro de Exteriores, Josep Borrell, que definió la decisión de acoger al Aquarius como una «llamada de atención simbólica» a la Unión Europea para que «se tome en serio el problema».

Continúa la odisea

La nave Aquarius, con 141 inmigrantes rescatados el pasado viernes en dos operaciones tras el naufragio de dos pateras frente a las costas libias, continúa su peripecia en medio de la incertidumbre. «La Aquarius está ahora en aguas de Malta y lleva bandera de Gibraltar. A este punto, el Reino Unido debe asumir sus responsabilidades para la salvaguardia de los náufragos», afirmó ayer en Twitter el ministro de Transportes, Danilo Toninelli, del que dependen los puertos italianos. Tajante volvió a ser también el vicepresidente del gobierno y ministro del Interior, Matteo Salvini: «La nave Aquarius, de propiedad alemana, alquilada por una ONG francesa, tripulación extranjera, en aguas maltesas, con bandera de Gibraltar, puede ir donde quiera, pero no a Italia. Stop a los traficantes de seres humanos y a los cómplices», escribió Salvini en la misma red social.

Tripulantes del Aquarius en un momento del rescate del pasado viernes - EFE | Vídeo: ATLAS

Las ONG Médicos sin fronteras y SOS Mediterranée, que gestionan la nave, denunciaron que la «Aquarius está cada vez más sola». La embarcación vuelve a enfrentarse a otra aventura parecida a la que protagonizó en junio, cuando se vio obligada a permanecer con 630 inmigrantes a bordo en alta mar durante nueve días, hasta que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, decidió acogerlos en Valencia. Pero esta vez, si cabe, hay más indiferencia y menos predisposición para hacerse cargo de los inmigrantes, tanto en el mar como ahora en algún puerto. Los testimonios de los rescatados lo atestiguan. Cuando fueron salvados por la Aquarius, indicaron que al naufragar vieron cinco barcos mercantes y ninguno de ellos acudió a socorrerlos.

Llamamiento a Europa

Por su parte, la dirigente de SOS Mediterranée, Sophie Beau, muy crítica con Europa, hizo un llamamiento para que «todos los países europeos asuman sus propias responsabilidades»: «Estamos pidiendo a todos los Estados europeos encontrar una solución para desembarcar en un puerto seguro en el Mediterráneo», dijo Beau.

A la Aquarius solo le han tendido la mano dirigentes locales que se han ofrecido a acoger a sus pasajeros. Algunas autoridades lo han hecho de forma provocadora, sabiendo que en ningún caso tendrán que asumir directamente esa responsabilidad. Así, en Italia, el alcalde de Nápoles, el exmagistrado Luigi de Magistris, de izquierdas, que se apunta siempre a estas causas de tipo humanitario, hizo esta invitación: «La embarcación Aquarius puede dirigirse hacia nuestro puerto porque, si no hacen que desembarquen, seremos nosotros mismos los que vayamos a cogerlos en medio del mar», afirmó, obviando que los administradores locales no tienen capacidad de decisión sobre la apertura o cierre de los puertos. Algo similar ocurrió en Barcelona, donde la teniente de alcalde de Derechos Sociales y alcaldesa accidental, Laia Ortiz, ofreció la posibilidad de recibir a los inmigrantes a pesar de la oposición del Gobierno. «España no es el puerto más seguro porque no es el más cercano», indicaron ayer fuentes de Moncloa.

El Gobierno español adopta así el criterio que mantienen otros países comunitarios como Francia. En efecto, las autoridades del puerto de Sète, en el sureste francés, declararon ayer estar dispuestas a acoger el barco Aquarius, siempre que se obtuviera la autorización del Estado. Pero en París tienen el criterio de seguir el derecho marítimo internacional, que establece para las operaciones de salvamento dirigirse al puerto más próximo y seguro, en este caso Malta e Italia. Ambos países ya han rechazado acoger a la nave.

Todo parece indicar que la solución tendrá que llegar desde Bruselas. La Comisión europea, que ayuda a coordinar los países pero no tiene competencia para decidir el puerto en el que debe atracar la nave, está en contacto con diversos Estados miembros para recolocar a los 141 inmigrantes de la Aquarius en varios países.