Cristina Fernández de Kirchner, en una entrevista con ABC en 2009
Cristina Fernández de Kirchner, en una entrevista con ABC en 2009 - Ignacio Gil

Cristina Fernández de Kirchner: «No es justo decir que nuestro gobierno fue corrupto»

En su primera entrevista televisiva a un periodista no afín en mucho tiempo, la expresidenta argentina insiste en la teoría del suicidio en la muerte del fiscal Nisman

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Cristina Fernández de Kirchner, preocupada porque no sube en las encuestas (se presenta a senadora en octubre), ha concedido su primera entrevista en mucho tiempo a un periodista no militante ni manifiestamente afín. La expresidenta, en su regreso a las cámaras de televisión, se mantuvo en su línea habitual. Negó acusaciones, números probados de su gestión y evidencias de sus procesamientos. Como excepción a la regla, dijo, «reconozco que en mi Gobierno había inflación, pero ahora hay más». Dicho esto, en rigor a la verdad, en su Gobierno se llegó a tener, como el año pasado con el actual, en torno al 40 por ciento de inflación.

La viuda de Néstor Kirchner se mostró como una víctima perseguida por el Gobierno de Mauricio Macri, expresó, casi hasta las lágrimas, su decepción por la corrupción que lleva su sello y en especial, su desazón al ver la escena del convento, que dio la vuelta al mundo, donde su histórico colaborador y exsecretario de Obras Públicas, José López, trataba de esconder millones de dólares. «Le odié», dijo. «No es justo -añadió- decir que nuestro gobierno fue corrupto... Ese no es el saldo de 12 años y medio», lamentó al considerar la gestión de su marido (2003-2007) como propia.

En su intervención -una pieza magistral de interpretación para muchos- se animó a comparar la Argentina de Mauricio Macri con la de Nicolás Maduro, su viejo aliado. Para sorpresa de todos, aseguró que ni en Argentina ni en Venezuela «hay Estado de Derecho».

Acompañada del publicista y asesor español Antoni Gutierrez Rubí, la expresidenta de Argentina acudió a los estudios de Infobae.com, diario digital de referencia, y respondió, por cerca de dos horas, a las preguntas del periodista Luis Novaresio, profesional de amplia trayectoria conocido por sus posiciones moderadas.

Rebaja en la agresividad

Siguiendo instrucciones de Rubí, quizás el único hombre después de Néstor Kirchner del que «Cristina» acepta indicaciones, trató de mostrarse afable y bajar el tono de reproche y agresividad que la caracterizaban en sus casi cotidianas «cadenas nacionales» (mensajes a la Nación obligados a transmitir en todas las emisoras de radio y televisión) con las que sofocó a los argentinos durante ocho años. El «tono» de aquellas intervenciones es, con la inflación, lo único que la viuda de Kirchner reconoció como un error en algo que podía aproximarse a una autocrítica.

Respecto a la acusación, en términos históricos quizás más grave, de traición a la patria por su presunto encubrimiento de los autores del atentado al edificio israelí de la AMIA, se defendió: «Acusarme de traición a la patria forma parte de una persecución judicial. Por traición a la patria fueron acusados Juan Domingo Perón y, si el juez (Claudio) Bonadío lo establece, seré indagada (citada como imputada)», pero «no tiene ni pies ni cabeza. Me parece un disparate».

La misma expresión, «disparate», utilizó al recordarle otras imputaciones contra ella y a miembros clave de su Administración. «Es un atentado a la democracia que un gobierno pueda ser equiparado con una asociación ilícita. Es -insistió- un gran disparate. El poder judicial está muy desprestigiado».

Interrogada sobre las causas de la muerte del exfiscal Alberto Nisman -primero en recurrir a la figura de asociación criminal- evitó pronunciarse explícitamente, pero, fiel a su estilo, deslizó: «Se conoce el arma que provocó la muerte. Se conoce quién le entregó el arma, que fue su asistente informático (Diego Lagomarsino). Se la dio en su casa y fue el último que lo vio con vida. Ese asistente tenía un vínculo. Tenía una cuenta en el exterior a su nombre. Y esa persona era un furibundo opositor a mi gobierno».

Peritos policiales apuntan al asesinato de Nisman

En el momento en que la expresidenta hacía estas declaraciones se filtraba un informe parcial de la Gendarmería (fuerza militarizada) donde se consideraba que a Nisman le golpearon antes de su muerte y ésta fue un asesinato. La fuerza de seguridad, en el ojo del huracán estos días por la desapareción de Santiago Maldonado, un activista y tatuador en paradero desconocido desde hace más de un mes, difundió un comunicado en el que negaba que, en su informe, hubiera conclusiones definitivas del caso Nisman.

En ese contexto, Cristina Fernández deslizó, con malicia, que no le gusta «un país donde desaparece gente». Identificar el Gobierno de Mauricio Macri, al que se refirió siempre en tono acusador, con el régimen militar que asoló Argentina entre 1976 y 1983, es una práctica constante del kirchnerismo. En esa dirección, Novaresio quiso conocer la opinión de la expresidenta sobre las pintadas y cantitos de sus leales que acostumbran a alzar la voz para proclamar: «Macri, basura, vos sos la dictadura». «No comparto», fue su respuesta.

Apenas autocrítica

A lo largo de su intervención se refirió a su gestión como si Argentina hubiera vivido con ella en la Casa Rosada los momentos más felices de su historia. En ningún momento reconoció errores salvo el del «tono» y la inflación. Para la expresidenta, la falsedad de las estadísticas oficiales, los niveles de pobreza que dejó del 30 por ciento, el déficit fiscal, el bloqueo a la libre adquisición de dividas, el bloqueo a las importaciones, los abusos de poder así como los atropellos e intentos de asalto del Poder Judicial y acoso a los medios de comunicación críticos, forman parte de la imaginación de otros.

Vestida de blanco, su color favorito, Fernández trató de aprovechar cualquier pregunta para apuntar contra Macri. Según ella, ahora, ni la libertad de expresión se respeta y puso como ejemplo que «por un tuiter (sic)» en contra del presidente, una persona estuvo detenida cuando a ella la llamaban «yegua, montonera y puta» y no pasaba nada. Se olvidó de mencionar que el famoso tuit era una amenaza de muerte directamente contra la familia del presidente. En concreto, contra Antonia, su hija pequeña de 5 años.

Genio y figura, Cristina, como la llaman leales, exleales y adversarios, se extendió en sus respuestas, aunque en buena parte de estas no contestara a la pregunta concreta, negara los hechos y tratara de frenar al periodista cuando intentaba repreguntar. Quizás el mensaje en el que presentó el rostro político más amable o generoso se produjo cuando aseguró: «Si en el 2019 (año de elecciones presidenciales) soy un obstáculo para lograr la unidad del peronismo y ganar, me excluyo». Ojo, no perder de vista el adverbio «si», de libre interpretación ayer, hoy y siempre.