El primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu
El primer ministro israelí en funciones, Benjamín Netanyahu - REUTERS

Un auténtico «animal político»

La larga trayectoria de «Bibi» ha estado marcada, entre otras cosas, por el aumento de la tensión con Palestina y por su sintonía con Trump

MadridActualizado:

El primer ministro que más tiempo ha ocupado el cargo, marca que batió en julio tras superar los casi ocho años del fundador del Estado de Israel, David Ben-Gurión, cuenta con una dilatada trayectoria que se remonta a 1984. Fue ese año cuando, tras regresar de Estados Unidos, país en el que residió durante buena parte de su juventud, Benjamín «Bibi» (como se refieren a él tanto amigos como enemigos) Netanyahu fue designado embajador permanente de Israel en la ONU, su primer puesto de envergadura.

No sería más que el punto de partida del joven y ambicioso Netanyahu, quien cuatro años más tarde, en 1988, se hizo directamente con las riendas del Likud. Su llegada daba comienzo a tres décadas de ininterrumpida implicación en la vida política israelí que le han llevado a convertirse, para bien o para mal, en una de las figuras más relevantes de la historia reciente del país.

Tras un breve primer mandato (1996-1999), «Bibi» se vio obligado a dar un paso atrás al ser derrotado por el laborista Ehud Barak. Bajo la presidencia de Ariel Sharon (2001-2006), ocupó las carteras de Exteriores y Finanzas. Sin embargo, la retirada de Israel de Gaza en 2005 le llevó a presentar su dimisión, guiado por sus férreas convicciones nacionalistas.

Sería solo temporal. Poco después, Sharon anunció su marcha del Likud para crear un nuevo partido. Con paciencia y dedicación, Netanyahu aguardó a que llegara su oportunidad de regresar a la presidencia del partido para, desde ahí, catapultarse al liderazgo del país. Lo consiguió en las elecciones de 2009.

Su segunda etapa al frente del Ejecutivo se ha caracterizado, en esencia, por un aumento de la tensión con Palestina. A pesar de que en un principio trató de apaciguar los ánimos, al anunciar una moratoria de 10 meses en la construcción de nuevos asentamientos en Cisjordania, todas las vías posibles para alcanzar una eventual convivencia acabaron dinamitándose a finales de 2010, cuando las negociaciones de paz en marcha colapsaron. Desde entonces, ambos territorios han protagonizado numerosos enfrentamientos, el mayor de ellos en el verano de 2014, cuando más de 2.000 palestinos, muchos de ellos de civiles, murieron por los bombardeos en la Franja de Gaza.

En lo relativo a sus relaciones con EE.UU., la cercanía con Washington ha dependido del inquilino de la Casa Blanca. Mientras que la sintonía no fue tan buena con Barack Obama, en gran parte debido al pacto nuclear con Irán, las tornas han dado un giro radical tras la llegada de Donald Trump. El neoyorquino ha hecho las delicias del primer ministro en funciones con el traslado de la embajada a Jerusalén, por un lado, y con el reconocimiento de la soberanía de los Altos del Golán, ocupados por Tel Aviv desde 1967, por el otro.