El líder de Daesh, Al Bagdadi, arenga a sus seguidores en una mezquita de Mosul, en una imagen de archivo
El líder de Daesh, Al Bagdadi, arenga a sus seguidores en una mezquita de Mosul, en una imagen de archivo - AFP

¿Por qué afirma Daesh que su objetivo son los «cruzados»?

El comunicado de reivindicación del atentado de Manchester se dirige a una audiencia fanatizada con el islam político y el odio a Occidente

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Las guerras de religión en Europa entre católicos y protestantes fueron superadas hace muchos siglos, gracias a un desarrollo de la doctrina cristiana respecto a la tolerancia. Pero el fenómeno de las cruzadas debe, en cambio, situarse en otro contexto histórico. La idea de las cruzadas surgió como respuesta a las tropelías cometidas por los califas de Egipto y de Siria contra los cristianos y los lugares santos, ya desde comienzos del siglo XI.

Tanto las «guerras de religión cristianas» como las cruzadas son fenómenos del pasado, pero el equivalente musulmán, «la yihad», ha estado siempre presente desde Mahoma, y ha cobrado nuevo vigor desde hace décadas. El término árabe yihad, traducido en Occidente como «guerra santa», es uno de los vocablos más utilizados desde el resurgir de los movimientos islamistas armados en todo el mundo. Su invocación, como ha puesto de relieve el comunicado de Daesh tras el abominable atentado de Manchester -que compara a los adolescentes del festival de música con los guerreros de la Edad Media-, es una falacia sublime, pero va dirigida a su público: una audiencia fanatizada con el islam político y el odio a Occidente.

Para algunos expertos, la presencia en el islam de ese concepto violento de la yihad no es compatible con el mensaje general de la religión de Mahoma, que significa «sumisión» pero también «paz y tolerancia». Para otros, la yihad coránica se refiere de modo inequívoco al esfuerzo bélico que constituye un derecho, y a veces un deber, de la comunidad musulmana.

¿Qué significa yihad?

El término deriva, según Samir Khalil Samir, de la raíz j-h-d, que en árabe evoca la idea de esfuerzo, en general bélico. Cuando el Corán utiliza el término yihad lo hace siempre en un contexto de la lucha de los creyentes por Dios.

Algunos eruditos musulmanes subrayan la prevalencia de los numerosos versículos del Corán que honran a «los pacíficos». Otros en cambio creen que es legítima la «guerra santa» en términos bélicos, debido a la preeminencia que en general se concede al Versículo de la Espada en el Corán. Las opiniones están muy repartidas y, como ocurre con otros aspectos del islam, la inexistencia de una autoridad suprema hace muy difícil zanjar la cuestión y establecer una doctrina única para todos los musulmanes.

Pero ¿es aceptable entender la «guerra santa» como una ascesis, una lucha espiritual?

Sí. Es una de las acepciones del término. Algunos eruditos, sobre todo occidentales, establecen una distinción entre la «gran yihad» y la «pequeña yihad». La primera sería similar a la lucha ascética cristiana: la pelea contra las propias pasiones desordenadas, la soberbia, el egoísmo, etcétera. La segunda sería, en cambio, la lucha armada que lleva a cabo la comunidad musulmana para defenderse de un enemigo exterior. Cabe en esa acepción también la guerra preventiva.

En el segundo caso ¿quién dictamina la obligación de hacer la guerra?

La declaración debe partir de la máxima autoridad religiosa de una determinada comunidad musulmana. El último decreto de yihad lo ha suscrito el Gran Ayatolá de los chiíes de Irak, Ali Sistani, que ha convocado a las armas a la población ante la ofensiva de los rebeldes suníes. Al llamar a la «guerra santa» ha otorgado a la lucha armada un carácter religioso, que premia con el paraíso a quienes caigan en combate. Esto recuerda que la yihad no se dirige solo contra los «infieles». También -y hoy es lo más habitual- puede decretarse contra otra comunidad musulmana. Para hacerlo es necesario que antes el líder musulmán declare a quienes va a combatir como ateos, incrédulos, «kafir» en árabe. Este fue el caso, recíproco, de la guerra Irán-Irak, de la actual guerra civil en Siria, o del levantamiento de Al Qaida contra el régimen saudí. El régimen de Sadam Husein era laico; cuando declaró «kafir» al iraní, cambió su bandera para inscribir en ella el lema «Allahu Akbar», Dios es el más grande; a partir de ese momento la guerra de devastación contra los iraníes se convirtió en una obligación religiosa.

¿Qué motiva a los combatientes de la yihad?

Los participantes de la «guerra santa» -llamados yihadistas o muyahidines, los que hacen la yihad- están motivados por el fanatismo ideológico que les lleva a desear combatir por la defensa y la extensión del islam en todo el mundo. Cada vez son más los milicianos extranjeros que combaten como brigadistas internacionales en cualquier yihad que estalla en el mundo. Los intereses nacionales son, para ellos, completamente marginales frente al interés global del islam. En ese sentido se diferencian de combatientes musulmanes nacionales, como los fedayines palestinos o incluso los talibanes, que no buscan la expansión mundial sino solo volver a controlar Afganistán.

¿Justifica la yihad el terrorismo y el suicidio de los islamistas kamikazes?

El Corán hace una sola referencia al suicidio, para condenarlo de modo categórico. Esa ha sido también la tradición islámica hasta fechas recientes. En la actualidad, el debate está abierto y las diferentes escuelas teológicas del islam defienden posturas contrapuestas. Son, no obstante, muchos los eruditos y jefes religiosos que defienden la licitud moral del suicidio de los terroristas cuando declaran hacerlo por una «causa islámica». Para esos ulemas el fin -la defensa de una comunidad musulmana «amenazada»- justifica cualquier tipo de medios.