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Alemania no tiene protocolo para un ataque extraterrestre

Los Verdes se deshacen en explicaciones y defienden que Alemania debería contar con una ley espacial

Corresponsal Berlín Actualizado: Guardar
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Después de tres legislaturas y pico, Los Verdes parecen haber encontrado un punto débil en la política de Merkel. Tras una pregunta por vía parlamentaria formulada por el diputado verde Dieter Janecek, acerca de los planes de Alemania para un posible ataque alienígena, el gobierno alemán se ha visto obligado a reconocer, a través del Ministerio de Economía, que el país «no cuenta con protocolos o planes ante un posible primer contacto con vida extraterrestre», añadiendo a modo de justificación que «un primer contacto en territorio alemán es extremadamente improbable, basándonos en el conocimiento científico actual».

Janecek ha hecho públicas estas afirmaciones del gobierno alemán en un artículo publicado este fin de semana que, como cabía esperar, ha dado mucho juego en las redes sociales. «Los Verdes descubren el universo» es uno de los «hagstag» más comentados. Muchos alemanes se preguntan por qué debería ser menos probable el primer contacto que en cualquier otro país y muchos otros responden con las más pintorescas hipótesis, aparte de un nada despreciable porcentaje que asegura que el primer contacto ya ha tenido lugar y que, efectivamente y contra pronóstico del gobierno, ha sido en Alemania. Los Verdes, por su parte, se deshacen en explicaciones y defienden que Alemania, bromas aparte, debería contar con una ley espacial. «A diferencia de lo que desea la industria, que prefiere que no esté regulado el agotamiento de los recursos en el espacio, debemos ser previsores», dice un portavoz del partido ecopacifista, «los daños que pueda causar la eventual caída de un satélite, por ejemplo, no deben ser responsabilidad exclusiva del Estado».

En su respuesta, el Ministerio de Justicia ha aclarado también que «no constan conversaciones o negociaciones de las autoridades alemanas con las de otros países, en referencia al protocolo de actuación en caso de contacto alienígena, pero es evidente que la mayor parte del contenido de la deseada ley espacial incumbiría también a otros gobiernos. Y en todo caso, aclaran las mismas fuentes, el desarrollo de la industria aeroespacial avanza más rápido que las leyes. Cuando el creador de Google, Larry Page, creó en 2012 la empresa Planetary Resources conjuntamente con el ingeniero aeroespacial Peter Diamandis, para la extracción y explotación de minerales en asteroides, muchos sonrieron al leer el titular. Hoy hay varias empresas en ese mismo sector e incluso la Federación dela Industria Alemania (BDI) ha reconocido que Berlín no debería perder la delantera. El Gran Ducado de Luxemburgo ya cuenta con una Ley de Minería Espacial e invierte anualmente 25 millones de euros en la investigación al respecto. «Una ley espacial, en todo caso, no podría incluir un apartado sobre el agotamiento de los recursos del universo, que por lo que sabemos es bastante parecido a infinito», responden fuentes de la BDI, que añaden que, en cualquier caso, cualquier iniciativa legislativa unilateral de un país generaría incertidumbre legal y tensiones con otras administraciones, como la de EE.UU., por lo que debería abordarse en foros internacionales, punto este en el que se muestra de acuerdo el verde Dieter Janecek, un miembro de la comisión económica del Bundestag.

Stephan Hobe, profesor en el Instituto de Derecho Aeronáutico y Derecho Espacial en la Universidad de Colonia, prefiere no entrar a valorar si habría que elaborar protocolos de contacto alienígena, pero no pierde la oportunidad de mencionar la conveniencia de prever la reacción de las aseguradoras si se pretende legislar en materia de daños causados por basura espacial o vehículos espaciales. «Si el contaminador tuviera que hacerse cargo, el Estado probablemente exigiría un seguro como condición para un permiso de inicio. Para no disuadir a posibles inversores, habría que establecer límites a la responsabilidad», sugiere, a la espera de que el debate vaya aclarando el contenido de un proyecto legislativo que ha cobrado inusitado protagonismo en Alemania este verano.

Mientras tanto, la agencia alemana de noticias DPA ha adelantado que el traductor Lieven L. Litaer, desde Saarbruecken, ha traducido el libro El Principito, el libro de Antoine de Saint-Exupéry, al klingon, el idioma ficticio que habla la raza espacial del mismo nombre de la saga Star Trek. El nombre de la obra en klingon, que se publicará en octubre, es Ta’puq mach.