El presidente de Estados Unidos Donald Trump
El presidente de Estados Unidos Donald Trump - AFP

Escraches contra miembros del gobierno de Trump

Los demócratas fomentan el acoso justificándose en la confrontación permanente en la que vive el presidente de EE.UU.

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Los vientos que siembra Donald Trump desde que llegó a la política están desatando tempestades. La agitación política está en máximos en EE.UU. con el escándalo de la separación de familias de inmigrantes en la frontera y lo han notado en su piel miembros del gabinete de Trump. La secretaria de seguridad interior, Kirstjen Nielsen, y el asesor Stephen Miller -dos figuras clave de la política migratoria- fueron abucheados la semana pasada cuando fueron a cenar a restaurantes mexicanos. A la secretaria de Prensa, Susan Sanders, uno de los rostros más conocidos del Gobierno, no quisieron servirle en un restaurante.

El tratamiento, en especial el de Sanders, ha servido para galvanizar a las bases de Trump en un momento en el que se encontraban a la defensiva por la separación de familias. Pero, además, ha puesto al partido demócrata frente al espejo. El célebre «cuando ellos golpean bajo, nosotros subimos» de Michelle Obama antes de las elecciones, en plena retórica incendiaria del entonces candidato Trump, no ha servido: el multimillonario neoyorquino ganó las elecciones y no baja en las encuestas. Si hoy hubiera elecciones, probablemente volvería a ganar. Algunos demócratas creen que es hora de dejar el buenismo de lado y copiar la misma agresividad de Trump.

Quien ha sido más clara es la congresista Maxine Waters, que abogó por profundizar en el acoso al trumpismo. «Si veis a algún miembro del Gobierno en un restaurante, en una tienda, en una gasolinera, juntad un grupo de gente y les presionáis, y les decís que ya no son bienvenidos en ningún sitio», dijo esta semana en un mitin, en el que defendió «acosar» al equipo de Trump.

Dentro y fuera del partido demócrata se ha criticado a Waters. Desde la líder en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, hasta el influyente asesor David Axelrod, o incluso voces influyentes como la del cocinero José Andrés, muy beligerante con Trump, que ha asegurado que él nunca impediría a nadie comer en sus restaurantes por sus opiniones políticas.