El presidente de Sudán, Omar al-Bashir (i), junto al premier chino, Li Keqiang, en Pekín
El presidente de Sudán, Omar al-Bashir (i), junto al premier chino, Li Keqiang, en Pekín - EFE

Cumbre entre China y África para expandir las «Nuevas Rutas de la Seda»

Pekín acoge la reunión trienal del Foro de Cooperación China-África entre acusaciones de «neocolonialismo» por el alto endeudamiento de sus proyectos en dicho continente

Corresponsal en PekínActualizado:

Con la presencia de más de 40 países, este lunes y martes se celebra en Pekín una cumbre del Foro de Cooperación China-África (FOAC, en sus siglas en inglés). Fundado hace 18 años, dicho foro le ha servido al autoritario régimen chino para expandir su influencia por todo el continente africano a través de inversiones multimillonarias a cambio de acceso a sus ricas materias primas y a su incipiente mercado.

En menos de dos décadas, el comercio entre ambas partes se ha multiplicado por 17 hasta alcanzar el año pasado los 170.000 millones de dólares (146.500 millones de euros). Siguiendo esta tendencia, sus intercambios comerciales han crecido un 16 por ciento en la primera mitad del año, hasta rozar los 100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros). Con una media de 3.000 millones de dólares (2.500 millones de euros) en los últimos tres años, la inversión china en África también se ha disparado hasta sumar un acumulado de 100.000 millones de dólares (86.000 millones de euros).

En la última cumbre de este foro, celebrada en Johannesburgo hace tres años, China anunció inversiones por valor de 60.000 millones de dólares (51.700 millones de euros) que cubrían todos los países y campos: desde las infraestructuras hasta la industrialización pasando por la modernización agrícola, los servicios financieros, la seguridad y la cooperación para reducir la pobreza y mejorar la atención sanitaria y social. Entre los logros que se atribuye Pekín destacan proyectos para construir en África 30.000 kilómetros de autopistas, generar 20.000 megavatios de electricidad, depurar al día nueve millones de toneladas de agua y crear 900.000 empleos locales.

«Podríamos ver un crecimiento de dos dígitos en los próximos cinco a diez años. ¿Es posible alcanzar en 2020 los 300.000 millones de dólares (258.000 millones de euros)? Algunos dicen que es improbable, pero yo creo que es totalmente posible», pronosticaba en un reciente seminario un antiguo viceministro chino de Comercio, Wei Jianguo, según informa la agencia de noticias Xinhua.

Pero toda esta lluvia de millones, que ha servido para desarrollar un continente explotado y luego olvidado por Occidente, ha venido acompañada de acusaciones de «neocolonialismo», corrupción, deterioro del medioambiente, falta de respeto a los derechos humanos y fuerte endeudamiento de los países beneficiarios. Es el caso, por ejemplo, de Yibuti, donde China ha construido su primera base militar en el extranjero en un punto estratégico del Cuerno de África.

A pesar de estas críticas, el viceministro de Comercio chino, Qian Keming, negó la semana pasada que los elevados niveles de deuda pública que sufren algunos países africanos se deban a los proyectos financiados por Pekín. «A tenor de las estadísticas que tengo, la mayoría del peso de la deuda no ha sido necesariamente creado por China», aseguró Qian, quien lo atribuyó a la crisis de 2008 y a la caída en el precio de las materias primas, según informa Reuters.

Siguiendo con la misma estrategia, Pekín tiene previsto anunciar nuevos proyectos millonarios en esta cumbre chino-africana. Para ello, expandirá por el continente el proyecto estrella alumbrado por el presidente Xi Jinping: las «Nuevas Rutas de la Seda» o «La Franja y la Ruta», a tenor de la denominación de la propaganda oficial. Con esta iniciativa, que prevé casi un billón de euros en inversiones por todo el mundo, China financia infraestructuras para fomentar el comercio y, de paso, aumentar su influencia geoestratégica. A través de sus préstamos, otorgados por bancos chinos y ejecutados por empresas chinas, los países beneficiados se dotan de carreteras, puertos y aeropuertos que necesitan. Pero se encadenan a los intereses del régimen de Pekín, que sigue extendiendo sus tentáculos por todo el mundo dentro de su ascenso como superpotencia.

Durante el fin de semana, el presidente Xi Jinping ha agasajado a los jefes de Estado y de Gobierno africanos que han acudido a la cumbre de Pekín, como el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, reclamado por el Tribunal Penal Internacional de La Haya por crímenes contra la humanidad en Darfur. Haciendo oídos sordos a tan graves acusaciones, China da la bienvenida a Sudán a las «Nuevas Rutas de la Seda».