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Los médicos alemanes hacen conjeturas en televisión sobre los temblores que sufrió Merkel

Las televisiones alemanas aparecen esta mañana plagadas de médicos tratando de hacer en público diagnósticos que justifiquen los temblores que sufrió la canciller durante los honores militares junto al presidente de Ucrania

Corresponsal en BerlínActualizado:

Las televisiones alemanas aparecen esta mañana plagadas de médicos tratando de hacer en público diagnósticos que justifiquen los temblores que sufrió ayer Merkel durante los honores militares junto al presidente de Ucrania Volodímir Selenskyj. «Al principio no podía creer lo que estaba viendo, pensé que era efecto del viento», relata el embajador ucraniano en Berlín Andrij Melnyk, situado a solo unos metros de la canciller, «pero después empecé a rezar pidiendo dios que la ayudase en ese momento. Los segundos se hicieron eternos para mí, pero gracias a dios un poco más tarde estaba ya bien y tan soberana como siempre».

Jakob Berger, médico y presidente de la Asociación de Médicos de Baviera, insiste en que no hay motivo de preocupación y excluye que detrás de los llamativos temblores haya una enfermedad grave. «Fue un episodio breve, en Berlín hacía mucho calor y una mujer como Angela Merkel, con un estilo de vida bastante estresante, puede sufrir fácilmente en esas circunstancias un cuadro de deshidratación, fruto de la repentina pérdida de electrolitos en el cuerpo. Eso es seguramente lo que ha causado los espasmos y temblores descontrolados». «Lo descarto completamente», ha dicho sobre la posibilidad de algún trastorno neurológico de tipo Parkinson, «los espasmos eran demasiado fuertes y repentinos para considerar ese diagnóstico». El doctor Christoph Specht, experto en salud de la cadena N-Tv, coincide en esa apreciación y regaña a la canciller por no cuidarse adecuadamente. «En realidad ha tenido mucha suerte, en una situación así y sin beber suficiente líquido, podría haberse desmayado fácilmente. A partir de los 50 años se pierde progresivamente la sensación de sed y es necesario beber por disciplina», dice, coincidiendo también en que el estrés no ayuda a mantener las prioridades en orden.

«Llevo años cubriendo la agenda de Merkel, que es una agenda mamut, tan intensa que nos cuesta muchísimo seguirla, nos cuesta físicamente. Su jornada laboral tiene 16 horas y lleva así ya casi cuatro legislaturas. Eso ha de pasarle factura a ella como nos la pasa a nosotros, quizá se está exigiendo demasiado a sí misma», dice el periodista de Bild Ralf Schuler. Y lo cierto es que Merkel lleva un ritmo de vida y de trabajo tremendamente exigente. A sus casi 65 años, igual aguanta visitas a las tropas alemanas en Minusma a 50 grados a la sombra que visitas oficiales en las que presencia largas danzas maoríes bajo el potente sol africano. «Por eso ayer nadie esperaba que hicieran mella en ella los 30 grados de Berlín y la falta de parasoles en un edificio que más bien está preparado para el mal tiempo», comentan fuentes de la Cancillería.

Otros episodios similares

Pero lo cierto es que la robusta Merkel es también humana y en algunos momentos ha dejado traslucir cierta debilidad. En diciembre de 2014, por ejemplo, durante una entrevista concedida a la ZDF, la segunda cadena de la televisión pública alemana y que tuvo lugar inmediatamente antes del tenso congreso de su partido, la CDU, pudo percibirse cómo por momentos comenzó a hablar en frases muy cortas. Le faltaba el aliento. Fue necesario hacer una pausa y la entrevista pudo continuar después de que Merkel se retirase a la habitación de al lado y allí le fueran servidos «un poco de agua y unas barras de chocolate», según miembros del equipo de cámaras.

En julio de 2005, durante el descanso de la ópera Tristán, a la que asistía junto con su marido, sucedió un incidente no aclarado del todo. Algunos espectadores a su alrededor describieron que se había caído, quizá desmayado, otros que la silla sobre la que se sentaba se había roto y eso era lo que había propiciado el derrumbe. El teatro pidió discrección y ella, como siempre, restó importancia a un «incidente insignificante».

Durante la visita a México DF en junio de 2017, a 2.000 metros sobre el nivel del mar, Merkel sufrió unos temblores muy similares a los que ayer pudieron recoger numerosas cámaras de televisión, con la única diferencia de que en la recepción que ofrecía el presidente Peña Nieto había solamente personal de ambos gobiernos que también entonces justificaron los temblores por una leve deshidratación.

Merkel bebe agua y café. Solo ocasionalmente un poco de vino en las últimas horas del día. En la Cancillería de Berlín hay expendedores de agua casi en cada habitación y la canciller ha prometido a su equipo que a partir de ahora se tomará en serio lo de beber agua muy seguido. En ocasiones anteriores los médicos le han recomendado ponerse a dieta para perder peso ella ha obedecido. Hace varios años ordenó sustituir las omnipresentes galletas en las mesitas de café de la Cancillería por tentempiés menos calóricos, pero en estos meses está más centrada en dar cuidadosamente el relevo a su sucesora, Anegret Kramp-Karrenbauer, que en mantener la línea. Su portavoz, Stefen Seibert, no se ha pronunciado todavía sobre las fechas en las que la canciller tomará vacaciones este verano, pero después de este episodio, parece claro que está necesitando un descanso.