Merkel habla con Orban, ayer en la cumbre de Bruselas
Merkel habla con Orban, ayer en la cumbre de Bruselas - EFE

Choque frontal por la inmigración entre Berlín y Budapest

«No vemos a los musulmanes como refugiados, sino como invasores», dice Orban

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La mayor amenaza de voladura de la Unión Europea está en la inmigración, muy por delante de cualquier otro de los problemas comunes. Hay dos posiciones ya irreconciliables. Algunos países de Europa occidental, Alemania a la cabeza, tienen unos gobernantes que se declaran decididos a cambiar la composición social, cultural y étnica de las sociedades que gobiernan a través de la inmigración. Otros, cada vez más y especialmente en el este, plantean un rechazo frontal a dicha inmigración. Cuentan para ello con un respaldo masivo de sus respectivas poblaciones. «Si esto sigue así, el islam pronto será mayoría y Occidente se hundirá», dijo Viktor Orban en vísperas del Consejo Europeo de ayer. Ha llamado a una alianza para parar los pies a «quienes quiere destruir los estados nacionales europeos por medio de la inmigración». «Nosotros no vemos a los musulmanes como refugiados sino como invasores».

Hungría anunció -entre cifras de éxito como un crecimiento del 4,8% y un paro por debajo del 4%- que su índice de fecundidad, que llegó a estar en 1,2, ha subido al 1,5 gracias a la política de familia cuyo objetivo es superar el 2,1% para lograr una pirámide de población estable.

La negativa a aceptar refugiados e inmigrantes ilegales no es negociable. Se lo ha recordado el ministro de Exteriores polaco, Konrad Szymanski, a Angela Merkel que había dicho ante el Bundestag que el dinero europeo debía repartirse considerando la disposición a aceptar inmigrantes. Szymanski advierte de que si la UE intentara por mayoría en el Consejo Europeo imponer cuotas de refugiados o condicionar las ayudas financieras estipuladas «podría llevar a una grave crisis política con muy serias consecuencias para la unidad de la Unión».

El rechazo a la inmigración ilegal aumenta sin cesar en todos los países europeos. En muchos causa profundos cambios políticos. También en Alemania. El agónico proceso de formación de gobierno alemán desde septiembre se debe a la irrupción en el Bundestag de la Alternativa por Alemania (AfD) surgido de la deriva de Merkel hacia la izquierda pero ante todo del rechazo a una política de inmigración con efectos traumáticos. En otros países pasa otro tanto. Es fenómeno general que las elites políticas defienden una política de inmigración que las poblaciones no respaldan.