Conozca a los nuevos altos cargos de la Unión Europea

La alemana Ursula Von der Leyen será la nueva presidenta de la Comisión Europea; Josep Borrell, el alto representante en Política Exterior de la UE; Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo (CE), y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo

EFE
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La alemana Ursula Von der Leyen será la nueva presidenta de la Comisión Europea; Josep Borrell, el alto representante en Política Exterior de la UE; Christine Lagarde, la presidenta del Banco Central Europeo (CE), y Charles Michel, presidente del Consejo Europeo.

Estos son los nombramientos que han acordado este martes los líderes europeos, según ha anunciado el todavía presidente del Consejo, Donald Tusk. Queda pendiente el nombramiento del presidente del Parlamento Europeo.

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  1. Von der Leyen, de delfín de Merkel a primera presidenta de CE

    AFP

    La ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen, una convencida europeísta, ha pasado de ser considerada tiempo atrás como potencial sucesora de la canciller Angela Merkel a convertirse en la primera mujer que será presidenta de la Comisión Europea (CE).

    De 60 años, la conservadora Von der Leyen, la primera mujer que ha sido ministra de Defensa en Alemania, forma parte desde hace tiempo de una organización suprapartidista que quiere una mayor integración de la Unión Europea (UE), con la meta de llegar a un federalismo europeo.

    Von der Leyen, hija del político cristianodemócrata Ernst Albrech que fue jefe del gobierno regional de Baja Sajonia, nació en Bruselas en 1958 y vivó en Bélgica hasta 1971.

    Su carrera política se inició en Baja Sajonia, donde fue ministra regional de ese «land» antes de dar el salto a la escena nacional en la campaña electoral de 2005 como parte del equipo de Angela Merkel.

    Durante el primer Gobierno de Merkel (2005-2009) Von der Leyen, que tiene siete hijos, fue ministra de Familia, departamento desde el que generó una pequeña revolución al impulsar decisivamente las posibilidades de que las mujeres compaginen la actividad profesional con la vida familiar.

    Aplaudida por los socialdemócratas y los Verdes, causó con ello irritación dentro de ciertos sectores cristianodemócratas que seguían cultivando la idea de que la mujer con hijos debe quedarse en casa mientras estos crecen, en lugar de regresar lo más rápidamente posible al trabajo.

    Ursula Von der Leyen -que en esos años se ganó el apodo de «madre de la nación alemana»- tiene una biografía que parece hecha a la medida para mostrar que el hogar y el trabajo no son incompatibles.

    Antes de entrar en la política activa, Von der Leyen había trabajado como médica tras terminar su carrera de medicina en 1987, a la que había llegado después de haber realizado estudios de arqueología y economía.

    Todo ello no le impidió formar una familia con siete hijos y las doce horas de trabajo que todos le atribuyen no le impide aparecer siempre como si acabase de salir de una sesión de hidroterapia.

    De la cartera de Trabajo Von der Leyen pasó a la de Trabajo y Asuntos Sociales en 2009 y luego, en 2013, se convirtió en la primera mujer en ser ministra de Defensa en Alemania.

    Antes su nombre se había barajado como candidata a la presidencia de Alemania y también se le habían atribuido ambiciones de asumir un cargo en la Comisión Europea, ante lo que se había encontrado con la oposición de Merkel que quería mantenerla en su equipo de Gobierno.

    En las dos primera legislaturas de la era Merkel, Von der Leyen fue considerada como la ministra estrella del Gobierno e incluso muchos la mencionaban como posible sucesora de su mentora en la Cancillería.

    Sin embargo, siempre rechazó al título de «delfín de Merkel», asegurando que cada generación tenía su canciller y que ella y Merkel pertenecían a la misma generación.

    La idea de que Ursula Von der Leyen podía algún día convertirse en canciller perdió fuerza con el desgaste a que se ha visto sometida como ministra de Defensa en Alemania.

    En octubre del año pasado admitió «errores» en la contratación de asesores externos por su departamento, cuestión que desató críticas de la oposición e investigaciones preliminares por parte de la Fiscalía.

    Además del alemán y del francés, la futura presidenta de la Comisión Europea domina el inglés, idioma que ha usado para sus discursos en foros internacionales de seguridad.

  2. La francesa Lagarde, primera mujer que ha dirigido el FMI, al frente del BCE

    Reuters

    La exministra francesa Christine Lagarde, gran conocedora del mundo de los negocios en Estados Unidos por su experiencia profesional y del sistema financiero internacional como directora del FMI en los últimos ocho años, será la próxima presidenta del Banco Central Europeo (BCE).

    Lagarde, liberal convencida se convirtió en 2011 en la primera mujer al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) al sustituir a Dominique Strauss-Kahn, otro antiguo ministro francés que tuvo que dimitir enfangado en un escándalo sexual, y será de nuevo pionera reemplazando al italiano Mario Draghi en el BCE.

    Una institución en la que por ahora sólo hay dos mujeres entre los 25 integrantes de su órgano máximo, el consejo de gobernadores.

    Nació hace 63 años en París y estudió Derecho y Ciencias Políticas.

    Empezó a dedicarse a la abogacía en la capital francesa en 1981 contratada por Baker McKenzie. En esa firma internacional trabajó como especialista en cuestiones laborales, de competencia y de fusiones y adquisiciones.

    Fue escalando en la jerarquía ya instalada en Estados Unidos: entró en 1995 en el comité ejecutivo de este bufete estadounidense, cuatro años después pasó a ser su presidenta y en 2004 responsable del comité estratégico.

    En junio de 2005, dejó la empresa privada para entrar en el Gobierno del conservador francés Nicolas Sarkozy, primero en la cartera del Comercio Exterior y dos años después como ministra de Economía y Finanzas.

    Como responsable francesa de Finanzas -era la primera mujer en ese puesto- presidió el Ecofin en el segundo semestre de 2008 y luego el G20 durante la presidencia de su país en 2011.

    Para evitar que Francia perdiera un puesto internacional tan relevante como el de director del FMI ante el escándalo de Strauss-Kahn, Sarkozy la propulsó para reemplazarlo en julio de ese año y desde entonces pocos son los que han lamentado públicamente su decisión.

    Cuando terminó su primer mandato cinco años después, tras haber intervenido en primera línea en la gestión de las crisis de la deuda en la zona euro, fue reelegida por consenso, sin que ningún otro candidato se hubiera presentado.

    No fue siquiera un obstáculo el hecho de que unos meses después tuviera que sentarse en el banquillo en Francia por su responsabilidad como ministra en 2008 en la atribución de una indemnización multimillonaria al controvertido empresario Bernard Tapie.

    Precisamente ese juicio a finales de 2016, con una peculiar condena por negligencia, pero exenta de pena, es la principal mancha de su biografía pública.

    Los magistrados del Tribunal de Justicia de la República, una instancia especial para juzgar a miembros del gobierno o exministros por delitos cometidos en el ejercicio de sus funciones, decidieron no imponerle ninguna sanción teniendo en cuenta su «personalidad» y su «reputación internacional».

  3. Charles Michel, el líder inesperado en Bélgica y en Europa

    AFP

    La corta pero intensa carrera política del liberal Charles Michel, el primer ministro más joven de Bélgica en más de siglo y medio, le ha llevado a ser un líder inesperado en su país y también en la Unión Europea (UE), tras haber sido seleccionado como presidente del Consejo Europeo.

    Michel se postuló como firme alternativa a la presidencia del Consejo Europeo a última hora de las maratonianas negociaciones para designar a los nuevos cargos de la cúpula comunitaria, tras caer opciones como la de la danesa Margrethe Vestager.

    Como carta de presentación, su capacidad negociadora en un país donde también llegó al frente del Gobierno de manera inesperada, pues su partido fue la tercera más votada en 2014 pero fue elegido como candidato de consenso para contentar a las fuerzas políticas francófonas en unas elecciones que ganaron los soberanistas flamencos de la N-VA.

    Actualmente en funciones al frente del Gobierno belga desde que la N-VA abandonó la coalición en el poder el pasado diciembre por su rechazo a acatar el Pacto Mundial para la Migración de la ONU -un acuerdo no vinculante que finalmente sí acudió él a firmar en Marrakech (Marruecos)-, Michel no tenía un futuro político claro tras las elecciones belgas de mayo.

    En esos comicios repitió victoria la N-VA pero con menos votos, seguidos de los socialistas.

    A Michel, que nació en Namur, capital de la región francófona belga de Valonia, el 21 de diciembre de 1975, el interés por la política le vino de su padre, Louis Michel, exministro de Asuntos Exteriores belga y dos veces comisario europeo.

    Francófono de nacimiento, Michel habla un fluido holandés ya que realizó parte de sus estudios de Derecho en la Universidad de Amsterdam y, con toda seguridad, a la influencia de su padre, quien antes de comenzar su carrera política fue profesor de este idioma.

    A los 16 años se unió a la Federación de Jóvenes Reformadores Liberales de una localidad valona, de la que fue presidente desde 1992 hasta 1999. Más tarde fue vicepresidente del Consejo Provincial del Brabante valón, ministro valón de Asuntos Internos y Servicio Civil, concejal de Empresas públicas y de Urbanismo de Wavre y más tarde alcalde de esa ciudad y portavoz del Movimiento Reformador.

    En 2007, Michel fue nombrado ministro federal de Cooperación y Desarrollo, un puesto que ocupó hasta 2011.

    Dos años después, el entonces ministro calificó de «alucinantes, escandalosas e incluso irresponsables» unas declaraciones del papa Benedicto XVI en las que dijo en un viaje a África que el preservativo «agravaba el problema del sida».

    A principios de 2011, Michel renunció a su cartera ministerial tras ser elegido líder del MR, un punto de inflexión en su carrera que le acercaría un poco más a la cumbre de la política.

    En las elecciones de 2014, los nacionalistas flamencos de la N-VA ganaron de manera arrolladora, mientras que el MR sólo fue la quinta fuerza más votada y tercera en escaños, pero el Rey Felipe de los belgas nombró a Michel «informador» -persona encargada de la negociación para la formación de Gobierno- y, más tarde, «coformador» junto al flamenco Kris Peeters.

    Tras el largo proceso de negociación que siguió a los comicios, Michel logró confeccionar un Gobierno de coalición gracias al acuerdo de su formación con otros tres partidos flamencos de centro derecha: la N-VA, los democristianos del CD&V y los liberales Open VLD.

    De esa manera, el 11 de octubre de 2014 Michel se convirtió, a sus 38 años, en el primer ministro belga más joven desde 1841.

    Sin duda, el «momento negro» -como él mismo lo definió- de la legislatura de Michel, fueron los atentados yihadistas que golpearon Bruselas el 22 de marzo de 2016, cuando tres bombas -dos en el aeropuerto de Zaventem y una en la estación de metro de Maelbeek- dejaron 32 muertos y 324 heridos.

    En los días posteriores a los ataques, tanto el ministro de Interior belga, Jan Jambon, como el de Justicia, Koen Geens, presentaron su dimisión por su «responsabilidad política», sin que fueran aceptadas por Michel al considerar que no se trataba del momento adecuado debido a la proximidad con los atentados.

    El joven primer ministro también tuvo que manejar la delicada situación de veto de la región de Valonia al acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá, el llamado CETA, que condicionó la postura de Bélgica y mantuvo en vilo a los Veintiocho hasta que se logró un acuerdo forzado por los socialistas valones.

    Charles Michel tuvo en 2016 una hija, Jeanne, con su pareja, Amélie Derbaudrenghien, y es padre además de un niño de once años, Maximilien, fruto de una relación anterior.

  4. Josep Borrell, un europeísta de largo recorrido

    EFE

    El ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, aceptó ser el candidato del PSOE a las elecciones europeas el pasado mes de febrero. Este era el propósito marcado por Pedro Sánchez, consciente de que Borrell tiene un largo recorrido en el ámbito europeo. Aunque se había especulado que encabezase la lista de los socialistas al Congreso por Barcelona, finalmente repitió candidatura, pues en el año 2004 ya se presentó a estos comicios. En abril, consiguió para los socialistas el 32,82% de los votos y 20 eurodiputados.

    Este martes, tras unas complicadas y enquistadas negociaciones en el seno de la Unión Europea para definir su estructura orgánica y quién ocupa cada puesto de poder, Josep Borrell ha sido elegido para ser el próximo jefe de la diplomacia europea. El político español sustituirá así a la italiana Federica Mogherini en el cargo, en virtud del acuerdo sellado entre los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintiocho para la renovación de los altos cargos de la UE.

    Europeísta convencido

    La trayectoria política de Josep Borrell es muy amplia. Europeísta convencido, ha ocupado altos cargos en el entorno de la Unión Europea, donde destaca su puesto como presidente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007 y el de presidente del Instituto Universitario Europeo entre 2010 y 2012.

    Nacido en Pobla de Segur, provincia de Lérida, en 1947, es ingeniero aeronáutico por la Universidad Politécnica de Madrid y doctor en Ciencias Económicas por la Complutense de Madrid. Además, de los diversos cargos políticos, Borrell también trabajó en la empresa privada durante 7 años y dirigió el departamento de Sistemas de Cepsa. Su vocación ha sido la docente, donde desempeñó entre 1982 y 2012 como catedrático de Matemáticas Empresariales en la Facultad de Económicas de la Complutense.

    Fue en 1975 cuando se alistó en el PSOE, donde fue miembro de su Comisión de Energía de la Secretaría Federal y de la Comisión Ejecutiva Regional de la Federación Socialista Madrileña (FSM). Fue secretario general del Presupuesto y Gasto Público tras la victoria socialista del mes de octubre de 1982, y en febrero de 1984 secretario de Estado de Hacienda.

    Llegados los comicios generales del mes de junio de 1986, fue elegido diputado. Encadenó diversas reelecciones en los de 1989, 1993, 1996 y 2000. Su primer nombramiento como ministro, pues ha desempeñado este puesto en tres ocasiones, fue en marzo de 1991, cuando fue elegido Ministro de Obras Públicas y Transporte. Dos años más tarde, se le añadiría la competencia de Medio Ambiente, siendo renombrado en este cargo, que ocupó hasta que fueron desbancados por la victoria del Partido Popular en marzo de 1996.

    La renuncia a presidir el Gobierno

    Vivió una etapa convulsa cuando se desató el caso Huguet-Aguiar. Borrell había sido designado candidato presidencial en 1998, cuando venció en las primarias del Partido Socialista a Joaquín Almunia. Casi un año después renunció como candidato a la Presidencia del Gobierno, pues dos miembros de su confianza eran investigados por fraude fiscal y cohecho. Fue entonces cuando el Comité Federal de la formación socialista nombró a Almunia como candidato para los comicios generales de marzo del año 2000, en los que fueron derrotados por el Partido Popular.

    A raíz de la renuncia a presidir el Gobierno de España, su trayectoria política viró hacia el ámbito europeo. Llegado el mes de enero del año 2002, fue elegido como representante del Gobierno español para formar parte de la Convención para la Reforma Institucional de la Unión Europea. Dos años más tarde, se convirtió en eurodiputado encabezando la lista del PSOE a las elecciones europeas. En ese año llegó su punto álgido, con la presidencia del Parlamento Europeo hasta el 2007.

    Llegado el año 2010, ocupó otro cargó continental relevante. Fue el presidente del Instituto Universitario Europeo, ubicado en Florencia. Sin embargo, dos años más tarde dimitió debido a que formaba parte del Consejo Asesor Internacional de Abengoa y surgía un conflicto de intereses entre ambos cargos.

    En los últimos años, ha regresado a la primera línea política de la mano de Pedro Sánchez, pues le apoyó en su vuelta a la secretaría general del partido. Borrell ha criticado fuertemente el «procés» secesionista de Cataluña. Aunque también se ha mostrado en contra a la prisión preventiva decretada para los líderes del proceso separatista catalán. El 1 de junio de 2018 se aprobó la moción de censura que apartaaba a Mariano Rajoy de la presidencia y aupaba a Pedro Sánchez. Este último designó a Borrell como ministro de Asuntos Exteriores, cargo que ha desempeñado hasta entonces. Ahora, a sus 71 años, vuelve a Bruselas.