Refugiados esperan la llegada de funcionarios al campo de Nizip, cerca de Gaziantep
Refugiados esperan la llegada de funcionarios al campo de Nizip, cerca de Gaziantep - REUTERS

Día de los Derechos HumanosRefugiados sirios en Turquía, un arma de doble filo para Erdogan

Más de dos millones y medio de sirios se agolpan en el país desde el comienzo del conflicto. Sólo 250.000 viven en los 26 campos repartidos a lo largo del territorio turco, menos del 10% del total

ESTAMBULActualizado:

Más de dos millones y medio de sirios se refugiaron en Turquía desde el comienzo del conflicto. Sólo 250.000 viven en los 26 campos repartidos a lo largo del territorio turco, menos del 10% del total. Adelante con sus vidas, los sirios se asientan en el país y levantan pequeños negocios y escuelas, pero también ampollas entre los turcos más nacionalistas o los afectados por la crisis y el paro. Capitalizar a los emigrantes sirios es la patata caliente del presidente Recep Tayyip Erdogan, mientras que organizaciones proderechos humanos denuncian la precariedad de los refugiados asentados en el país.

La caída del turismo en 2016 fue un duro golpe para la economía turca, cuyo crecimiento este año el Gobierno ya ha tenido que revisar del prometido 4,5 % a un 3,2. Los optimistas ven a los sirios como una oportunidad para impulsar la decaída economía y generar demanda, mientras que los más escépticos denuncian la preocupante situación de los sirios –abocados a trabajos precarios- y de lo difícil que resultará la adaptación: idioma y cultura.

Los sirios están creando empresas, oportunidades de trabajo y están dando un gran empuje a la economía Suponen más una carga para la economía que un impulso. La mayoría de sirios sufre una gran explotación

«El Gobierno turco tiene una intención instrumental con los refugiados y se ha portado bastante bien. Los sirios están creando empresas, comercios, oportunidades de trabajo muy importantes y están dando un gran empuje a la economía del país. Han creado más de 500 empresas. Es también una aportación a la UE», dijo a ABC el politólogo progresista francés Sami Nair en una entrevista sobre la crisis migratoria. «No es tan exitoso como se ha podido contar. Suponen más una carga para la economía que un impulso. Al menos, de momento. La mayoría de sirios sufre una gran explotación dentro de la economía informal porque resulta muy duro obtener los permisos de trabajo, debido a las dificultades de adaptarse a la cultura turca y especialmente por el idioma. Si ya es duro para los refugiados en Líbano, donde se habla árabe, imagina en Turquía», comenta en cambio a este diario Özgehan Şenyuva, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Técnica de Oriente Medio y miembro del proyecto de investigación Sawha, programa financiado por la UE que pretende analizar las tendencias y perspectivas de los jóvenes los países árabes y del Mediterráneo. En marzo, según fuentes oficiales, tan solo el 0.1% de los sirios en Turquía poseía permiso de trabajo.

«No quiero sirios en mi país»

El Gobierno turco les ha otorgado a los sirios un estatus de protección temporal, con derechos limitados, incluido el acceso regulado al mercado de trabajo. Sin embargo, con tres millones y medio de turcos en paro, la masiva llegada de sirios ha hecho que muchos locales empezaran a mirar de otra forma a los nuevos «invitados», como se les denomina en Turquía. Empresarios aprovechan la desesperación de los sirios para bajar salarios, al tiempo que ante la demanda los alquileres suben. A mediados de año, Erdogan adelantó –aunque sin ofrecer más detalles prácticos- que abría la puerta a conceder la nacionalidad turca a refugiados sirios cualificados. El plan generó una oleada de indignación entre una parte de la ciudadanía turca, que incluso llevó hasta los «Trending Topics» de Twitter el hashtag #ÜlkemdeSuriyeliİstemiyorum (no quiero sirios en mi país).

«Hace un par de años todo el mundo era muy abierto con nosotros, pero esto ha cambiado. No todos, pero mucha gente no nos trata muy bien. Algo se ha roto. No es un problema personal sino por la cantidad de sirios que hemos venido. Un amigo mío aquí es doctor pero trabaja como camarero y por ser sirio cobra 300 o 400 liras menos al mes que un turco», explica a ABC Basel, un joven damasceno de 21 años y huérfano. Leila Altay, una trabajadora social de la organización NuDay Siria, que trabaja con mujeres y niños refugiados sirios, apostilla: «Es necesaria una mejor política de integración».

El 18 de marzo de este año se firmó el controvertido acuerdo de los refugiados entre la UE y Turquía. «Es imprudente e ilegal», ha denunciado Amnistía Internacional, que cree inverosímil e improbable que el país otomano pueda respetar los derechos y satisfacer las necesidad de más de tres millones de solicitantes de asilo y refugiados. «Viola la Convención de Ginebra de 1951 sobre los refugiados, la Carta Europea de los DDHH… se trata de un derrumbe cultural identitario de la UE solo comparable a la tragedia vivida por los propios refugiados», escribe Nair en su último libro «Refugiados».

Desde Alepo andando a la frontera, y desde allí a las grandes ciudades en autobús buscando oportunidades de trabajo lejos de los campos de refugiados, Alí y su esposa embarazada apenas aguantaron su primera semana en Estambul. «Dormimos en un parque, en el hotel me pedían 100 euros la noche», relata a este diario. Muchos de esos refugiados urbanos viven Estambul, más de 366.000 según cifras del Comité de Rescate Internacional (más que en todos los países europeos juntos). Restaurantes con sus platos en árabe y mercerías con dependientas sirias se multiplican en las calles de la ciudad, donde los sirios tienden a concentrarse en barrios de la periferia, pero especialmente en Fatih, en el corazón de la Ciudad Vieja de Estambul. Los especuladores lo saben, y los precios suben como la espuma.

Hace dos años todo el mundo era muy abierto con nosotros, pero esto ha cambiado. Mucha gente no nos trata bien

Allí vive Amina, una refugiada siria de Alepo, junto a sus dos hijas – Madih y Jumnan -, su hermana y los padres de su cuñado, en un edificio de dos plantas en el que viven además otras tres familias. Paga más de 700 liras turcas por una casa que es poco más que las paredes. «La vida en Estambul es muy cara», se queja, porque además ella no puede trabajar. En Alepo era enfermera en un hospital de la zona controlada por Asad, pero tras la muerte de su marido y permanecer detenida durante diez días por la «mujabarat» (servicios de inteligencia) decidió refugiarse en Turquía. Sin apenas dinero y con pocas opciones de encontrar trabajo más allá de lavandera del barrio, Amina sobrevive gracias a la red colaborativa que los propios sirios tejen en la capital. A través de grupos de whatsapp o conocidos, se mueven muebles, medicinas, ropa o regalos para los niños.

Sin acceso a permisos de trabajo legales, los sirios se ven abocados al trabajo informal. Durante el mes de Ramadán, Basel, que ha empezado este año a estudiar Informática en Estambul, se dedicó a vender comida cerca de las paradas de metro. Muchos de los 650.000 menores que viven en Turquía según el ministerio turco de Educación trabajan ilegalmente en la industria textil para algunas de las principales marcas del mundo, informó hace varias semanas la cadena británica BBC. Según denuncian, el Gobierno de Ankara se está demostrando incapaz de proteger a los niños sirios refugiados, pese a que a todos los que están registrados les ha concedido una tarjeta de «invitado» expedida por AFAD, la agencia pública turca para situaciones de emergencia.

Encontró el cadáver abandonado de su padre

Aunque se ha librado del trabajo infantil Madih, una niña de 9 años de mejillas llenas y ojos brillantes, apenas duerme por las noches. Su padre, taxista, fue asesinado por un francotirador en Alepo. Su cuerpo quedó abandonado durante cinco días dentro del taxi, hasta que la propia Madih lo encontró. Dos años más tarde, las pesadillas la persiguen todavía.

Vivienda de Estambul donde viven tres familias sirias
Vivienda de Estambul donde viven tres familias sirias - A. ALAMILLOS

Más allá de las grandes ciudades, son las regiones fronterizas con Siria –de mayoría kurda- las que están asumiendo la peor ola de llegadas. La ciudad de Kilis, acoge ya más refugiados sirios que nacionales turcos, lo que para algunos políticos está provocando un desequilibrio en la precaria balanza de la presencia kurda en Turquía. La concesión de ciudadanía turca a refugiados sirios planteada por Erdogan, aunque le ofrecería al mandatario un importante colchón de apoyo popular, podría tener efectos negativos a largo plazo, según declaraciones del representante del Consejo Nacional Kurdo de Siria en Estambul Hawaz Egid a la cadena Kurdistán24. «El plan de Erdogan podría ayudar a que algunos refugiados recuperen sus vidas, pero sin duda perturbará la estructura demográfica de las áreas kurdas en Turquía y Siria a largo plazo», dijo.

Erdogan utiliza también la baza de los refugiados como presión a la Unión Europea, a la que amenaza con rescindir el acuerdo firmado en marzo y «abrir las fronteras». El pacto migratorio planteaba que todos los nuevos migrantes irregulares que pasaran por territorio turco a las islas griegas fueran devueltos a Turquía. Además, por cada sirio retornado se reasentaría en la UE a otro sirio procedente del país otomano. Desde su aprobación, las llegadas de migrantes a las islas griegas han bajado drásticamente hasta unas 90 de media al día, cuando hasta febrero rondaban las y 2.800 diarias según Frontex, pero quedan más de 62.000 inmigrantes y refugiados bloqueados en Grecia, ha informado esta semana la Comisión Europea. Bloqueada la ruta terrestre, Libia y el Mar Mediterráneo han cobrado aún más protagonismo. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), al menos 4.715 refugiados e indocumentados han muerto en su intento de cruzar el mar, 1.600 más que en el mismo periodo de 2015.