Moon Jae-in durante su visita a la Casa Blanca en Washington
Moon Jae-in durante su visita a la Casa Blanca en Washington - AFP

Corea del Sur media para retomar el diálogo entre Trump y Kim Jong-un

Pyongyang, dispuesto a hablar con EE.UU. pese a la cancelación de la cumbre de Singapur

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Con la misma paciencia que ha demostrado desde que llegó al cargo hace un año, el presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in, sigue inasequible al desaliento tras la sorprendente cancelación de la cumbre entre Trump y Kim Jong-un. Aunque Moon, auténtico muñidor del deshielo con el régimen comunista de Pyongyang, se declaró «perplejo» tras conocer la noticia, insistió en que «la desnuclearización de la península coreana y el establecimiento de una paz permanente son tareas históricas que no se pueden abandonar ni retrasar».

Según informa la agencia surcoreana de noticias Yonhap, el Gobierno de Seúl no tira la toalla pese al jarro de agua fría que ha supuesto la suspensión del encuentro, que iba a celebrarse en Singapur el 12 de junio. Para que no se pierda la oportunidad que se había abierto con Corea del Norte, Moon Jae-in aboga por establecer un contacto directo entre Trump y Kim Jong-un. Así se lo dijo a sus asesores en una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional celebrada el jueves a medianoche, donde reconoció que «puede ser difícil resolver los asuntos diplomáticos sensibles con los métodos de comunicación actualmente empleados». Para superar estos cruces de declaraciones, que se han envenenado por la dureza de la negociación entre ambas partes, confió en que los dos países «resuelvan tales asuntos a través de un diálogo más directo y cercano entre sus líderes».

Lo que no se sabe es cómo lo hará, porque él mismo tiene una «línea directa» con Kim Jong-un que fue establecida días antes de su histórica cumbre del pasado 27 de abril en Panmunjom, en plena frontera del Paralelo 38. Pero, tal y como admitieron sus asesores de la Casa Azul, la residencia presidencial surcoreana, no tenían previsto utilizarla para analizar las opciones que quedan ahora. En un claro desaire diplomático, Trump canceló la cumbre por carta justo después de que el régimen de Kim Jong-un destruyera su silo de pruebas nucleares ante un grupo de periodistas extranjeros.

En su primera reacción oficial tras el inesperado anuncio de Trump, Corea del Norte optó por la cautela y por no cerrar definitivamente la puerta al diálogo. «Nos gustaría hacer saber a Estados Unidos una vez más que tenemos intención de sentarnos con ellos para resolver los problemas de cualquier forma y en cualquier lugar», declaró el viceministro de Exteriores, Kim Kye-gwan, en un comunicado difundido por la agencia estatal de noticias KCNA.

Aunque confesó que «el anuncio unilateral de la cancelación de la cumbre nos hace pensar si era realmente lo correcto hacer estos esfuerzos y haber optado por un nuevo camino», insistió en su voluntad de seguir dialogando con la Casa Blanca. «No hemos cambiado en nuestro objetivo y haremos todo lo que podamos por la paz y la estabilidad de la península coreana y la humanidad», aseguró Kim Kye-gwan. Declarándose «abierto todo el tiempo y con una mentalidad amplia», manifestó su «voluntad para ofrecer a EE.UU. tiempo y oportunidades».

De igual modo, rechazó la «cólera y hostilidad» argumentada por Trump para cancelar la cumbre. Su decisión se produjo poco después de que la viceministra de Exteriores norcoreana, Choe Son-hui, criticara duramente al vicepresidente Mike Pence por proponer una desnuclearización «a la libia». Esa es la principal clave del desacuerdo, ya que EE.UU. pretende que Kim Jong-un renuncie a sus armas atómicas a cambio de ayuda económica y este, evidentemente, no quiere hacerlo para no acabar algún día como Gadafi, linchado hasta la muerte por una turbamulta.